lunes, 16 de abril de 2012

Las raíces de la vida, de Mahlon Hoagland


Mahlon B. Hoagland
"Recuerdo, de cuando era joven, un paseo con mi padre por una playa desierta. El mar estaba gris, nubes rasgadas se deslizaban a merced de un viento frío de principios de invierno. Fue un día de descubrimientos. Recostadas sobre la arena, entre los restos de algas acumulados en el límite de la pleamar, había viejas botellas vacías, de toda suerte de formas y tamaños. De pronto nos dimos cuenta de que las botellas estaban tapadas, y por más que buscamos no pudimos encontrar ninguna destapada. Quedamos asombrados por aquella uniformidad hasta que mi padre dio con la explicación. Con deleite, me estimuló a encontrar en esa característica de las botellas un significado profundo, y así aprendí una lección de evolución que quedó firmemente grabada en mi mente para toda la vida. Porque, obviamente, aquellas botellas eran los escasos supervivientes de una travesía oceánica. De las muchas botellas vacías arrojadas al mar por el hombre, muy pocas habían sido tapadas por algún acto inadvertido, fortuito, y eso las había convertido en insumergibles. Las no supervivientes, inermes sin tapón frente al hostil océano, se habrían hundido en seguida.

En ciencia, el acto creativo es un poco como la intuición sobre las botellas de mi juventud. Es la concepción de una simple ley o explicación que pone orden en un cúmulo de hechos embarullados y aparentemente sin sentido. Es lo que hicieron Charles Darwin y Alfred Russell Wallace hace más de cien años cuando, cada uno por su cuenta, trataron de buscar una explicación a la supuestamente caótica distribución y diversidad de los seres vivos sobre la Tierra. Sus magníficos y sencillos conceptos de la variabilidad entre individuos de una especie y de la supervivencia del más apto constituyen una brillante muestra de imaginación. Su inspirada explicación hizo simple y comprensible una vasta acumulación de datos biológicos." 
 
Así comienza el primer capítulo de "Las raíces de la vida", de Mahlon B. Hoagland. Escrito en 1978, su título original traducido sería "Las raíces de la vida: Una guía para legos a la evolución, los genes y los caminos de las células". Es un libro simple y extremadamente claro, que resulta fácil de llevar para cualquier persona, sin necesidad de tener conocimientos previos de biología. Abarca conceptos que van desde el comienzo de la vida hasta la forma en que actúan los genes, la discusión sobre si los virus son seres vivos, de qué forma las células de un embrión "deciden" especializarse, la naturaleza del cáncer y la controversia (recordemos, en 1978) sobre las técnicas de recombinación del ADN.

domingo, 15 de abril de 2012

Carta a las Universidades

En 1925, Antoine Marie Joseph Artaud (1896-1948), un dramaturgo, poeta, actor y director de teatro francés, escribió la siguiente carta a los rectores de las universidades europeas:

"Caballeros:

Antoine Artaud (M. Ray)
En la estrecha cisterna que llamáis "Pensamiento": los rayos del espíritu se pudren como parvas de paja. Basta de juegos de palabras, de artificios de sintaxis, de malabarismos formales; hay que encontrar -ahora- la gran Ley del corazón, la Ley que no sea una ley, una prisión, sino una guía para el Espíritu perdido en su propio laberinto. Más allá de aquello que la ciencia jamás podrá alcanzar, allí donde los rayos de la razón se quiebran contra las nubes, ese laberinto existe, núcleo en el que convergen todas las fuerzas del ser, las últimas nervaduras del Espíritu. En ese dédalo de murallas movedizas y siempre trasladadas, fuera de todas las formas conocidas de pensamiento, nuestro Espíritu se agita espiando sus más secretos y espontáneos movimientos, esos que tienen un carácter de revelación, ese aire de venido de otras partes, de caído del cielo.

Pero la raza de los profetas se ha extinguido. Europa se cristaliza, se momifica lentamente dentro de las ataduras de sus fronteras, de sus fábricas, de sus tribunales, de sus Universidades. El Espíritu “helado” cruje entre las planchas minerales que lo oprimen. Y la culpa es de vuestros sistemas enmohecidos, de vuestra lógica de dos y dos son cuatro; la culpa es de vosotros -Rectores- atrapados en la red de los silogismos. Fabricáis ingenieros, magistrados, médicos a quienes escapan los verdaderos misterios del cuerpo, las leyes cósmicas del ser; falsos sabios, ciegos en el más allá, filósofos que pretenden reconstruir el Espíritu. El más pequeño acto de creación espontánea constituye un mundo más complejo y más revelador que cualquier sistema metafísico.

Dejadnos, pues, Señores; sois tan sólo usurpadores. ¿Con qué derecho pretendéis canalizar la inteligencia y extender diplomas de Espíritu? Nada sabéis del Espíritu, ignoráis sus más ocultas y esenciales ramificaciones, esas huellas fósiles tan próximas a nuestros propios orígenes, esos rastros que a veces alcanzamos a localizar en los yacimientos más oscuros de nuestro cerebro. En nombre de vuestra propia lógica, os decimos: la vida apesta, Señores. Contemplad por un instante vuestros rostros, y considerad vuestros productos. A través de las cribas de vuestros diplomas pasa una juventud demacrada, perdida. Sois la plaga de un mundo, Señores, y buena suerte para ese mundo, pero que por lo menos no se crea a la cabeza de la humanidad."

Es entendible que este tipo de visiones hayan sido moneda corriente en 1925, pero lo preocupante es su resurgimiento (si es que alguna vez dejaron de existir) en la sociedad actual, particularmente en las universidades de carreras humanísticas. Por algún motivo, los aprendizajes de estas carreras parecen estar asociados con un alejamiento de la ciencia, como si ésta estuviera distanciada de la humanidad, en lugar de ser uno de sus más acabados logros.

¿Tiene alguna lógica lo que propone el autor? Desde el principio, caracteriza al pensamiento (científico, aunque no lo dice) como estrecho, cuando en realidad es todo lo contrario. El pensamiento científico está absolutamente abierto a todas las teorías, a todas las propuestas. La diferencia con la visión de Artaud quizás sea que él sugiere aceptar todo lo que salga de cualquier cabeza, sin importar si tiene lógica o no. Esto está muy bien para su área de conocimientos, que eran las artes, pero es imposible de aplicar en cualquier otro rubro. Si no, que alguien intente curar el cáncer, construir un puente colgante o nuevos componentes para las computadoras, tomógrafos o aviones de pasajeros usando tan sólo la imaginación o lo que él llama más abajo “Espíritu”.

La ciencia tampoco usa juegos de palabras ni artificios de sintaxis, como dice Artaud. El lenguaje científico es más bien exacto, conciso, claro y entendible por cualquier otra persona en cualquier parte del mundo. Las definiciones de toda su terminología son universales, y no dependen de criterios ni subjetividades.

De ninguna manera intento decir que haya que abandonar las artes ni las ciencias humanísticas. Esto sería una insensatez. Lo que no hay que hacer es lo que hace Artaud: pretender que su área de conocimientos y experiencia es la única que importa, la única que merece atención y que todas las universidades deben dedicarse a ellas, abandonando por completo la ciencia, la razón, el pensamiento crítico, y retornando a la Edad Media, los dogmas y el oscurantismo.  

sábado, 14 de abril de 2012

Ashtiani sigue esperando

Antes de la revolución de 1979, Irán era un país secular que se encontraba bajo un sistema de monarquía absoluta, gobernado por un Sah, o emperador. En la actualidad, es una república islámica y además una teocracia, con un mismo Líder Supremo desde 1989. En ese país, la pena de muerte es legal y se aplica en los siguientes casos: homicidio, violación, adulterio, pedofilia, sodomía, tráfico de drogas, robo armado, secuestro, terrorismo y traición.

Personalmente, estoy en contra de la pena de muerte, pero voy a separar a los motivos citados en dos categorías, a ver si notan algo:

  • homicidio, violación, pedofilia, tráfico de drogas, robo armado, secuestro, terrorismo, traición
  • adulterio, sodomía
Quema de sodomitas en Zürich (D. Schilling)
¿Se nota ahora? El adulterio (meterle los cuernos al marido/esposa -aunque las acusadas son casi siempre mujeres) y la sodomía (cualquier práctica sexual distinta de la "estándar", ya sea entre heterosexuales u homosexuales) pueden llegar a significarles a quienes sean declarados culpables, nada menos que la pena de muerte, al igual que el terrorismo o el homicidio, por ejemplo. Más allá de que puede ser debatible la aplicación de este castigo en los primeros casos, sin duda los segundos no pueden estar nunca en la misma categoría, ya que, para comenzar, no son ni siquiera crímenes. Pero el Islamismo, como casi todas las religiones, es en extremo machista y, si bien la aplicación efectiva de la pena de muerte en estos casos es rara, se han registrado muchos casos de asesinato por honor, llevados a cabo por parientes de mujeres que tengan conductas impropias (muchas veces esto ni siquiera era cierto, sino que eran sospechas o acusaciones, pero no hace ninguna diferencia), como mostrar su rostro o su cabello, tener relaciones sexuales antes del matrimonio o fuera del mismo, tener intención de divorciarse, etc.

En la actualidad, la ley civil y criminal (el Código Penal Islámico) es determinado por el Parlamento Iraní, conocido como Majlis, y debe estar acorde y no contradecir la Ley Sharia, el código moral y ley religiosa del Islam. La ley establece, por ejemplo, una pena de 100 latigazos para los adúlteros no casados, y muerte por lapidación para los casados. Como se exige que haya una confesión o que declaren varios testigos, las convicciones por adulterio son relativamente raras y las penas de muerte no se usan casi nunca, excepto en casos serios como cuando el marido/esposa muere.

Ese fue el caso de Sakineh Mohammadi Ashtiani. En 2005, su esposo fue asesinado por su primo y ambos fueron arrestados por el homicidio. A ella, además, se la acusó de adulterio. 

El primo fue encontrado culpable del asesinato y sentenciado a muerte. Sin embargo, el hijo de Ashtiani, el familiar más directo de la víctima, optó por hacer uso de una ley que le permite perdonarle la vida al asesino. Éste fue entonces sentenciado a 10 años de prisión, pero aparentemente fue liberado un tiempo después y hoy en día está en libertad.

Valores (La Pulga Snob)
Por el adulterio, del cual Ashtiani se declaró culpable, la corte la sentenció a la pena de 99 latigazos y un año de cárcel. En relación al homicidio, si bien no fue hallada culpable y el homicida fue perdonado, se la acusó de complicidad y perturbar el orden público y se la sentenció a diez años de prisión, que fueron luego reducidos a cinco. Sin embargo, en 2006 fue llevada nuevamente a juicio por el adulterio y sentenciada a muerte por lapidación.
 A raiz de la controversia local e internacional y el reclamo contra las lapidaciones en los primeros años de la república, el gobierno puso una moratoria a esta forma tan terrible de "asesinato legal" en 2002 y desde junio de 2009 el Parlamento está revisando el Código Penal para eliminarla por completo. Claro que esto sólo cambiaría un método por otro, y a Ashtiani le correspondería la horca.

En junio de 2010, sus hijos escribieron una carta dirigida a todo el mundo, pidiendo ayuda para salvar a su madre. Fue publicada por el Comité Internacional contra la Lapidación de Mission Free Iran e inmediatamente atrajo atención mundial al circular masivamente a través de las redes sociales. Hubo protestas en Roma, Londres y Washington, entre otras ciudades, llovieron llamadas de grupos de derechos humanos como Avaaz, Amnesty International y Human Rights Watch y se redactó una petición en apoyo a su liberación. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que pediría al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, que envíe a Ashtiani a su país, donde se le otorgaría asilo. Los oficiales iraníes respondieron que Lula "no había recibido suficiente información sobre el caso".

En julio, el gobierno iraní prohibió a los periodistas en Irán publicar cualquier detalle del caso. Uno de los abogados de Ashtiani debió huir del país y se encuantra refugiado en Suecia. El 4 de agosto, las autoridades dijeron a su nuevo abogado que Ashtiani sería ahorcada y al hijo le dijeron que el archivo del caso se extravió. Éste dijo que "están mintiendo sobre los cargos contra mi madre. Ella fue absuelta por el asesinato de mi padre pero ahora el gobierno está construyendo su propia historia contra ella."

El 12 de agosto, Aashtiani fue mostrada desde la prisión de Tabriz en un programa de televisión estatal iraní, confesando en azerbaiyano una vez más el adulterio y su relación en el asesinato. Su abogado alegó que fue torturada durante dos días antes de la entrevista. Dado que ya hubo casos de prisioneros políticos confesando en televisión bajo tortura, esto no sería nada raro. El 28 de agosto se notificó a Ashtiani que al amanecer del día siguiente sería ahorcada. Escribió su última voluntad y testamento poco antes de la llamada al rezo matutino, pero la sentencia fue suspendida.

Ashtiani y su hijo durante una entrevista
En medio de todo el asunto, el diario británico The Times publicó una fotografía de Ashtiani sin velo provista por el antiguo abogado. Esto motivó una reacción del gobierno, que bajo el pretexto de que "disemina la corrupción y la indecencia" al aparecer sin velo, la sentenció 99 latigazos. El Times, entonces, dijo que la fotografía no era de Ashtiani, sino de Susan Hejrat, una activista iraní viviendo en Suecia. Si bien los diarios occidentales y testigos que se encontraban en la misma prisión dijeron que la condena se llevó a cabo, la televisión iraní volvió a mostrarla el 15 de septiembre diciendo que no fue así.

En octubre, el hijo de Ashtiani fue arrestado por hablar con dos periodistas alemanes que entraron al país con visas de turistas. El 1º de enero de 2011, salió en televisión admitiendo que no duda de la culpabilidad de su madre, pero pidió a las autoridades iraníes que la dejen vivir. También dijo que es injusto que Teheri esté libre.

Poco tiempo antes, el 8 de septiembre, el vocero del Ministerio de Asuntos Externos de Irán había confirmado que la sentencia de lapidación había sido suspendida hasta una revisión del caso. Igualmente, agregó que ella es culpable de ambos cargos y que el asunto no merece tanta atención internacional. Dijo que dejar asesinos libres no debería ser un asunto de derechos humanos y sugirió que todos los países que critican a Irán liberen a sus asesinos. Lo que el vocero no mencionó, es que el autor material del asesinato fue puesto en libertad al poco tiempo de recibir la condena. Mientras tanto, Ashtiani sigue sin saber cual será su destino.

-Entrevista al hijo de Ashtiani
-Nota sobe la supuesta "confesión"
-Cronología del caso
-Noticias recientes en Amnesty International
-Anatomía de una lapidación

martes, 10 de abril de 2012

¿Funciona la homeopatía? - Parte 2

Continúa del post anterior...
 
Un argumento habitual de quienes utilizan y defienden la homeopatía es que a ellos, o a algún conocido, les funcionó (el “a mí me funcionó” es una de las técnicas de marketing más empleadas por las pseudociencias y terapias alternativas y no tiene ningún valor para demostrar que algo sea cierto). Hay dos explicaciones para esto:

-          En primer lugar, la mayoría de los remedios homeopáticos están indicados para dolencias comunes contra las cuales nuestro organismo, a través de su sistema inmunológico, se puede llegar a defender solo: algunos dolores de cabeza, estrés puntual, resfriados, dolor o inflamación por contusiones leves, etc. Así que, si tomamos un remedio homeopático cuando aparecen los síntomas y a los pocos días estos síntomas desaparecen, da la impresión de que la homeopatía ha funcionado. Como ya dijimos varias veces, correlación no implica causalidad.

-          En segundo lugar, muchos casos pueden explicarse por el efecto placebo, que es un fenómeno natural ampliamente estudiado, por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento inocuo. El hecho de saberse tratado y la esperanza de curarse, provocan en el cerebro del paciente una sugestión que alivia los síntomas e incluso propicia la curación natural del mal mediante nuestro eficaz sistema inmunológico. De hecho, el efecto placebo puede ser tan importante, que en los estudios y ensayos clínicos se emplea siempre un grupo de control a los que se les administra un placebo en vez del medicamento bajo estudio, para poder distinguir qué efectos son atribuibles al medicamento y no al efecto placebo. Es muy común incluso usar el procedimiento de doble ciego, que implica que ni los pacientes ni quienes les administran los medicamentos saben qué pacientes están tomando el medicamento verdadero y qué pacientes están tomando placebo. De esta forma, los resultados no se ven influenciados por las expectativas de los paciente sin de los investigadores. (Más información sobre los ensayos de doble ciego en el video Here be Dragons.)

Hasta ahora, no se tiene noticia de que ningún estudio clínico serio haya demostrado, más allá de toda duda razonable, que los preparados homeopáticos tengan efecto estadísticamente superior al del efecto placebo.

Ahora, cabe preguntarse qué tiene de malo que las personas usen homeopatía ya que, como vimos, no tiene efectos secundarios e incluso a algunos les puede servir a través del efecto placebo. El hecho es que el efecto placebo no nos afecta a todos de la misma manera, por lo que es imposible predecir a quién le servirá y a quién no. Por otro lado, curar a través de engaños es al menos cuestionable. Ninguna pseudociencia o terapia alternativa es totalmente inofensiva, porque puede conseguir, y de hecho consigue, que personas enfermas dejen de ir al médico y recibir un tratamiento adecuado, poniendo sus esperanzas en técnicas que no funcionan en absoluto. Es jugar con la salud y la vida de la gente.

Uno de los ejemplos más impactantes es el de Gloria Thomas Sam, una niña nacida en Sídney en 2001, a la que a los cuatro meses de edad le fue diagnosticado un eccema (una forma de dermatitis o inflamación de la piel), del cual se habría recuperado completamente, si hubiera recibido el tratamiento correcto a tiempo. Pero su padre, Thomas Sam, de profesión homeópata y profesor en homeopatía, se negó a darle a su hija ningún remedio que no fuera homeopático. Gloria murió de septicemia cinco meses después del diagnóstico, con apenas nueve meses de edad. Sus padres fueron declarados culpables de homicidio y actualmente se encuentran en prisión. Es interesante destacar que, durante el período en el que su hija estuvo enferma, Thomas Sam sí acudió a un hospital convencional donde recibió tratamiento médico para unos cálculos biliares.

Lamentablemente, este no es un caso aislado. Hay decenas de casos registrados de muertes de personas que dejaron los tratamientos reales para tratarse con homeopatía y muchos casos más de empeoramientos y secuelas graves. La homeopatía no es inocua. De hecho, confiar en que la homeopatía funciona puede matar.

Para ser homeópata no hace falta tener ningún conocimiento sobre medicina o salud: si bien varias instituciones educativas ofrecen cursos o carreras de homeopatía, cualquier persona puede ingresar a la página de Boiron y obtener el título de Especialista en Homeopatía en pocos minutos y de forma gratuita. En un intento de protegerse de posibles demandas judiciales, los homeópatas suelen advertir a sus pacientes que la homeopatía no es una terapia alternativa, sino complementaria a la medicina convencional. Cuando la salud de algún paciente bajo tratamiento se agrava, generalmente no dudan en sugerirle que vea a un médico de verdad, para que haga lo que ellos no pueden: curarlo.

Si te interesó el tema, podés encontrar más información en estos links:
Agua homeopática, según La Pulga Snob
- Fragmento de una conferencia de James Randi
- Charla de Fernando Frías en el Amazings Bilbao 2011
- ¿Qué es la homeopatía?
- ¿Homeopatía? No, gracias en Escéptica
- Capítulo del programa Escépticos
- Monográfico de ARP sobre la homeopatía
- Documental El Fraude de la Homeopatía: La Prueba
- Cómo me convertí en homeópata especialista titulado
- 10 razones para no creer en la homeopatía
- Artículos en el Círculo Escéptico Argentino
- Artículos en Alerta Pseudociencias

domingo, 8 de abril de 2012

Cosmos, de Carl Sagan


Cubierta del libro (A. Schaller)
En 1980 se emitió en Estados Unidos la serie documental "Cosmos: un viaje personal", escrita por Carl Sagan, Ann Druyan, y Steven Soter y narrada por Sagan. Fueron trece episodios de perfección: divulgación científica amena y accesible a todos los públicos, escepticismo claro y conciso, historias y anécdotas interesantes, efectos especiales pocas veces usados hasta entonces en un documental y, como broche de oro, la música del genial Vangelis.

Sagan, caminando por el Calendario Cósmico
Como complemento a la serie, en el mismo año se editó el libro Cosmos, dividido en los mismos trece capítulos, más algunos apéndices. El origen del Universo, las estrellas, los planetas, la vida en la Tierra, la evolución de la ciencia junto con la humanidad, los grandes descubrimientos desde los primeros científicos griegos hasta nuestros días, la exploración de nuestro planeta, la Luna, las perspectivas de exploración de Marte y del espacio exterior, la búsqueda de vida estraterrestre y mucho más, en uno de los libros más recomendables que haya leído.




¿Funciona la homeopatía? - Parte 1

No. La homeopatía no funciona. Es sólo un engaño más. Una pseudociencia sostenida por gente que no necesariamente tiene conocimientos médicos y que sólo quiere sacarnos dinero (mucho), ofreciéndonos a cambio frasquitos con agua o pildoritas de azúcar, e ilusionándonos con la idea de curaciones mágicas, sin dolor, ni efectos secundarios.

Christian F. S. Hahnemann
Los principios fundamentales de la homeopatía fueron establecidos entre finales del siglo XVIII  y principios del XIX por el médico alemán Christian F. S. Hahnemann. Por aquellos años, la medicina estaba “en pañales” y los conocimientos de anatomía, fisiología o patología eran muy escasos, comparados con los actuales. Tampoco estaba muy claro qué provocaba las enfermedades, ya que era muy poco lo que se sabía sobre hongos, bacterias, virus, sustancias tóxicas, alérgenos y mucho menos sobre predisposiciones genéticas. Tampoco se sabía que los síntomas eran provocados por las enfermedades, así que se los trataba como si ellos en sí mismos fueran la enfermedad, es decir, se atacaba el síntoma y no aquello que lo provocaba. Las prácticas médicas habituales incluían, entre otras, sangrías, purgas, lavativas, trepanaciones y tratamientos con cianuro o mercurio. Como es lógico, no era extraño que muchos pacientes murieran a causa de estos tratamientos, antes que por las enfermedades (o por la conjunción de ambos factores). Ante este panorama, Hahnemann se decidió a buscar un método mejor para curar las enfermedades (síntomas) sin esos desastrosos efectos secundarios.

Hahnemann creía que las enfermedades eran desequilibrios de una “fuerza vital” que debía ser “reequilibrada”. En cierto momento, se encontraba traduciendo el libro Materia Medica, de William Cullen, donde se describían los efectos de la quinina para calmar las fiebres intermitentes. Decidió entonces aplicarse una dosis muy alta de quinina y sufrió una fuerte fiebre, así que pensó que, si una dosis alta provoca la enfermedad -y cuanto menor es la dosis, menores son sus efectos-, una dosis infinitesimal debería provocar la cura. Siguiendo ese razonamiento, propuso que cuanto más diluida estuviera una sustancia, mayores serían sus poderes curativos. De esta manera, se dedicó a tratar las enfermedades con sustancias que provocaran los mismos síntomas (similia similibus curentur, lo similar se cura por lo similar), pero en dosis ínfimas. Es por este motivo que llamó a esta nueva disciplina Homeopatía: en griego, homoios significa similar y pathos, sufrimiento, o enfermedad.

El método que inventó Hahnemann para la preparación de remedios homeopáticos se llama “dinamización”, y consiste en lo siguiente:

1º: Se toma una parte de la sustancia a usar como base, o “tintura madre”.
2º: Se la diluye en 99 partes de agua y se agita enérgicamente (“sucusión”) con una serie de movimientos mecánicos muy concretos que sacuden y golpean la disolución (Hahnemann usaba su Biblia para golpear el recipiente). Se obtiene así una dilución llamada 1 CH, por Centesimal de Hahnemann.
3º: Se toma una parte de esa dilución 1 CH y se la vuelve a diluir en 99 partes de agua, sin olvidar el ritual de agitar y golpear con energía, obteniendo una dilución 2 CH.
4º: Se sigue repitiendo el proceso hasta el aburrimiento.
5º: Se sigue repitiendo el proceso.

Cada vez que se repite el proceso, la dilución obtenida está 100 veces más diluida que la anterior. Un cálculo químico sencillo permite deducir que en una dilución 12 CH ya no queda ni una sola molécula de la sustancia original. No contentos con eso, el proceso de dilución homeopática continúa hasta 30 CH, 60 CH e incluso 100 CH. Ante cualquier duda, esto puede verificarse, por ejemplo en la página de los Laboratorios Boiron, uno de los principales productores de remedios homeopáticos.

La explicación de Hahnemann a este sinsentido era que durante el proceso de sucusión, la sustancia activa le pasaba al agua parte de su “espíritu”, su “esencia curativa inmaterial”. Por eso, decía, el agua seguía conteniendo las propiedades de dicha sustancia. Los homeópatas actuales dicen que “el agua tiene memoria” y que “las vibraciones de las moléculas de la tintura madre hacen vibrar a las moléculas de agua, que las recuerdan”. El éxito de la homeopatía se debió justamente a que, al no ser más que agua, era mucho menos agresiva con los pacientes que los métodos tradicionales de la época y no tenía, como es obvio, efecto secundario alguno. Esto, en muchos casos, le daba tiempo al sistema inmunológico del paciente para actuar y curarse. Como consecuencia, la homeopatía triunfó y se consideró como método válido y Hahnemann ganó prestigio. Sin embargo, ninguno de sus principios básicos:

  • ni el de similitud (lo igual cura lo igual),
  • ni el de las dosis infinitesimales (cuanto más diluida está una sustancia, más potente es su poder de curación),
  • ni el de la “memoria” del agua,
tienen base científica alguna, sino que son totalmente falsos y se encuentran mucho más cerca del curanderismo y la brujería que de la medicina, contradiciendo los principios básicos de la biología, la química, la física y, claramente, el sentido común.

Aunque parezca mentira, la homeopatía nos depara algunas sorpresas más. Como no se trata de curar enfermedades, sino de re-equilibrar la “fuerza vital”, no hace falta que las sustancias que se emplean como supuestos principios activos, o tintura madre, provoquen realmente la enfermedad o dolencia que se supone que tratan; ni siquiera tienen que producir exactamente los mismos síntomas. Basta con que se les parezcan un poco, o que tengan cierta similitud alegórica o incluso poética. Para ilustrar esto, aquí van algunos ejemplos (aclaro que ninguno de ellos es broma, todos son remedios homeopáticos reales y se venden en muchas farmacias):
 
Enfermedad (síntoma)
Remedio homeopático
Enfermedades de la sangre
Veneno de la serpiente Lachesis Trigonocephalus, que produce pústulas sanguinolentas
Espasmos musculares
Cobre metálico (Cuprum metallicum*), cuya intoxicación provoca convulsiones
Estrés
Bayas venenosas del arbusto Strychnos nux-vomica, que alteran el sistema nervioso central
Hipotensión o anemia
Sal común (Natrum muriaticum*), porque en altas dosis deshidrata y destruye glóbulos rojos
Lagrimeo y moqueo
Cebolla (Allium cepa), porque al cortarla nos hace llorar
Cualquier tipo de dolor
Abeja (Apis mellifica*) triturada en lactosa y diluida, porque su picadura duele
Colitis o diarrea
Caca de perro (Excrementum canium*)
Sensación de opresión o ahogo
Muro de Berlín, triturado y diluido
Síntomas de la menstruación
Luz del planeta Venus (Venus Stella Errans*), almacenada y diluida
  *nombres inventados para el producto homeopático específico, no relacionados con la nomenclatura científica.

Productos homeopáticos
Una técnica que los homeópatas usan para que esto no parezca tan ridículo (aunque lo sea), consiste en poner a los productos nombres que suenen científicos. Para esto, simplemente usan el nombre científico -algunos reales y otros inventados- de las sustancias usadas como base de los preparados. Es decir, que cuando nos están vendiendo una dilución 30 CH de Allium cepa como remedio antigripal, no nos estamos llevando a nuestra casa nada más que un frasquito con agua (o pastillitas de azúcar impregnadas con agua), que es probabilísticamente imposible que contengan ni una sola molécula de jugo de cebolla común.

Continúa en el próximo post...