martes, 10 de abril de 2012

¿Funciona la homeopatía? - Parte 2

Continúa del post anterior...
 
Un argumento habitual de quienes utilizan y defienden la homeopatía es que a ellos, o a algún conocido, les funcionó (el “a mí me funcionó” es una de las técnicas de marketing más empleadas por las pseudociencias y terapias alternativas y no tiene ningún valor para demostrar que algo sea cierto). Hay dos explicaciones para esto:

-          En primer lugar, la mayoría de los remedios homeopáticos están indicados para dolencias comunes contra las cuales nuestro organismo, a través de su sistema inmunológico, se puede llegar a defender solo: algunos dolores de cabeza, estrés puntual, resfriados, dolor o inflamación por contusiones leves, etc. Así que, si tomamos un remedio homeopático cuando aparecen los síntomas y a los pocos días estos síntomas desaparecen, da la impresión de que la homeopatía ha funcionado. Como ya dijimos varias veces, correlación no implica causalidad.

-          En segundo lugar, muchos casos pueden explicarse por el efecto placebo, que es un fenómeno natural ampliamente estudiado, por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento inocuo. El hecho de saberse tratado y la esperanza de curarse, provocan en el cerebro del paciente una sugestión que alivia los síntomas e incluso propicia la curación natural del mal mediante nuestro eficaz sistema inmunológico. De hecho, el efecto placebo puede ser tan importante, que en los estudios y ensayos clínicos se emplea siempre un grupo de control a los que se les administra un placebo en vez del medicamento bajo estudio, para poder distinguir qué efectos son atribuibles al medicamento y no al efecto placebo. Es muy común incluso usar el procedimiento de doble ciego, que implica que ni los pacientes ni quienes les administran los medicamentos saben qué pacientes están tomando el medicamento verdadero y qué pacientes están tomando placebo. De esta forma, los resultados no se ven influenciados por las expectativas de los paciente sin de los investigadores. (Más información sobre los ensayos de doble ciego en el video Here be Dragons.)

Hasta ahora, no se tiene noticia de que ningún estudio clínico serio haya demostrado, más allá de toda duda razonable, que los preparados homeopáticos tengan efecto estadísticamente superior al del efecto placebo.

Ahora, cabe preguntarse qué tiene de malo que las personas usen homeopatía ya que, como vimos, no tiene efectos secundarios e incluso a algunos les puede servir a través del efecto placebo. El hecho es que el efecto placebo no nos afecta a todos de la misma manera, por lo que es imposible predecir a quién le servirá y a quién no. Por otro lado, curar a través de engaños es al menos cuestionable. Ninguna pseudociencia o terapia alternativa es totalmente inofensiva, porque puede conseguir, y de hecho consigue, que personas enfermas dejen de ir al médico y recibir un tratamiento adecuado, poniendo sus esperanzas en técnicas que no funcionan en absoluto. Es jugar con la salud y la vida de la gente.

Uno de los ejemplos más impactantes es el de Gloria Thomas Sam, una niña nacida en Sídney en 2001, a la que a los cuatro meses de edad le fue diagnosticado un eccema (una forma de dermatitis o inflamación de la piel), del cual se habría recuperado completamente, si hubiera recibido el tratamiento correcto a tiempo. Pero su padre, Thomas Sam, de profesión homeópata y profesor en homeopatía, se negó a darle a su hija ningún remedio que no fuera homeopático. Gloria murió de septicemia cinco meses después del diagnóstico, con apenas nueve meses de edad. Sus padres fueron declarados culpables de homicidio y actualmente se encuentran en prisión. Es interesante destacar que, durante el período en el que su hija estuvo enferma, Thomas Sam sí acudió a un hospital convencional donde recibió tratamiento médico para unos cálculos biliares.

Lamentablemente, este no es un caso aislado. Hay decenas de casos registrados de muertes de personas que dejaron los tratamientos reales para tratarse con homeopatía y muchos casos más de empeoramientos y secuelas graves. La homeopatía no es inocua. De hecho, confiar en que la homeopatía funciona puede matar.

Para ser homeópata no hace falta tener ningún conocimiento sobre medicina o salud: si bien varias instituciones educativas ofrecen cursos o carreras de homeopatía, cualquier persona puede ingresar a la página de Boiron y obtener el título de Especialista en Homeopatía en pocos minutos y de forma gratuita. En un intento de protegerse de posibles demandas judiciales, los homeópatas suelen advertir a sus pacientes que la homeopatía no es una terapia alternativa, sino complementaria a la medicina convencional. Cuando la salud de algún paciente bajo tratamiento se agrava, generalmente no dudan en sugerirle que vea a un médico de verdad, para que haga lo que ellos no pueden: curarlo.

Si te interesó el tema, podés encontrar más información en estos links:
Agua homeopática, según La Pulga Snob
- Fragmento de una conferencia de James Randi
- Charla de Fernando Frías en el Amazings Bilbao 2011
- ¿Qué es la homeopatía?
- ¿Homeopatía? No, gracias en Escéptica
- Capítulo del programa Escépticos
- Monográfico de ARP sobre la homeopatía
- Documental El Fraude de la Homeopatía: La Prueba
- Cómo me convertí en homeópata especialista titulado
- 10 razones para no creer en la homeopatía
- Artículos en el Círculo Escéptico Argentino
- Artículos en Alerta Pseudociencias

domingo, 8 de abril de 2012

Cosmos, de Carl Sagan


Cubierta del libro (A. Schaller)
En 1980 se emitió en Estados Unidos la serie documental "Cosmos: un viaje personal", escrita por Carl Sagan, Ann Druyan, y Steven Soter y narrada por Sagan. Fueron trece episodios de perfección: divulgación científica amena y accesible a todos los públicos, escepticismo claro y conciso, historias y anécdotas interesantes, efectos especiales pocas veces usados hasta entonces en un documental y, como broche de oro, la música del genial Vangelis.

Sagan, caminando por el Calendario Cósmico
Como complemento a la serie, en el mismo año se editó el libro Cosmos, dividido en los mismos trece capítulos, más algunos apéndices. El origen del Universo, las estrellas, los planetas, la vida en la Tierra, la evolución de la ciencia junto con la humanidad, los grandes descubrimientos desde los primeros científicos griegos hasta nuestros días, la exploración de nuestro planeta, la Luna, las perspectivas de exploración de Marte y del espacio exterior, la búsqueda de vida estraterrestre y mucho más, en uno de los libros más recomendables que haya leído.




¿Funciona la homeopatía? - Parte 1

No. La homeopatía no funciona. Es sólo un engaño más. Una pseudociencia sostenida por gente que no necesariamente tiene conocimientos médicos y que sólo quiere sacarnos dinero (mucho), ofreciéndonos a cambio frasquitos con agua o pildoritas de azúcar, e ilusionándonos con la idea de curaciones mágicas, sin dolor, ni efectos secundarios.

Christian F. S. Hahnemann
Los principios fundamentales de la homeopatía fueron establecidos entre finales del siglo XVIII  y principios del XIX por el médico alemán Christian F. S. Hahnemann. Por aquellos años, la medicina estaba “en pañales” y los conocimientos de anatomía, fisiología o patología eran muy escasos, comparados con los actuales. Tampoco estaba muy claro qué provocaba las enfermedades, ya que era muy poco lo que se sabía sobre hongos, bacterias, virus, sustancias tóxicas, alérgenos y mucho menos sobre predisposiciones genéticas. Tampoco se sabía que los síntomas eran provocados por las enfermedades, así que se los trataba como si ellos en sí mismos fueran la enfermedad, es decir, se atacaba el síntoma y no aquello que lo provocaba. Las prácticas médicas habituales incluían, entre otras, sangrías, purgas, lavativas, trepanaciones y tratamientos con cianuro o mercurio. Como es lógico, no era extraño que muchos pacientes murieran a causa de estos tratamientos, antes que por las enfermedades (o por la conjunción de ambos factores). Ante este panorama, Hahnemann se decidió a buscar un método mejor para curar las enfermedades (síntomas) sin esos desastrosos efectos secundarios.

Hahnemann creía que las enfermedades eran desequilibrios de una “fuerza vital” que debía ser “reequilibrada”. En cierto momento, se encontraba traduciendo el libro Materia Medica, de William Cullen, donde se describían los efectos de la quinina para calmar las fiebres intermitentes. Decidió entonces aplicarse una dosis muy alta de quinina y sufrió una fuerte fiebre, así que pensó que, si una dosis alta provoca la enfermedad -y cuanto menor es la dosis, menores son sus efectos-, una dosis infinitesimal debería provocar la cura. Siguiendo ese razonamiento, propuso que cuanto más diluida estuviera una sustancia, mayores serían sus poderes curativos. De esta manera, se dedicó a tratar las enfermedades con sustancias que provocaran los mismos síntomas (similia similibus curentur, lo similar se cura por lo similar), pero en dosis ínfimas. Es por este motivo que llamó a esta nueva disciplina Homeopatía: en griego, homoios significa similar y pathos, sufrimiento, o enfermedad.

El método que inventó Hahnemann para la preparación de remedios homeopáticos se llama “dinamización”, y consiste en lo siguiente:

1º: Se toma una parte de la sustancia a usar como base, o “tintura madre”.
2º: Se la diluye en 99 partes de agua y se agita enérgicamente (“sucusión”) con una serie de movimientos mecánicos muy concretos que sacuden y golpean la disolución (Hahnemann usaba su Biblia para golpear el recipiente). Se obtiene así una dilución llamada 1 CH, por Centesimal de Hahnemann.
3º: Se toma una parte de esa dilución 1 CH y se la vuelve a diluir en 99 partes de agua, sin olvidar el ritual de agitar y golpear con energía, obteniendo una dilución 2 CH.
4º: Se sigue repitiendo el proceso hasta el aburrimiento.
5º: Se sigue repitiendo el proceso.

Cada vez que se repite el proceso, la dilución obtenida está 100 veces más diluida que la anterior. Un cálculo químico sencillo permite deducir que en una dilución 12 CH ya no queda ni una sola molécula de la sustancia original. No contentos con eso, el proceso de dilución homeopática continúa hasta 30 CH, 60 CH e incluso 100 CH. Ante cualquier duda, esto puede verificarse, por ejemplo en la página de los Laboratorios Boiron, uno de los principales productores de remedios homeopáticos.

La explicación de Hahnemann a este sinsentido era que durante el proceso de sucusión, la sustancia activa le pasaba al agua parte de su “espíritu”, su “esencia curativa inmaterial”. Por eso, decía, el agua seguía conteniendo las propiedades de dicha sustancia. Los homeópatas actuales dicen que “el agua tiene memoria” y que “las vibraciones de las moléculas de la tintura madre hacen vibrar a las moléculas de agua, que las recuerdan”. El éxito de la homeopatía se debió justamente a que, al no ser más que agua, era mucho menos agresiva con los pacientes que los métodos tradicionales de la época y no tenía, como es obvio, efecto secundario alguno. Esto, en muchos casos, le daba tiempo al sistema inmunológico del paciente para actuar y curarse. Como consecuencia, la homeopatía triunfó y se consideró como método válido y Hahnemann ganó prestigio. Sin embargo, ninguno de sus principios básicos:

  • ni el de similitud (lo igual cura lo igual),
  • ni el de las dosis infinitesimales (cuanto más diluida está una sustancia, más potente es su poder de curación),
  • ni el de la “memoria” del agua,
tienen base científica alguna, sino que son totalmente falsos y se encuentran mucho más cerca del curanderismo y la brujería que de la medicina, contradiciendo los principios básicos de la biología, la química, la física y, claramente, el sentido común.

Aunque parezca mentira, la homeopatía nos depara algunas sorpresas más. Como no se trata de curar enfermedades, sino de re-equilibrar la “fuerza vital”, no hace falta que las sustancias que se emplean como supuestos principios activos, o tintura madre, provoquen realmente la enfermedad o dolencia que se supone que tratan; ni siquiera tienen que producir exactamente los mismos síntomas. Basta con que se les parezcan un poco, o que tengan cierta similitud alegórica o incluso poética. Para ilustrar esto, aquí van algunos ejemplos (aclaro que ninguno de ellos es broma, todos son remedios homeopáticos reales y se venden en muchas farmacias):
 
Enfermedad (síntoma)
Remedio homeopático
Enfermedades de la sangre
Veneno de la serpiente Lachesis Trigonocephalus, que produce pústulas sanguinolentas
Espasmos musculares
Cobre metálico (Cuprum metallicum*), cuya intoxicación provoca convulsiones
Estrés
Bayas venenosas del arbusto Strychnos nux-vomica, que alteran el sistema nervioso central
Hipotensión o anemia
Sal común (Natrum muriaticum*), porque en altas dosis deshidrata y destruye glóbulos rojos
Lagrimeo y moqueo
Cebolla (Allium cepa), porque al cortarla nos hace llorar
Cualquier tipo de dolor
Abeja (Apis mellifica*) triturada en lactosa y diluida, porque su picadura duele
Colitis o diarrea
Caca de perro (Excrementum canium*)
Sensación de opresión o ahogo
Muro de Berlín, triturado y diluido
Síntomas de la menstruación
Luz del planeta Venus (Venus Stella Errans*), almacenada y diluida
  *nombres inventados para el producto homeopático específico, no relacionados con la nomenclatura científica.

Productos homeopáticos
Una técnica que los homeópatas usan para que esto no parezca tan ridículo (aunque lo sea), consiste en poner a los productos nombres que suenen científicos. Para esto, simplemente usan el nombre científico -algunos reales y otros inventados- de las sustancias usadas como base de los preparados. Es decir, que cuando nos están vendiendo una dilución 30 CH de Allium cepa como remedio antigripal, no nos estamos llevando a nuestra casa nada más que un frasquito con agua (o pastillitas de azúcar impregnadas con agua), que es probabilísticamente imposible que contengan ni una sola molécula de jugo de cebolla común.

Continúa en el próximo post...

viernes, 30 de marzo de 2012

Abajo, el Infierno


En una entrada anterior miramos hacia arriba, hacia el Cielo. Hoy nos toca mirar hacia abajo. En la mayoría de las religiones, el Infierno es un lugar -o un estado- de sufrimiento y tortura reservado a los malvados y los pecadores. Según algunas creencias es eterno, mientras que para otras es otro paso intermedio.

Lucifer, rey del Infierno (G. Doré)
Si bien el término en español nos hace pensar en un lugar caliente, y en ese sentido lo usamos cuando decimos “hoy está hecho un infierno” o “hace una temperatura infernal”, su origen latino hacía referencia a una dirección: inférnum, o ínferus significan inferior o subterráneo. En el idioma inglés moderno, la palabra Hell (Infierno) proviene de hel, o helle, que en el inglés antiguo usado en el período del paganismo anglosajón (s. V a XIII) se referían al mundo inferior o subterráneo en el que habitaban los muertos, y que a su vez derivan de halja, que en el idioma protogermánico significababa “el que esconde algo”.

Una de las más antiguas referencias a algo similar al Infierno la encontramos en el antiguo Egipto, más específicamente durante la época del Imperio Medio, del 2055 al 1650 a.C. En este período, Osiris era considerado el dios de la resurrección, la vida después de la muerte, el Inframundo y los muertos. Su culto le ofrecía hasta al más humilde de sus seguidores la posibilidad de una vida eterna, siendo la idoneidad moral el factor principal a la hora de determinar si la merecían. Después de morir, las personas eran juzgadas por un tribunal de cuarenta y dos jueces. Aquellos encontrados culpables eran arrojados a un “devorador”, que los castigaba por medio de terribles tormentos y luego los destruía. Es muy probable que estas descripciones hayan influenciado las ideas medievales del infierno.

Las evidencias más antiguas de la noción de un Inframundo habitado por los muertos pueden encontrarse en las culturas sumeria, babilonia, acadia, asiria e hitita, entre otras. De entre los pocos textos que sobrevivieron hasta nuestros días, podemos encontrarlas en la Epopeya de Gilgamesh, “El descenso de Inanna al Inframundo”, “Baal y el Inframundo”, “El descenso de Ishtar” y “La Visión de Kummâ”.
Mictlantecuhtli, Señor de Mictlán

Otras mitologías en las cuales encontramos equivalentes del Infierno son la bretona (Anaon), celta (Uffern), eslava (Peklo), finlandesa (Tuonela), Bagobo (Gimokodan), india (Kalichi), Haida (Hetgwauge) y Swahili (Kuzimu), por citar algunos ejemplos. Los pueblos americanos también tenían sus equivalentes infernales. Los aztecas creían que los muertos viajaban al Mictlán, que se encontraba muy al norte y al cual llegaban después de cuatro años de duras pruebas, como atravesar montañas que se desplomaban, cuchillos que volaban llevados por el viento, un río de sangre y jaguares. En la cultura maya, el Inframundo era llamado Xibalbá, estaba dominado por demonios, tenía nueve niveles y sus caminos eran tortuosos y empinados.

En la mitología griega clásica se describe un mundo subterráneo llamado Hades, al cual eran enviados todos los muertos, más allá de lo que hubieran hecho en vida, y dentro del cual se encuentra el Tártaro (literalmente, lugar profundo), que era un pozo oscuro o abismo, usado como calabozo de tormentos y sufrimiento. En los Gorgias, uno de los diálogos escritos por Platón poco antes del 400 a.C., las almas eran juzgadas después de la muerte y aquellos que debían ser castigados eran enviados a Tártaro. Así que Tártaro sería entonces una especie de Infierno dentro del Inframundo.
Diagrama de la ubicación de Hades y Tártaro

En el judaísmo antiguo no había originalmente un concepto de Infierno, ni una doctrina específica sobre la vida después de la muerte, sino que este concepto que fue introducido durante el período Helénico. El Gehena, que sí es parte de su tradición, no es exactamente un Infierno, sino originalmente una tumba y más tarde una especie de Purgatorio, donde las personas eran juzgadas en base a las cosas que hicieron durante sus vidas o, más correctamente, donde tomaban conciencia de sus fallas y acciones negativas. Por este motivo, se lo veía  como un intenso sentimiento de vergüenza, más que como un lugar físico. La Cábala lo explica como un lugar de espera para todas las almas, no sólo las de los malvados. El pensamiento rabínico, en su gran mayoría, sostiene que la gente no permanece en Gehena para siempre, sino que, como máximo, pueden pasar ahí doce meses, aunque hubo excepciones. Algunos lo consideran una “fragua espiritual” donde se purifican las almas para su eventual ascenso al Cielo. El término Gehena deriva de un lugar en las afueras del antiguo Jerusalén, llamado Valle del hijo de Hinnon, en el cual, según el Viejo Testamento, los apóstatas y seguidores de dioses cananeos sacrificaban a sus niños en la hoguera. El Sheol (pozo, morada de los muertos), era el equivalente del griego Hades.

La doctrina cristiana sobre el Infierno deriva del Nuevo Testamento, donde se lo describe usando los términos Tártaro, Hades o Gehena, aunque, como vimos, no son del todo equivalentes entre sí. En muchas iglesias cristianas, como la Católica, la mayoría de las Protestantes (Bautistas, Episcopales, etc.) y algunas griegas ortodoxas, se enseña que el Infierno es el destino final de aquellos que no fueron encontrados merecedores después de haber pasado por el gran trono del juicio, donde serán castigados por sus pecados y permanentemente separados de Dios después de la resurrección y el Juicio Final.

Algunas sectas cristianas modernas, como La Iglesia Viva de Dios, La Iglesia Internacional de Dios y la Iglesia Adventista del Séptimo Día, adhieren a la teoría de la Inmortalidad Condicionada, según la cual el alma es mortal -muere con el cuerpo- y sólo aquellos que creen en Jesucristo merecen el “regalo” de la inmortalidad en el Juicio Final. Para los seguidores del Aniquilacionismo, el alma es mortal, a menos, por supuesto, que reciba la vida eterna, y puede ser destruida en el Infierno. Los Testigos de Jehová, por su parte, sostienen que el alma vive con el cuerpo y deja de existir cuando la persona muere, por lo que el Infierno es un estado de no existencia, sin tormentos.

Mujeres ardiendo por mostrar su cabello
Los musulmanes creen en el Yahannam, que es descripto en el Corán como un Infierno de fuego dividido en varios niveles, con sus puertas custodiadas por el ángel Maalik y sus diecinueve guardianes. Los castigos en cada nivel dependen del grado de maldad cometido por las personas durante su vida. A diferencia de las habituales descripciones del Infierno, uno de estos niveles es un lugar helado, de frío extremo y vendavales de hielo y nieve. El último nivel está reservado para quienes sean culpables de los peores pecados: hipocresía (los que no crean en Alá y Su mensajero Mahoma, aunque en público digan lo contrario), idolatría y politeísmo.

En el Budismo, por su parte, Buda habla sobre el Infierno con gran detalle. Hay cinco o seis reinos de renacimiento o reencarnación, que pueden ser a su vez subdivididos en grados de agonía o placer. De los reinos infernales, o Naraka, el peor es el Avīci, o sufrimiento eterno (se llama así, pero, si bien el sufrimiento puede durar eones, éste no es permanente, ya que sólo dura hasta la siguiente encarnación). El budismo enseña que la forma de escapar de estos ciclos de migraciones o renacimientos infinitos (ya sean positivos o negativos) es alcanzando el Nirvana.

Naraka budista (R. Temple)
En el Vedismo (religión anterior al hinduismo que duró hasta el siglo VI a.C.) no había todavía un concepto de Infierno. Sin embargo, en la literatura hindú posterior -especialmente en los libros de leyes y Puranas- se menciona un reino similar al Infierno llamado también Naraka, presidido por el dios Yamarāja, que era también el dios de la muerte. Chitragupta era el encargado de guardar registros de todos los crímenes cometidos y leerlos a los pecadores para que Yamarāja decidiera el castigo apropiado. Estos castigos iban desde ser sumergido en aceite hirviendo, arder en una hoguera, torturas con armas varias, etc. Aquellos que concluyeran su castigo, renacerían de acuerdo a su balance de karma. Como todas las criaturas son imperfectas y han cometido al menos un pecado en sus vidas, se decía que todas tenían que pasar al menos una pequeña temporada en el Infierno.

En China, la mezcla de influencias taoístas y budistas con la mitología y antiguas creencias locales dieron origen al Diyu (prisión terrestre). Esta prisión, gobernada por Yanluo Wang (el Yamarāja del Budismo), era un gran laberinto formado por niveles subterráneos y celdas, en las cuales las almas expían sus pecados terrenales sufriendo terribles castigos. También, al igual que en el Budismo, son renovadas y preparadas para la próxima encarnación.

Como puede verse, así como el Coco, o Cuco, era el encargado de mantener a los niños a raya y hacer que se fueran a dormir a horario ("Duérmete niño, / duérmete ya, / que viene el coco / y te comerá..."), el Infierno ha sido siempre el "monstruo en el ropero" con el cual se asustaba (y se sigue asustando) a las personas para que no caigan en la tentación de salirse de las normas establecidas por las creencias religiosas. No es casual que en muchas religiones el peor de los pecados sea, justamente, no tener fe.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Las terapias akáshicas hecen temblar a Watson y Crick


El pasado 10 de marzo asistí a la se Expo IntegrativaRosario 2012, realizada en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, de Rosario, con el lema “Bienvenido al Arte del Bienestar”. Se publicitaba el evento como “un espacio destinado a prácticas, productos y servicios para la salud integral.”  El encuentro estaba, además,  destinado a “divulgar, promocionar y enseñar disciplinas como Reiki, Meditación, Cuencos, Foto Kirlian, Aikido, Neuroalquimia, Memoria Celular, Pilates, Yoga, Medicina China, Ayurveda, Bioenergética, Chamanismo, Biodanza, Reflexología, Constelaciones Familiares, Tai Chi , Anti-gimnasia  y otras actividades vinculadas al bienestar integral del cuerpo, la mente y el espíritu.” Prometía ser una jornada plagada de propagandas de pseudociencias y tendencias filosóficas de la Nueva Era, de las que pregonan que la medicina no sirve y, efectivamente, así fue.

La primera disertación a la que entré era sobre Terapias Akáshicas. En este post quiero comentar mi experiencia al presenciar esta charla, sin intención de analizar muy en profundidad las filosofías orientales en las que se dice que se originan. Sí quiero mencionar que, si bien el akasha, o éter, es mencionado en el hinduísmo y en el budismo, entre otras filosofías, aparentemente ninguna de ellas acepta los registros akáshicos ni hay mención alguna de que sus escrituras sagradas estuvieran registradas en el éter. En sus textos ni siquiera se mencionan esos archivos. La primera mención a los registros akáshicos de que se tenga noticia se encuentra en el libro La sabiduría antigua, escrito en 1897 por la ocultista británica Annie Bésant

La charla fue dictada por representantes de la Escuela Argentina de Registros Akáshicos (EARA). En sus folletos se lee:

EARA te invita:
  • A que te contactes con la energía de tu Alma!
  • Identifica cordones energéticos y enganches que sólo vacían tu alma energéticamente e impiden el avance en el aquí y ahora.
  • Activa los puntos de la gracia divina y desbloquea tu alma, cuerpo y mente!
  • Analiza tus vidas pasadas y el karma, así como patrones y conductas heredados, tanto genéticas como ancestrales!
  • Conecta con tu Yo Superior, Guías y Maestros en una canalización asistida por terapeutas idóneos!
  • Evalúa tu origen álmico y le Misión en esta vida!
La persistencia de la memoria (S. Dalí)

Según contaba el expositor cuando llegué, el día no tiene 24 horas, sino sólo 15, a lo cual el público, lejos de sorprenderse tanto como yo, contestaba afirmativamente, asintiendo y con gestos de aprobación. Me sentí como que todos sabían algo que yo ignoraba, como sapo de otro pozo. Esto me hizo empezar a hacerme una idea de lo que vendría y de dónde me había metido. “Nuestra percepción del tiempo está alterada -seguía quien daba la charla-, pero nuestra alma siente que el tiempo es otro.” En algún lugar de la frase metió algo sobre el ritmo circadiano, pero yo estaba tratando de encontrar un lugar para sentarme, ya que la sala estaba casi llena. Lo que sí escuché es que dijo que “ahora Japón está más tranquilo”. Nadie preguntó a qué se refería con eso.

Aparentemente,  cada reino (animal, vegetal, etc.) tiene su registro akashico, que sería como un archivo o una memoria de todo el pasado, desde el inicio del tiempo. Esta teoría no tiene en cuenta que el tiempo es una medida, una magnitud, (como la distancia o el peso) que cuantifica la separación o duración de sucesos, así que sería imposible determinar un origen del tiempo. El mismo es infinito hacia atrás y hacia adelante. El tiempo es una medida, no comenzó ni va a terminar. En todo caso, este Universo tuvo un origen hace muchos millones de años y en un futuro muy distante (inimaginablemente distante) llegará a su fin. Así que, si en ese registro se almacena toda la historia del Universo, debe ser realmente enorme.

Esta gente, además, declara que puede acceder al registro akáshico de cada persona. Sólo necesitan su nombre, su fecha de nacimiento, su documento de identidad (el registro akáshico debe ser también un lugar muy ordenado, si se pide nuestro DNI para buscar datos) y, por supuesto, nuestra autorización. El documento se debe pedir, supongo, para evitar que escépticos den nombres falsos, aunque se puede argumentar que alguien malintencionado puede ir a buscar datos akáshicos de otra persona (vaya uno a saber para qué).  

Por suerte, en un momento dado la disertación volvió sobre puntos tocados anteriormente, cuando yo no había llegado, y se me aclararon algunas cosas (bah, aclararon, es una forma de decir). El Akasha, explicaban, es la “memoria fotográfica de Dios”, donde en realidad Dios es éter, el quinto elemento, por cierto indetectable, así que no lo busquen ni pretendan poder verlo. En esa memoria están guardados los datos de toda la información de todo lo que sucedió en el Universo entero. Todas nuestras vidas pasadas están ahí almacenadas. Quienes sepan cómo, pueden extraer de ahí la información que necesiten. Por supuesto, en algún momento se habló de canalización, es decir, comunicarse con los muertos o con nuestras vidas pasadas. Obviamente, no vimos ningún ejemplo de estas cosas, ya que para eso hay que pagar o hacer el curso para transformarnos como terapeutas akáshicos. En este tipo de disertaciones es común oír hablar de la “buena energía” del público, que sólo el expositor es capaz de sentir. Según parece, en la charla de esa mañana hubo una “energía interesante, de amor, de acción, de perdón”. Sobre el público de la tarde no dijo nada. ¿Habrá percibido mi escepticismo?
Diagrama de un gen en la cadena de ADN de un cromosoma

Ahora, si según estas teorías el registro akáshico es la memoria del Universo guardada en el éter, el genoma es la base de datos de la humanidad. Allí está toda la información de toda la misma, incluso -ya lo deben haber adivinado- de nuestras vidas pasadas. Es una especie de “inconsciente colectivo” de todas las personas, vivas o muertas. Lo que haría temblar a Watson y Crick, si lo escucharan, es la afirmación de que a las dos hélices conocidas de ADN hay que agregarles diez más, que son de éter y por ende -de nuevo adivinaron-, indetectables. Así que, según nos dice este señor, tenemos doce cadenas de ADN en nuestras células, diez de las cuales son invisibles y en las cuales se guarda toda la memoria de la especie humana.

Puente de Tacoma Narrows (B. Elliot)
Varias veces se mencionaron las "ondas Schumann". La resonancia Schumann es un efecto de resonancia electromagnética detonado por los relámpagos de las tormentas eléctricas, que ocurre entre la superficie terrestre y la ionósfera. Este efecto es conocido hace tiempo: Tesla ya lo había observado en 1899 y Schumann lo predijo (matemáticamente, no por medio de técnicas místicas) en 1952. Sin embargo, más de una pseudociencia intenta utilizarlo en su favor. Se lo toma como evidencia de una “diferencia de frecuencia entre la Tierra y la humanidad”. Incluso se dan ejemplos, como el derrumbe del puente de Tacoma Narrows, para ilustrar cómo la resonancia puede afectarnos. En realidad, el efecto de resonancia mecánica, causante de ese derrumbe, nada tiene que ver con la resonancia de ondas electromagnéticas en la ionósfera.
Representación de la Resonancia Schumann

Para terminar, como sucedió con la presentación a la que asistí en el Museo Ovni, se nos anuncia que hay que esperar un cambio. Lástima que nunca queda en claro a qué se refieren, ni se nos da ningún tipo de evidencia. Nada de lo que nos dijeron en toda la charla es demostrable en absoluto. Como siempre, se nos pide tener fe y creer sin cuestionar. El mayor problema es que estas pseudociencias repiten a todo el que quiera escuchar múltiples "recetas" según las cuales no hace falta recurrir a la medicina para curar males o enfermedades, sino que está en nuestra mente el poder para curarnos solos. En el caso de las terapias akáshicas, conectándonos con sabidurías del Universo o de vidas pasadas. ¿Estarán quienes las promocionan dispuestos a hacer la prueba y demostrarlo?

martes, 20 de marzo de 2012

Arriba, el Cielo


El Juicio Final (Miguel Ángel)
Casi todas las creencias y religiones prometen un "más allá" o "después de la vida". Habitualmente se lo llama Cielo, o Paraíso, aunque tiene otros nombres. Suele describirse como un lugar de belleza, paz y felicidad absolutas. Se dice que es eterno o intemporal, que allí nos encontraremos con nuestros seres queridos ya fallecidos, a la vez que todo mal que nos aqueje desaparecerá y toda duda tendrá respuesta. Es decir, un lugar al que vale la pena ir.

Aparentemente, la palabra paraíso proviene del iraní antiguo, donde hacía referencia a un lugar cerrado. Posteriormente, la influencia del acadio y el elamita la relacionó con los jardines y zoológicos reales, comunes en castillos y palacios. En el griego aparece como “parque de animales” y en el Viejo Testamento hebreo, donde se la menciona en varias oportunidades, se la ha interpretado como parque, jardín o huerto. En la Biblia griega, traducción griega de los textos hebreos y arameos, se usa la palabra griega parádeisos y es de ella de donde deriva el uso actual de Paraíso como Jardín del Edén, significado transferido luego a Cielo.

En el Nuevo Testamento cristiano se usa paraíso en el mismo sentido que en el judaísmo contemporáneo. Más adelante, sin embargo, tanto Ireneo (130–202) como Orígenes (185–254), hicieron una distinción entre Cielo y Paraíso. Para el primero, los buenos y justos irían al Paraíso, mientras que el Cielo –aparentemente un lugar aun mejor que aquel, de más felicidad y más cercano a Dios– estaría reservado sólo a quienes realmente lo merecieran. Para Orígenes, en cambio, todos tendrían acceso al Cielo, pero recién después de pasar por el Paraíso, que él interpretaba como una especie de “escuela de almas” terrenal donde se las preparaba para el ascenso al Cielo.
Rosa Celeste (G. Doré)

En el Islam, la palabra Paraíso (en árabe: Yanna, jardín) se usa para describir un lugar de placer infinito, lleno de bellezas y recompensas inimaginables, Al mismo podrán acceder, después de la muerte, quienes rezan, donan a la caridad, leen el Corán, creen en Dios, los Ángeles, Sus libros revelados, Sus profetas y mensajeros, el Día del Juicio, el Más Allá, y siguen Su voluntad en sus vidas. La palabra Cielo, por su parte, se usa para describir el Universo, aunque también se utiliza para describir el cielo en el sentido literal.

Los Testigos de Jehová, por su parte, creen que el propósito de Dios es llenar la tierra de la descendencia de Adán y Eva como guardianes de un Paraíso global. Adán y Eva, sin embargo, se rebelaron contra Jehová y fueron expulsados ​​del Jardín del Edén. Los Testigos también creen que la gente mala será destruida en el Armagedón y que muchos de los justos (los fieles y obedientes a Jehová) vivirán eternamente en un Paraíso terrenal.

Para el mormonismo, o Movimiento de los Santos de los últimos Días, el término paraíso hace referencia al lugar donde moran los espíritus de los justos después de la muerte, en espera de la resurrección. Por el contrario, los malos y los que todavía no han aprendido el evangelio de Jesucristo esperan la resurrección en una prisión espiritual, un estado temporal en el que a los espíritus se les enseñará el evangelio y tendrán la oportunidad de arrepentirse. Después de la resurrección universal, todas las personas serán asignadas a un reino, o grado de gloria, particular. Esto también puede ser llamado paraíso.
Escalera del Ascenso Divino

En el budismo existen varios paraisos, todos los cuales siguen siendo parte del samsara, o realidad ilusoria. Aquellos que acumulan un buen karma pueden renacer en uno de ellos. Sin embargo, su estancia en el cielo no es eterna, eventualmente van a gastar su buen karma y renacerán en otro reino, como humanos, animales u otros seres. Como el cielo es temporal y parte del samsara, los budistas se centran más en escapar del ciclo de renacimientos y alcanzar la iluminación (Nirvana).

Así es que, en suma, el Cielo de las religiones parece ser un destino muy deseable. Sin embargo, incluso los más creyentes son renuentes a dirigirse a él. Simplemente, nadie quiere morir. Nuestro instinto de supervivencia no desaparece tan fácilmente. Tampoco queremos que nadie cercano a nosotros muera, incluso si creemos que va a un lugar mejor. Esta creencia, por supuesto, nos puede dar algo de consuelo, pero de todas formas hubiéramos preferido seguir teniendo a nuestros seres queridos con nosotros.
Paraíso (L. Cranach)

A pesar de lo atractivo que pueda parecer el Cielo, ninguna religión ve con buenos ojos el suicidio (¡menos mal!) ni el homicidio (de nuevo, ¡menos mal!), excepto cuando Dios “llama” a sus fieles a dar sus vidas o a tomar las de otros, por ejemplo, en guerras santas, campañas de conquista o inquisiciones. Esta estrategia ha sido usada por incontables políticos y líderes militares y religiosos, ordenando a sus tropas a pelear y morir “por Dios”, ya sea como técnica de manipulación, discurso motivacional o porque realmente lo creían. ¿Cuántos de ellos realmente hablaban por Él? Claramente, ninguno.