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sábado, 5 de abril de 2014

Un review de la película Noé, de Darren Aronofsky - Parte 1

Fui a ver la película Noé sin saber bien con qué me iba a encontrar: una aventura histórica, un poema épico sumerio, otra mala película de cine catástrofe o una versión más o menos literal del cuento bíblico. Pero resultó ser otra cosa. Una mezcla de todo eso más algo de ciencia ficción, fantasía, dilemas morales y un gran contenido espiritual (por suerte, no tanto como en La Fuente, película de 2006 del mismo director). Las actuaciones son muy buenas -Crowe, Connelly y Hopkins ya están bastante encasillados, pero no cansan- y la historia entretiene.

No es fácil hacer una crítica a esta película desde un punto de vista escéptico. En primer lugar, porque es una completa fantasía, así que es casi como buscarle la quinta pata al gato criticando El Señor de los Anillos o Harry Potter. En segundo lugar, porque hay que tener en cuenta que no se trata exactamente de la versión bíblica, con la que presenta varias diferencias. Pero vayamos por partes.

La inundación real

Para empezar bien hay que hacer un poco de historia y trasladarnos a la ciudad de Ur, una de las más importantes de la Mesopotamia sumeria. Ésta estaba ubicada cerca del río Éufrates, que tenía un caudal bastante más irregular que su vecino, el Tigris, y cada tantos años causaba alguna inundación importante. Pero una de esas crecidas, ocurrida quizás cerca del 2800 aEC, parece haber sido muy fuera de lo común y haber cubierto la ciudad entera, y otras cercanas, con varios metros de agua. Esta inundación llevó a varios grupos de pobladores a emigrar (las frecuentes invasiones de nómadas poco amistosos seguro ayudaron a decidirlos) pero también tuvo otro efecto, uno que perduraría por milenios: inspirada en esta inundación se escribió una de las partes del poema sumerio de Gilgamesh, la obra épica más antigua de que se tiene registro y, casi con seguridad, la base de la historia bíblica del Diluvio Universal y el Arca de Noé.

Sobre el primer punto, el descubrimiento de evidencias de la gran inundación, Isaac Asimov escribió en su libro El Cercano Oriente:

El Tigris y el Éufrates no nacen en lagos, sino en fuentes montañosas. No hay ninguna represa y las inundaciones pueden ser desastrosas en años de mucha nieve y repentinas oleadas de calor primaverales. (En una fecha tan tardía como 1954 Irak sufrió una catastrófica inundación provocada por el ascenso de los ríos.)

Entre 1929 y 1934, el arqueólogo inglés sir Charles Leonard Woolley excavó el montículo que correspondía a la antigua ciudad de Ur. Allí había estado una antigua desembocadura del Éufrates, a unos dieciséis kilómetros al norte de Eridu. Encontró una capa de limo de tres metros de espesor, sin ningún resto arqueológico.

Llegó a la conclusión de que era un sedimento depositado allí por una gigantesca inundación. Calculó que tal inundación alcanzó una profundidad de unos nueve metros y se extendió por una superficie de 500 kilómetros de largo por 160 de ancho, prácticamente todo el territorio comprendido entre los ríos.

Sobre el segundo punto, veamos cómo fue que esta catástrofe influyó en la Biblia. Una vez desaparecido el reino sumerio -no por la inundación, sino por sucesivas invasiones de otros pueblos-, la ciudad de Babilonia, ubicada más al norte, quedó como la heredera de buena parte de esa cultura y los caldeos, que dominaron la región mucho después, la transformaron en capital de su reino. Después de invadir y arrasar el cercano reino de Judá en el 587 aEC, el rey caldeo Nabucodonosor obligó a las clases dominantes -posibles fuentes de rebeliones futuras- a emigrar. Muchos de esos judíos, al ver que éste no era un rey cruel ni deseaba tratarlos particularmente mal, decidieron instalarse en la gran capital caldea, donde vivieron razonablemente bien durante más de un siglo. Durante ese tiempo de exilio, los judíos se embebieron de la cultura mesopotámica y sus leyendas los cautivaron tanto que las incluyeron, con adaptaciones, en sus textos históricos y religiosos. Tanto la leyenda del Diluvio y el Arca de Noé como la Creación misma y el cuento del Jardín del Edén, así como la importancia dada al Sabbat, son resultado de esta simbiosis.

En próximos posts, seguiremos con la crítica de la película. Les doy unos días para que puedan verla, así no hay spoilers.

martes, 18 de febrero de 2014

El símbolo del pez


Cristo Pescador de Diamante
Tiempo atrás me preguntaba por qué el cristianismo es habitualmente identificado con el símbolo de un pez. Primero recordé haber visto en Diamante, una localidad de la provincia de Entre Ríos ubicada sobre la orilla del río Paraná, una estatua de 12 metros de altura de un “Cristo Pescador”. Claro que según la Biblia Jesús no era pescador, sino carpintero. La única frase bíblica que podría dar lugar a esa interpretación, hasta donde sé, se encuentra en Marcos, donde Jesús dice “Síganme, yo los haré pescadores de hombres.” Pero la misma se refiere a evangelizar gente, no a pescar literalmente (y menos hombres). Seguramente, si Diamente fuera una ciudad de herreros, la estatua mostraría a Jesús martillando sobre un yunque.

En realidad, la respuesta no tiene nada que ver con los peces ni con la pesca, si no con las iniciales de la palabra pez en griego: ichthys (ΙΧΘΥΣ). Si desglosamos el acrónimo, encontramos lo siguiente:

I: la letra griega iota es la inicial del nombre Iesous, que proviene del hebreo Yeshua, traducido al español como Jesús.
Ch: la letra ji es la primera en Christos, palabra griega para decir ungido, traducción a su vez del hebreo mashiah, que en español es mesías. (La traducción del griego directamente al español es cristo. Por lo tanto, cristo y mesías son sinónimos que significan ungido.)
Th: la letra theta es la primera de Theou, palabra griega para decir de dios.
Y: la ípsilon es la primera letra de (h)yios, palabra griega para decir hijo.
S: sigma es la primera letra de sōtēr, palabra griega que significa salvador.

El resultado: “Jesús Cristo, hijo de Dios, salvador”.

En tiempos del Imperio Romano, durante casi todo el período comprendido entre el surgimiento del cristianismo como secta derivada del judaísmo y el momento en que Constantino la impone como la nueva religión oficial del Imperio, los cristianos eran tan perseguidos como los adoradores de cualquier otra religión que no fuera la romana (que hasta entonces era la religión oficial). Todos los dioses de la Historia han sido celosos y Júpiter, Marte y Neptuno no lo eran menos. Y sus ridículos celos, como sucedía entonces y sigue sucediendo hoy, demandaban la sangre de los infieles. Así que judíos, cristianos, mitraicos y demás ofensores eran perseguidos y con frecuencia asesinados si se negaban a adoptar la religión oficial.

Cada religión o secta debió buscar formas de adaptarse a esta situación para poder sobrevivir. Las personas que no querían abandonar sus creencias se veían forzadas a aparentar en público adorar a los dioses romanos, pero se reunían en secreto -y corriendo un gran riesgo- a estudiar su religión y practicar sus rituales propios. Para no ser descubiertos usaban palabras secretas o marcaban los lugares en los que era seguro reunirse con algún símbolo que sólo ellos conocieran. Uno de estos símbolos era el ichthys, el dibujo esquemático de un pez, que indicaba un lugar seguro para los cristianos.

Hoy en día el pez ya no se usa para marcar lugares secretos de reunión, sino que es común verlo en todo tipo de merchandising o pegado en la parte trasera de los automóviles, ya sea como uno más de los símbolos con que los cristianos se identifican a sí mismos, o como uno más de los muchos talismanes que la gente usa porque creen que los van a proteger o traerles buena fortuna.

En la actualidad, además, el símbolo del ichthys representa el bando del Creacionismo en su lucha constante contra la Teoría de la Evolución, representada a su vez por un pez con patas. Así como el original a veces es dibujado llevando el nombre Jesús en su interior, en su opuesto se suele escribir Darwin. El pastafarismo, una religión paródica creada por un movimiento que se opone a la enseñanza del Creacionismo (o teoría del Diseño Inteligente) en las escuelas públicas, también hizo su adaptación al símbolo original del ichthys.
El ichthys según el cristianismo, el darwinismo y el pastafarismo

viernes, 21 de junio de 2013

El murciélago y la cruz

El símbolo de Batman de 1989
Tiempo atrás dediqué un post a comparar el Batman viejo y el nuevo, es decir, el film de Tim Burton de 1989 y el de Christopher Nolan de 2005. Una pequeña diferencia que dejé para otro momento es ni más ni menos que internet. Antes de la época de la www, los productores de la primera recurrieron a la estrategia publicitaria de masificar el símbolo de Batman. Es así que por esos días podíamos ver el logo amarillo y negro hasta en la sopa: mochilas, remeras, billeteras, CDs, revistas y un largo etcétera. Recuerdo que poco antes del estreno se difundían los resultados de encuestas que mostraban al emblema del murciélago entre los símbolos más reconocibles en todo el mundo. Otro de ellos, a la cabeza de la lista, era la cruz cristiana. 
Un Cristo bastante sangriento
La forma del murciélago tenía por objetivo infundir miedo a los criminales. La cruz, el símbolo que más popularmente identifica a la religión con más seguidores en el mundo, no provocaba originalmente menos temor: su imagen representa -no creo que ningún lector lo ignore- uno de los instrumentos de tortura más crueles que la mente humana haya concebido, utilizado por persas, asirios y posteriormente romanos. Éstos últimos la usaron para castigar de forma ejemplar a esclavos, criminales, soldados capturados y otros enemigos de Roma, hasta que Constantino (sí, el mismo emperador que impuso al cristianismo como religión oficial del imperio, en parte por motivos políticos y en parte para no tener que asesinar a su propia madre) decidió abolir su uso. De todas formas, no es que a los romanos les faltaran formas de matar personas (y más adelante el catolicismo medieval fue aun más inventivo).

Al igual que las naciones, las religiones siempre han usado emblemas para diferenciarse unas de otras. También les sirven -a las religiones- para masificar sus doctrinas e identificar a sus fieles, así como para amedrentar no sólo a sus enemigos, sino también a sus seguidores cuando no se comportan como deben. La espantosa imagen del Cristo torturado y moribundo clavado en la cruz es un recordatorio permanente no sólo de lo que (según el catecismo) él sufrió por nosotros, sino también del tipo de dolor que nos puede esperar si le damos la espalda a su fe y terminamos en el Infierno.

Si bien el miedo (no a la muerte -que los creyentes suelen más bien ansiar-, sino a perder su lugar en el Cielo, a la condena eterna de su alma inmortal en el Infierno y, por ende, al dolor físico que allí suponen que sufrirían eternamente, a pesar de no tener cuerpo) es la base misma de su fe, no todos los cristianos reconocen este hecho e insisten en que se trata de una religión inspirada por -y dedicada a- la paz y el amor fraternal (esto es común a todas las religiones; ninguna reconoce el daño que causa), y que eso es lo que representa la cruz. Sin embargo, basta recordar las Cruzadas, la Inquisición y todas las “guerras santas” para imaginar el terror que su visión debía haber provocado (*). En aquellos casos, los atemorizados eran los infieles (otra forma de decir no cristianos) y herejes (otra forma de decir aquellos que desafiaban las doctrinas cristianas, aunque en esa categoría era común que cayera algún inocente de ese crimen que, para su desgracia, había enemistado a la persona equivocada), que eran torturados y muertos o quemados vivos públicamente. Hoy, como la Iglesia no puede (más por una cuestión de imagen que por falta de ganas, estoy seguro) seguir con esas prácticas, este temor es reservado para todos aquellos que pequen, que no es más que otra forma de decir todos aquellos que no vivan sus vidas de acuerdo a los caprichos de esa religión y sus representantes terrenos. 
"Si Jesús hubiera muerto en la silla eléctrica"
¿Habrá imaginado alguna de las incontables víctimas del staurós que pequeñas versiones a escala del mismo algún día serían llevadas por las personas en pulseras, collares, tatuajes, remeras y un larguísimo etcétera, no sólo como objeto de culto, sino también como suvenires o como simple decoración? ¿Que sería una moda, un objeto de merchandising que bien podría ser parte de la promoción de una película? ¿Tendrán en cuenta quienes cuelgan esa imagen morbosa en los espejos de sus autos o en las paredes sobre sus camas e incluso en las habitaciones de sus niños o en los hospitales, que la cruz se usaba para asesinar gente por medio de una agonía terrible que podía durar varios días? Puedo imaginar dijes y rosarios con forma de ruedas o toros (otros instrumentos medievales usados para infligir dolor) pero, si a Jesús lo hubieran -siempre según el cuento bíblico- torturado y asesinado en un potro, ¿llevarían colgada sus seguidores de hoy la figura de una mesa de tortura? Yo supongo que sí. Y sería igual de lamentable. 
Es digna de mencionarse también la ironía de que, mientras que la existencia de Jesús nunca fue demostrada y pocos creyentes la cuestionan, el uso del “madero de tormento” para torturar y asesinar hombres y mujeres sí está perfectamente documentado. Abstraídos (repito que no creo que ignorantes) del dolor y muerte que causó a millones de personas reales, los cristianos más devotos se postran ante la cruz y lloran por el sufrimiento de un ser muy posiblemente ficticio. Claro, uno era el hijo de su dios: los demás eran sólo seres humanos. (**)


(*) Mencionar las Cruzadas y la Inquisición es una mera simplificación, ya que la Iglesia Católica ha llevado adelante, auspiciado o bendecido todo tipo de guerras, conquistas, genocidios y dictaduras. Las Cruzadas, específicamente, fueron sangrientas campañas militares impulsadas por la Iglesia y llevadas a cabo entre los siglos XI y XVI contra los musulmanes, eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos y, principalmente, contra los enemigos políticos de los papas.

La Inquisición fue un conjunto de instituciones creadas cerca del siglo XII con el objetivo de combatir la herejía y la proliferación de otras sectas y religiones. Todo aquel que violara las leyes canónicas corría el riesgo de ser “investigado”, lo que habitualmente quería decir torturado. Con el correr del tiempo su actividad se expandió también a la cacería de brujas. La Inquisición perdura hoy en día (aunque ya no se dedican a torturar, al menos no físicamente), después de haber sido renombrada varias veces, bajo el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe.

(**) Esta abstracción de lo humano en beneficio de lo divino es uno de los peores y más comunes aspectos de las religiones. El dolor propio y de los demás no importa tanto cuando uno está seguro de que después del mismo irá al Paraíso por toda la Eternidad.


martes, 5 de marzo de 2013

Ser cristiano en un país musulmán

Monjes coptos
Si no es fácil pertenecer a una minoría religiosa, menos lo es en un país musulmán. Esa es la situación de los cristianos ortodoxos egipcios, los coptos.

Se supone que el cristianismo entró en Egipto alrededor del año 42 con San Marcos el Evangelista (aunque hay coptos que sostienen que su cultura es pre-cristiana, derivada del faraonismo, lo que les permite proclamarse herederos de la cultura egipcia). Los coptos tienen su propia Iglesia (en realidad cuatro: la Copta u Ortodoxa, la Ortodoxa de Alejandría o Griega, la Católica Copta y la evangélica copta, cada una con un patriarca casi equivalente al Papa católico. Con el tiempo, sus principales aportes al cristianismo mundial fueron las escuelas de catequesis y el monacato, y los primeros tres concilios ecuménicos de la cristiandad fueron presididos por egipcios.

Cuando Egipto fue conquistado por los musulmanes, los coptos dejaron de ser mayoría y sufrieron frecuentes y brutales persecuciones. Recién a principios del siglo 19 y gracias a Mohammed Alí, valí de Egipto del 1805 al 1848, y a Cirilo IV de Alejandría, patriarca copto entre 1854 y 1861, las cosas parecieron mejorar para ellos. Si bien constituían entre el 10 y 20 % de la población, se estima que para la mitad del siglo 20 llegaron a acumular el 50 % de la riqueza del país.

Esta época dorada se les terminaría en el '52 con el golpe de Estado que puso al mando de Egipto a Gamal Abdel Nasser Hussein, un panarabista acérrimo. Por un lado, Nasser llevó adelante una política de nacionalización masiva, lo que afectó severamente la economía de los coptos; por el otro, su profundo nacionalismo lo hizo obstruir o tanto como pudiera las actividades culturales y religiosas de las etnias no árabes, demorando las construcciones de sus templos (hasta hace muy poco se necesitaba una autorización presidencial para poder realizar reparaciones o mejoras en las iglesias; hoy sólo debe aprobarlas cada gobernador), cerrando sus cortes religiosas y confiscando tierras y otros bienes de la Iglesia. Esto hizo que muchos coptos, sin plena libertad para profesar su credo y sintiendo perderse su identidad egipcia pre árabe, terminaran emigrando.

En la actualidad, los extremistas musulmanes siguen persiguiendo y atacando a los coptos -y a todos los cultos no islámicos- y los ejemplos de violencia causada por el odio religioso abundan. Las peores consecuencias, claro, suelen ser para aquellos musulmanes que osen convertirse a otros credos. La mayoría de las conversiones no son reconocidas por el gobierno y quienes lo intenten pueden ser juzgados por "alterar el orden público". Además, muchos casamientos interreligiosos no son permitidos. Esto es porque, como pasa en todos los cultos, lo más importante es que los niños no sean educados fuera de la religión. Así que se hace todo lo posible para que los matrimonios sean musulmanes con la intención de que los hijos también lo sean. También es común que las mujeres coptas sean secuestradas y obligadas a convertirse al islam y a casarse con hombres musulmanes. Cuesta imaginar peor destino.