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sábado, 27 de abril de 2013

La mala educación

Como todos los años, el Círculo Escéptico Argentino está organizando un "suicidio" homeopático con el objetivo de informar sobre la estafa que es la homeopatía. Estos eventos, que se realizarán en Capital Federal y en la ciudad de Córdoba, fueron publicitados en Facebook, donde recibimos comentarios que se dividen claramente en aquellos de apoyo (y también algunas consultas) y aquellos de absoluto repudio e incluso insultos. Entre los últimos es común que las personas aseguren que a ellos les funcionó, por lo que nosotros estamos cometiendo un error y haciendo un daño al hablar mal de estas falsas terapias. Pero llama la atención este, que cae en todos los clichés posibles (como siempre, no corrijo los errores gramaticales ni ortográficos en comentarios ajenos):
"Por que no se van bien a la concha de su madre putos culiados malparidos. haganse vacunar putos imbeciles servilistas de las multinacionales judio masonico cionistas satanicos"
El mismo poeta de los muros después sigue:
"lOS QUIERO VER CUANDO ESTEN POR IRSE DE ESTE MUNDO SERES DEL DEMONIO, HABER SI SE HACEN QUIMIOTERAPIA EN CASO DE TENER CANCER PELOOOOOOOOOOOOTUDOS"
Obviamente, tantos insultos indican que no tiene intenciones de discutir ni argumentar nada, sólo agredir, pero igualmente me da pie para varias reflexiones. 
Al mandarnos a que nos vacunemos supongo que quiere decir que para él las vacunas son malas, otra vieja teoría conspiranoica sin sentido. (Claro que también puede ser otra guarangada, pero bueno...)

Después nos tilda de todo aquello que seguramente no conoce, para él representa todo lo malo y tiene claramente la culpa de todos los problemas del mundo: los judíos (sionistas para él debe ser lo mismo, y para mucha gente lo es), los masones y los satanistas (más abajo nos llama seres del demonio, así que voy a suponer que es católico o evangelista). Claro, no podían faltar las siempre malvadas empresas multinacionales, de las que asegura que somos empleados o algo así. No vaya a ser que se nos ocurra pensar por nosotros mismos.

Finalmente, recurre al viejísimo y trilladísimo "no hay ateos en las trincheras" con lo de desafiarnos a ver si usamos quimio en caso de enfermar de cáncer. Para él no nos animaríamos, y optaríamos por la indolora (e inocua) homeopatía. Porque si es medicina, seguro es un invento de los malvados laboratorios que sólo buscan enfermar a la población para enriquecerse, ¡mbuajajajaja!
Miembros del CEA en el "suicidio" del año pasado.
Así que ya sabés, si estás a favor de vacunarte e inmunizarte a vos y a tus hijos, seguramente sos judío, masón o satanista. Si no, es que trabajás para alguna corporación que intenta dominar al mundo. Ah, y si te enfermás y recurrís a la medicina en vez de a las pseudociencias, es que sos un valiente o un masoquista, y seguro no te vas a curar.
Es este tremendo nivel de ignorancia, además de tanta violencia verbal y una negación total a intentar pensar con lógica o siquiera a debatir algo con tranquilidad lo que debería convencernos cada día más de la importancia de difundir el pensamiento científico y la importancia de la educación en cualquier sociedad. Sin educación, sólo queda la barbarie.

"La ciencia [...] plantea hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimentación y observación. [...] La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla."
Carl Sagan, "El mundo y sus demonios"

jueves, 28 de febrero de 2013

1er Aniversario / 100 entradas

El blog ha cumplido un año. No es mucho, pero confieso que cuando lo empecé no sabía si iba a llegar a durar tanto. Tampoco imaginé que para su primer aniversario ya iba a tener publicadas 100 entradas.Pero bueno, hemos llegado. En este año recorrimos una parte del espectro de las pseudociencias y sus consecuencias, hablamos de algunos de los muchos males causados por las religiones, mostramos cómo refutar algunos mitos y leyendas urbanas y, por supuesto, no pudo faltar el tema del fin del mundo. ¿Qué nos deparará este año? Por ahora, simplemente dejo algunos videos para que se diviertan.

Un poco de humor en una excelente parodia a la homeopatía y otras pseudociencias, tomado de That Mitchell and Webb Look:



El inefable Tim Minchin nos deleita con una canción sobre una chica un tanto particular, Storm:




Para terminar, nos ponemos más serios con algunos hitchslaps de Christopher Hitchens:




jueves, 3 de mayo de 2012

Si tu médico te recomienda usar homeopatía, lo mejor para tu salud sería que cambies de médico


Todo dicho, ¿no?
Claudio María Domínguez (a quien ya le dedicaremos algún post) publica en su blog en Infobae un artículo del Doctor Ignacio Torres, en el cual contesta a la nota escrita por Roxana Kreimer para Clarín a raíz de la Semana Mundial de la Homeopatía y su contraparte, el Suicidio Homeopático. Torres dice que 
"[...] el punto central de discusión es que aún no se ha podido explicar como es que funcionan los medicamentos homeopáticos, y no así como sostiene la licenciada en filosofía y doctora en ciencias sociales Roxana Kreimer en su nota publicada en el Clarín, que los medicamentos homeopáticos no tienen ninguna acción y son placebo." 
Según parece, para Torres es importante destacar que Kreimer no es doctora, como él. Veamos entonces las credenciales del doctor Torres, visitando su página web.

La pantalla de inicio nos recibe con imágenes de perritos, pastitos, paisajes que parecen wallpapers de Windows, y un mortero con alguna sustancia machacada, que van rotando y que tienen algunas leyendas explicativas debajo. Al lado de las imágenes, el buen doctor nos mira tranquilizadoramente, como diciendo "Entrá. Está todo bien." Al pie de la pantalla, el logo de la Liga Medicorum Homeopathica Internationalis.

Según su C.V., Torres se recibió de médico en la UBA e hizo la residencia en el Hospital Universitario CEMIC. Luego hizo un viaje a Vancouver, donde participó en la atención y tratamiento de pacientes en un centro de atención integrativa (palabra que hoy está muy de moda y que quiere decir “no preguntes lo que es, nada más creenos que te hace bien”) llamado Tzu-chi. La fundación Tzu-chi (literalmente, alivio, compasión) fue creada en Taiwán en 1966 por una maestra budista llamada Cheng Yen, impulsora del llamado budismo humanista. Esta fundación se sustenta principalmente con donaciones y el trabajo de voluntarios. Hoy tiene alrededor de 10 millones de miembros y sucursales en varios países. Sus actividades principales se relacionan con la caridad, la medicina, la cultura, la educación y la cultura humanista, tanto en países pobres como en zonas afectadas por desastres.

En ese instituto, Torres se encontró con homeópatas, acupuntores, osteópatas y médicos naturistas, experiencia que, según cuenta, lo convenció de que “las herramientas de las que disponía eran insuficientes para abordar y ayudar a solucionar la mayoría de las problemáticas de los pacientes que me consultaban. Eso me llevó a estudiar homeopatía y luego naturismo y medicina biológica para poder brindarle a cada paciente una medicina que lograse integrar la sabiduría de la medicina antigua junto con los últimos avances tecnológicos y conocimientos de la medicina moderna.” O sea...
Efectividad, by La Pulga Snob
Actualmente, el Dr. Torres practica la homeopatía y también la enseña como ayudante docente de la Asociación Médica Homeopática Argentina, como docente en la Escuela Superior de Medicina Osteopática Fulcrum y como miembro de la Asociación de Oncología Integrativa (otra vez esa palabra). Dice utilizar en su práctica la homeopatía unicista, el naturismo y la fitoterapia, pero también -sigue- “los últimos conocimientos de la medicina convencional para cuidar y ayudar a restablecer la salud de mis pacientes”.

Junto con su Curriculum, agrega la siguiente frase: 
“Creo que la formación del médico de hoy ha perdido los conocimientos fundamentales para cuidar al ser humano, conoce cómo funciona hasta el mínimo detalle sus células, pero ha olvidado y desconoce cuáles son las leyes fundamentales de su propia naturaleza”. 
Analicemos un poco: un médico recién graduado, que está terminando la residencia, se va a hacer un voluntariado en una clínica budista en Canadá, y cuando vuelve asegura conocer las leyes fundamentales de la naturaleza del ser humano, que la medicina de hoy ha perdido, y que en esta escuela-templo le enseñaron en unos pocos meses (o lo que sea que haya durado su estadía). La verdad, no me inspira mucha confianza. Un médico que crea en este tipo de charlatanerías me deja la duda de si realmente las cree y es, por lo tanto, un ignorante, o si sabe que no funcionan y es, entonces, un timador más que se abusa de la confianza de sus pacientes para venderles frasquitos con agua y pastillitas con azúcar. No conozco al Dr. Torres, así que no puedo saber la respuesta, pero sea cual sea, somos nosotros los que debemos informarnos sobre todas las charlatanerías que andan dando vueltas para no ser víctimas de sus engaños.

Una de las pestañas de su página web se titula: “La homeopatía - Un sistema médico terapéutico diferente y superador.” Entremos a ver qué dice.
Estampilla conmemorativa
“La homeopatía es un sistema terapéutico basado en el principio de semejanza enunciado por Hipócrates, ¨Similia Similibus Curentur¨ y en la administración de pequeñas dosis (infinitesimales) de una sustancia.”
Para empezar, el principio enunciado (similia similibus curentur) fue formulado por Hahnemann, no por Hipócrates. Por otro lado, las dosis en la homeopatía no son ni pequeñas ni infinitesimales, son inexistentes.
“La alopatía, es decir, la medicina convencional o tradicional es un sistema terapéutico basado en el principio “Contraria contrariis curantur”, es decir administrar sustancias que generan el efecto opuesto a los síntomas del cuerpo. El principio Aequalia aequalibus curantur es en el que se fundamenta el uso de vacunas.”
Aparentemente, no aprendió mucho en la Facultad de Medicina. La alopatía no es equivalente a la medicina. La intención del término alopatía, desde su primer uso por Hahnemann, es distinguir a la homeopatía como práctica y denigrar a la medicina. Nada más falso. La medicina cura con lo que sirva para curar. En algunos casos se usan pequeñas dosis de sustancias que causen los mismos síntomas observados en lso pacientes, con el objetivo de que el sistema inmunológico de nuestro organismo adquiera defensas contra los patógenos que los originaron, es decir, son remedios preventivos (ejemplo, las vacunas). En otros casos, se usan sustancias que contrarrestan los síntomas (ejemplo, los analgésicos). En otros casos, ninguna de las dos cosas (un dolor de muelas, por ejemplo, no se cura con homeopatía ni con alopatía, sino sacando la muela).
“La homeopatía es una rama de las Ciencias Médicas…”, etc. 
Un sector del Muro de Berlín, 1986 (T. Noir)
La homeopatía no es una rama de las ciencias médicas. Ni lo es, ni lo fue, ni pretende serlo. Es pura pseudociencia. Si alguien cree que la homeopatía funciona y quiere ser coherente con dicha aseveración, debe, por ende, creer que el remedio efectivo contra la sensación de ahogo es el preparado homeopático hecho en base a pequeños pedacitos del Muro de Berlín disueltos y diluidos hasta la inexistencia. Sí, Muro de Berlín diluido para curar la sensación de ahogo. Eso es homeopatía. O caca de perro diluida hasta el infinito para combatir la diarrea. De forma similar, existen preparados homeopáticos basados en diluciones de fragmentos de la Gran Muralla China, o frasquitos con diluciones de "emanaciones" de Stonehenge. Ni hablar del remedio contra la tos persistente y otros males: una supuesta dilución de trinitrotolueno (para más detalles: TNT). 

Sinceramente, no puedo creer que un médico crea en serio estas cosas. En este caso, resulta mucho más creible y confiable la opinión de una licenciada en filosofía y doctora en ciencias sociales, que la del Dr. Torres.

En próximas entradas, más sobre este tema.

martes, 10 de abril de 2012

¿Funciona la homeopatía? - Parte 2

Continúa del post anterior...
 
Un argumento habitual de quienes utilizan y defienden la homeopatía es que a ellos, o a algún conocido, les funcionó (el “a mí me funcionó” es una de las técnicas de marketing más empleadas por las pseudociencias y terapias alternativas y no tiene ningún valor para demostrar que algo sea cierto). Hay dos explicaciones para esto:

-          En primer lugar, la mayoría de los remedios homeopáticos están indicados para dolencias comunes contra las cuales nuestro organismo, a través de su sistema inmunológico, se puede llegar a defender solo: algunos dolores de cabeza, estrés puntual, resfriados, dolor o inflamación por contusiones leves, etc. Así que, si tomamos un remedio homeopático cuando aparecen los síntomas y a los pocos días estos síntomas desaparecen, da la impresión de que la homeopatía ha funcionado. Como ya dijimos varias veces, correlación no implica causalidad.

-          En segundo lugar, muchos casos pueden explicarse por el efecto placebo, que es un fenómeno natural ampliamente estudiado, por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento inocuo. El hecho de saberse tratado y la esperanza de curarse, provocan en el cerebro del paciente una sugestión que alivia los síntomas e incluso propicia la curación natural del mal mediante nuestro eficaz sistema inmunológico. De hecho, el efecto placebo puede ser tan importante, que en los estudios y ensayos clínicos se emplea siempre un grupo de control a los que se les administra un placebo en vez del medicamento bajo estudio, para poder distinguir qué efectos son atribuibles al medicamento y no al efecto placebo. Es muy común incluso usar el procedimiento de doble ciego, que implica que ni los pacientes ni quienes les administran los medicamentos saben qué pacientes están tomando el medicamento verdadero y qué pacientes están tomando placebo. De esta forma, los resultados no se ven influenciados por las expectativas de los paciente sin de los investigadores. (Más información sobre los ensayos de doble ciego en el video Here be Dragons.)

Hasta ahora, no se tiene noticia de que ningún estudio clínico serio haya demostrado, más allá de toda duda razonable, que los preparados homeopáticos tengan efecto estadísticamente superior al del efecto placebo.

Ahora, cabe preguntarse qué tiene de malo que las personas usen homeopatía ya que, como vimos, no tiene efectos secundarios e incluso a algunos les puede servir a través del efecto placebo. El hecho es que el efecto placebo no nos afecta a todos de la misma manera, por lo que es imposible predecir a quién le servirá y a quién no. Por otro lado, curar a través de engaños es al menos cuestionable. Ninguna pseudociencia o terapia alternativa es totalmente inofensiva, porque puede conseguir, y de hecho consigue, que personas enfermas dejen de ir al médico y recibir un tratamiento adecuado, poniendo sus esperanzas en técnicas que no funcionan en absoluto. Es jugar con la salud y la vida de la gente.

Uno de los ejemplos más impactantes es el de Gloria Thomas Sam, una niña nacida en Sídney en 2001, a la que a los cuatro meses de edad le fue diagnosticado un eccema (una forma de dermatitis o inflamación de la piel), del cual se habría recuperado completamente, si hubiera recibido el tratamiento correcto a tiempo. Pero su padre, Thomas Sam, de profesión homeópata y profesor en homeopatía, se negó a darle a su hija ningún remedio que no fuera homeopático. Gloria murió de septicemia cinco meses después del diagnóstico, con apenas nueve meses de edad. Sus padres fueron declarados culpables de homicidio y actualmente se encuentran en prisión. Es interesante destacar que, durante el período en el que su hija estuvo enferma, Thomas Sam sí acudió a un hospital convencional donde recibió tratamiento médico para unos cálculos biliares.

Lamentablemente, este no es un caso aislado. Hay decenas de casos registrados de muertes de personas que dejaron los tratamientos reales para tratarse con homeopatía y muchos casos más de empeoramientos y secuelas graves. La homeopatía no es inocua. De hecho, confiar en que la homeopatía funciona puede matar.

Para ser homeópata no hace falta tener ningún conocimiento sobre medicina o salud: si bien varias instituciones educativas ofrecen cursos o carreras de homeopatía, cualquier persona puede ingresar a la página de Boiron y obtener el título de Especialista en Homeopatía en pocos minutos y de forma gratuita. En un intento de protegerse de posibles demandas judiciales, los homeópatas suelen advertir a sus pacientes que la homeopatía no es una terapia alternativa, sino complementaria a la medicina convencional. Cuando la salud de algún paciente bajo tratamiento se agrava, generalmente no dudan en sugerirle que vea a un médico de verdad, para que haga lo que ellos no pueden: curarlo.

Si te interesó el tema, podés encontrar más información en estos links:
Agua homeopática, según La Pulga Snob
- Fragmento de una conferencia de James Randi
- Charla de Fernando Frías en el Amazings Bilbao 2011
- ¿Qué es la homeopatía?
- ¿Homeopatía? No, gracias en Escéptica
- Capítulo del programa Escépticos
- Monográfico de ARP sobre la homeopatía
- Documental El Fraude de la Homeopatía: La Prueba
- Cómo me convertí en homeópata especialista titulado
- 10 razones para no creer en la homeopatía
- Artículos en el Círculo Escéptico Argentino
- Artículos en Alerta Pseudociencias

domingo, 8 de abril de 2012

¿Funciona la homeopatía? - Parte 1

No. La homeopatía no funciona. Es sólo un engaño más. Una pseudociencia sostenida por gente que no necesariamente tiene conocimientos médicos y que sólo quiere sacarnos dinero (mucho), ofreciéndonos a cambio frasquitos con agua o pildoritas de azúcar, e ilusionándonos con la idea de curaciones mágicas, sin dolor, ni efectos secundarios.

Christian F. S. Hahnemann
Los principios fundamentales de la homeopatía fueron establecidos entre finales del siglo XVIII  y principios del XIX por el médico alemán Christian F. S. Hahnemann. Por aquellos años, la medicina estaba “en pañales” y los conocimientos de anatomía, fisiología o patología eran muy escasos, comparados con los actuales. Tampoco estaba muy claro qué provocaba las enfermedades, ya que era muy poco lo que se sabía sobre hongos, bacterias, virus, sustancias tóxicas, alérgenos y mucho menos sobre predisposiciones genéticas. Tampoco se sabía que los síntomas eran provocados por las enfermedades, así que se los trataba como si ellos en sí mismos fueran la enfermedad, es decir, se atacaba el síntoma y no aquello que lo provocaba. Las prácticas médicas habituales incluían, entre otras, sangrías, purgas, lavativas, trepanaciones y tratamientos con cianuro o mercurio. Como es lógico, no era extraño que muchos pacientes murieran a causa de estos tratamientos, antes que por las enfermedades (o por la conjunción de ambos factores). Ante este panorama, Hahnemann se decidió a buscar un método mejor para curar las enfermedades (síntomas) sin esos desastrosos efectos secundarios.

Hahnemann creía que las enfermedades eran desequilibrios de una “fuerza vital” que debía ser “reequilibrada”. En cierto momento, se encontraba traduciendo el libro Materia Medica, de William Cullen, donde se describían los efectos de la quinina para calmar las fiebres intermitentes. Decidió entonces aplicarse una dosis muy alta de quinina y sufrió una fuerte fiebre, así que pensó que, si una dosis alta provoca la enfermedad -y cuanto menor es la dosis, menores son sus efectos-, una dosis infinitesimal debería provocar la cura. Siguiendo ese razonamiento, propuso que cuanto más diluida estuviera una sustancia, mayores serían sus poderes curativos. De esta manera, se dedicó a tratar las enfermedades con sustancias que provocaran los mismos síntomas (similia similibus curentur, lo similar se cura por lo similar), pero en dosis ínfimas. Es por este motivo que llamó a esta nueva disciplina Homeopatía: en griego, homoios significa similar y pathos, sufrimiento, o enfermedad.

El método que inventó Hahnemann para la preparación de remedios homeopáticos se llama “dinamización”, y consiste en lo siguiente:

1º: Se toma una parte de la sustancia a usar como base, o “tintura madre”.
2º: Se la diluye en 99 partes de agua y se agita enérgicamente (“sucusión”) con una serie de movimientos mecánicos muy concretos que sacuden y golpean la disolución (Hahnemann usaba su Biblia para golpear el recipiente). Se obtiene así una dilución llamada 1 CH, por Centesimal de Hahnemann.
3º: Se toma una parte de esa dilución 1 CH y se la vuelve a diluir en 99 partes de agua, sin olvidar el ritual de agitar y golpear con energía, obteniendo una dilución 2 CH.
4º: Se sigue repitiendo el proceso hasta el aburrimiento.
5º: Se sigue repitiendo el proceso.

Cada vez que se repite el proceso, la dilución obtenida está 100 veces más diluida que la anterior. Un cálculo químico sencillo permite deducir que en una dilución 12 CH ya no queda ni una sola molécula de la sustancia original. No contentos con eso, el proceso de dilución homeopática continúa hasta 30 CH, 60 CH e incluso 100 CH. Ante cualquier duda, esto puede verificarse, por ejemplo en la página de los Laboratorios Boiron, uno de los principales productores de remedios homeopáticos.

La explicación de Hahnemann a este sinsentido era que durante el proceso de sucusión, la sustancia activa le pasaba al agua parte de su “espíritu”, su “esencia curativa inmaterial”. Por eso, decía, el agua seguía conteniendo las propiedades de dicha sustancia. Los homeópatas actuales dicen que “el agua tiene memoria” y que “las vibraciones de las moléculas de la tintura madre hacen vibrar a las moléculas de agua, que las recuerdan”. El éxito de la homeopatía se debió justamente a que, al no ser más que agua, era mucho menos agresiva con los pacientes que los métodos tradicionales de la época y no tenía, como es obvio, efecto secundario alguno. Esto, en muchos casos, le daba tiempo al sistema inmunológico del paciente para actuar y curarse. Como consecuencia, la homeopatía triunfó y se consideró como método válido y Hahnemann ganó prestigio. Sin embargo, ninguno de sus principios básicos:

  • ni el de similitud (lo igual cura lo igual),
  • ni el de las dosis infinitesimales (cuanto más diluida está una sustancia, más potente es su poder de curación),
  • ni el de la “memoria” del agua,
tienen base científica alguna, sino que son totalmente falsos y se encuentran mucho más cerca del curanderismo y la brujería que de la medicina, contradiciendo los principios básicos de la biología, la química, la física y, claramente, el sentido común.

Aunque parezca mentira, la homeopatía nos depara algunas sorpresas más. Como no se trata de curar enfermedades, sino de re-equilibrar la “fuerza vital”, no hace falta que las sustancias que se emplean como supuestos principios activos, o tintura madre, provoquen realmente la enfermedad o dolencia que se supone que tratan; ni siquiera tienen que producir exactamente los mismos síntomas. Basta con que se les parezcan un poco, o que tengan cierta similitud alegórica o incluso poética. Para ilustrar esto, aquí van algunos ejemplos (aclaro que ninguno de ellos es broma, todos son remedios homeopáticos reales y se venden en muchas farmacias):
 
Enfermedad (síntoma)
Remedio homeopático
Enfermedades de la sangre
Veneno de la serpiente Lachesis Trigonocephalus, que produce pústulas sanguinolentas
Espasmos musculares
Cobre metálico (Cuprum metallicum*), cuya intoxicación provoca convulsiones
Estrés
Bayas venenosas del arbusto Strychnos nux-vomica, que alteran el sistema nervioso central
Hipotensión o anemia
Sal común (Natrum muriaticum*), porque en altas dosis deshidrata y destruye glóbulos rojos
Lagrimeo y moqueo
Cebolla (Allium cepa), porque al cortarla nos hace llorar
Cualquier tipo de dolor
Abeja (Apis mellifica*) triturada en lactosa y diluida, porque su picadura duele
Colitis o diarrea
Caca de perro (Excrementum canium*)
Sensación de opresión o ahogo
Muro de Berlín, triturado y diluido
Síntomas de la menstruación
Luz del planeta Venus (Venus Stella Errans*), almacenada y diluida
  *nombres inventados para el producto homeopático específico, no relacionados con la nomenclatura científica.

Productos homeopáticos
Una técnica que los homeópatas usan para que esto no parezca tan ridículo (aunque lo sea), consiste en poner a los productos nombres que suenen científicos. Para esto, simplemente usan el nombre científico -algunos reales y otros inventados- de las sustancias usadas como base de los preparados. Es decir, que cuando nos están vendiendo una dilución 30 CH de Allium cepa como remedio antigripal, no nos estamos llevando a nuestra casa nada más que un frasquito con agua (o pastillitas de azúcar impregnadas con agua), que es probabilísticamente imposible que contengan ni una sola molécula de jugo de cebolla común.

Continúa en el próximo post...