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viernes, 6 de septiembre de 2013

Forros contra los forros

Sinskey - Quienquiera que sea usted, sabe perfectamente bien que la OMS se toma la superpoblación muy en serio. Hace poco, hemos gastado millones de dólares en enviar médicos a África para que repartan preservativos de manera gratuita y eduquen a la gente sobre la importancia del control de natalidad.
Zobrist - ¡Ah, sí! -dijo el hombre alto en tono burlón-. Y un ejército todavía más grande de misioneros católicos ha ido detrás para decirles a los africanos que si usan condones irán al infierno. Ahora África tiene un nuevo problema medioambiental: vertederos llenos de condones sin usar.

                                                                                              ...

Sinskey - El Vaticano me odia.
Langdon la miró sorprendido.
Langdon - ¿A usted también? Creía que era el único.
Ella sonrió con tristeza.
Sinskey - La OMS opina que el acceso generalizado a los métodos anticonceptivos es una de las claves de la salud mundial, tanto para combatir enfermedades de transmisión sexual, como el caso del SIDA, como para el control de la población.
Langdon - Y el Vaticano no está de acuerdo.
Sinskey - Así es. Gastan enormes cantidades de energía y dinero en adoctrinar a países del Tercer Mundo sobre las maldades de la contracepción.
Langdon - Claro -dijo Langdon con una sonrisa de complicidad-. ¿Quién mejor que un grupo de octogenarios célibes puede decirle al mundo cómo debe practicar sexo?

Los diálogos fueron tomados de la novela Inferno, de Dan Brown.

lunes, 14 de mayo de 2012

Algunas reflexiones sobre el aborto


Como esta es la primera vez que escribo sobre el tema, quería aclarar mi posición en cuanto al aborto: creo que se debe respetar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, sin que nadie les diga lo que deben hacer o no. Después, si queremos disminuir al mínimo los embarazos no deseados (y, de paso, las enfermedades de transmisión sexual), la solución no es que éstos sean ilegales, sino que debería ser prioritario que de una vez por todas haya en todas las escuelas del país -y del mundo- una educación sexual seria, completa y responsable, libre de mitos, culpas y dogmas religiosos. Además, los métodos anticonceptivos deben estar disponibles y accesibles para todas las personas, y la sexualidad y la anticoncepción deben dejar de ser temas tabú, como lo son hoy para tanta gente.

No comparto las distintas posiciones antiabortistas que he visto hasta ahora: no creo que un embrión de unas pocas semanas sea una persona, no creo que tenga derechos, ni que haya que defenderlo de nada por el hecho de que no tenga la culpa de nada (esto puede parecer una obviedad, pero la inocencia de los embriones es un argumento muy usado en contra del aborto). Es decir, no comparto en absoluto que interrumpir un embarazo sea un asesinato. Mucho menos estoy de acuerdo con la muy habitual propuesta de que, ante un embarazo no deseado, se obligue a las madres a completar el embarazo, tener a sus hijos y luego regalarlos.

Ahora, claramente no es lo mismo realizar un aborto en un embarazo de 4 semanas que en uno de 30, así que, sí, debe haber un límite. Pero éste debe ser decidido por médicos y especialistas en el tema, no por filósofos, religiosos ni políticos. Hoy se habla de limitar la posibilidad de abortar hasta las 12 semanas. Esto, claro, a menos que en una etapa más avanzada, los médicos consideren necesario interrumpir el embarazo por algún riesgo para la salud de la madre o algún otro motivo. Sin embargo, es frecuente encontrarse con intentos de sumar gente a la causa antiabortista por medio de publicidades engañosas, como imágenes de madres con grandes panzas, obviamente en estados avanzados de gestación, o de bebés recién paridos y un cartel con alguna frase del estilo de "no me mates".

También se suele discutir mucho sobre las causas ante las cuales cada uno estaría de acuerdo o no con que se realicen los abortos. Personalmente, no creo que los motivos sean asunto de nadie más que la mujer embarazada y, a lo sumo, el padre. Seguramente hay razones con las que estaríamos de acuerdo y otras con las que no, pero eso no es suficiente para decirle a nadie lo que debe o no hacer. Por ejemplo, uno pensaría que pocas personas estarían en contra de que una chica de tan solo 11 años -para colmo violada por un familiar- aborte lo antes posible. Sin embargo, hay gente que lo está, incluso en casos tan aberrantes como este.

Una de las teorías dominantes entre los antiabortistas es que, de legalizarse el aborto, hombres y mujeres dejarían totalmente de lado todos los métodos anticonceptivos, con la tranquilidad de que, ante un embarazo no buscado, podrán deshacerse del indeseado producto sin mayores problemas. De ninguna manera comparto esta visión. Simplemente no creo que nadie desee abortar así porque sí, ni se sienta feliz al hacerlo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Sobre el “asunto” de la religión


Obviamente, soy ateo. Siempre lo fui. Mis padres nunca me inculcaron ninguna creencia y tuvieron la amabilidad de no enviarme a un colegio religioso, cosa que no terminaré de agradecerles. En consecuencia, formé mi propia opinión respecto de las religiones desde muy chico, con observaciones cotidianas y leyendo a Carl Sagan, Isaac Asimov y, aunque suene extraño, Stephen King, entre otros. Desde las primeras veces que puedo recordar haberme planteado el tema, me pareció obvio que la religión a la que uno pertenece es simplemente obra de la geografía y el azar. Todo depende de cuándo y dónde nacemos y no hay nada que podamos hacer al respecto.
Los Pitufos

Así como no creo en ninguna religión (catolicismo, judaísmo, islamismo, hinduismo, mormonismo, etc.), no creo tampoco en absolutamente nada sobrenatural, mágico o místico, como la adivinación, la brujería o los fantasmas, ni en ninguna pseudociencia, como la astrología o la homeopatía, por citar dos de las más populares. Creer en cualquiera de todas estas cosas sería, para mí, lo mismo que creer en los Pitufos.

En lo que a religión se refiere, no me molesta lo que los demás crean e incluso hay muchas tradiciones que me gustan. El problema surge cuando esas creencias me afectan a mí o a otros que no las compartimos. Siempre me pareció que las religiones, en general, tienden a pasar por encima de las libertades individuales en pos de un supuesto -y no siempre real- bien común. Supongamos que aceptamos que el mensaje central de las principales religiones es la paz y el amor. Aún así, si vamos un poco más allá, nos encontramos con que en temas de gran importancia social, las distintas religiones siempre tienen algo para decir y no siempre sus opiniones tienen como único o mayor objetivo el bienestar de los ciudadanos, sino que más bien dan la impresión de perseguir sus propios intereses. Sus representantes dicen hablar por todos los fieles, pero ¿cómo es posible que sea así, si las religiones no son democracias? Los representantes religiosos no son elegidos por los creyentes, sino por las autoridades de mayor jerarquía.

En Argentina, la Iglesia Católica es la que mayor poder tiene y la única con representantes prácticamente directos en el Congreso de la Nación. Veamos algunas de las leyes y políticas de las cuales está (o al momento de su debate estuvo) en contra:

  • Educación sexual: el Programa de Educación Sexual Integral incluye en sus lineamientos curriculares la obligación de desarrollar contenidos que promuevan el conocimiento “de todos los métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad existentes, y el análisis de sus ventajas y desventajas para permitir elecciones concientes y responsables, enfatizando en que el preservativo es el único método existente para prevenir el VIH/Sida.” A pesar de esto, y gracias a la presión de la Iglesia y la desidia de los gobernantes, en las escuelas de muchas provincias de Argentina la educación sexual no existe, mientras que en provincias como Salta, por ejemplo, se prioriza la educación religiosa en escuelas públicas por encima de la educación sexual. La enseñanza de la ciencia, en general, da lástima.
  • Educación pública laica: sin dudas, la educación pública debe ser laica. No considero ético ni moral inculcar educación religiosa a niños que no tienen edad para comprender o discernir lo que se les está enseñando. Esto equivale, sin más, a quitarles el derecho a decidir en qué quieren creer, ya que a tan corta edad, creerán cualquier cosa que sus padres y/o maestros les enseñen. En Argentina, la Iglesia no estuvo deacuerdo con el cambio de educación religiosa a laica y sus representantes siguen dando batalla cada vez que pueden.
  • Uso de preservativos: fomentar su uso disminuiría la transmisión de infecciones de transmisión sexual, así como la cantidad de embarazos no deseados. La Iglesia, salvo contadas excepciones, sigue estando en contra de su uso.
  • Matrimonio civil: desde que existe, las parejas ya no necesitan casarse por iglesia si no lo desean. La Iglesia estuvo en contra de sucreación, por considerarlo contrario a los valores católicos de familia y tradición.
  • Divorcio vincular: desde que existe, los matrimonios se pueden disolver legalmente. La Iglesia estuvo en contra de esta ley, vaticinando que sería el fin de las familias.
  • Matrimonio de parejas del mismo sexo: aprobado recientemente en Argentina, permite que parejas homosexuales puedan casarse. La Iglesia jamás estuvo de acuerdo, aunque algunos de sus miembros alzaron voces a favor y fueron, en consecuencia, separados de sus funciones.
  • Aborto: en Argentina sigue siendo ilegal, aunque hay casos específicos en los que es no punible. Sigue sin darse el debate y la Iglesia está absolutamente en contra en cualquier caso.Todo lo referente a la salud reproductiva es mala palabra y la desinformación y difusión de mentiras y falacias es constante.
Seguramente hay más ejemplos, pero estos me parecieron los más importantes. Quienes no compartimos la fe católica y estamos ansiosos por que estos temas de debatan en profundidad y se aprueben las leyes necesarias, no sólo debemos esperar los interminables tiempos de la legislación argentina, sino que también debemos escuchar cómo representantes religiosos participan del debate, intentando, y muchas veces logrando, influir en nuestras vidas, a pesar de que no compartimos sus creencias.

¿Cuántos de los ciudadanos argentinos se sienten realmente representados por la Iglesia? Puede que  muchos, pero ciertamente no todos. Ahí radica la importancia de un Estado laico. Un Estado laico (o secular) no es un Estado sin religión, sino uno aconfesional, en el cual existe una separación entre el mismo y las religiones. Es así que todos los ciudadanos gozan de libertad de credo, pero se garantiza que no haya influencias de las comunidades o instituciones religiosas en ninguno de los poderes: ejecutivo, legislativo o judicial. Por supuesto, un grupo religioso siempre puede hacer presión o lobby, pero -teóricamente- no recibe trato preferencial y las leyes no se dictan en base a las demandas de una religión, sino -si todo funciona bien- teniendo en cuenta el bienestar y la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.

Por el contrario, un Estado confesional es aquel en el que el Estado adhiere a una religión específica, que pasa a ser la religión oficial del país. En los países que se encuentran en esta situación, puede haber o no tolerancia hacia otras religiones. Un caso extremo es el de las teocracias, que son países donde los líderes religiosos y gubernamentales son los mismos o coinciden casi totalmente en sus políticas, de forma que la influencia de una determinada religión sobre el Estado es total. Ejemplos de Estados teocráticos actuales son: el Vaticano, Irán y ArabiaSaudita.

Símbolos de las principales religiones
Imaginemos una situación en la que fuéramos minoría en un Estado confesional perteneciente a una religión distinta de la nuestra. Supongamos, por ejemplo, que en la Argentina la religión mayoritaria fuera la Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová. ¿Cómo nos sentiríamos, no perteneciendo a ese credo, si se nos niega una transfusión de sangre que podría salvarnos la vida, porque la política oficial es que las transfusiones (que los Testigos comparan con comer sangre, acto prohibido por Dios) son ilegales? No es arriesgado aventurar que nos sentiríamos frustrados, por decirlo suavemente, si una decisión semejante se viera influida por una creencia religiosa que nosotros, también ciudadanos de ese Estado, no compartimos.