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martes, 3 de diciembre de 2013

Sacerdotes entrometidos

Si sos creyente, seguramente te resultará difícil de entender que la intromisión de los sacerdotes -generalmente católicos; no sé si alguna otra religión lo hace- en los hospitales sea algo tan indignante para un ateo y porqué este señor polaco tiene todo el derecho de demandar al hospital, así que pongamos un ejemplo:
 
Imaginate que tenés un familiar o amigo internado en estado grave (sí, es un ejemplo feo, así que supongamos que después al final zafa y todos felices) y que los médicos te dan la noticia de que está inconsciente y es muy probable que le quede poco tiempo. Como esa persona es católica o cristiana, salís a buscar a un cura conocido de la familia para que le administre el sacramento de la extremaunción, o sacramento de la unción de los enfermos. Pero resulta que un rato después, cuando volvés, te encontrás con que otra persona entró sin ningún permiso a la habitación del enfermo y, también sin ninguna autorización, realizó el ritual por su propia cuenta. ¿Eso te indignaría? ¿Te escandalizaría? Lo más probable es que un poco, pero no mucho. No es el mejor momento para ponerse a discutir. Es una situación ya de por sí difícil y, al fin y al cabo, un cura es un cura y el rito es el mismo.

Pero ahora imaginate que el religioso que entró sin permiso y le puso las manos encima a tu allegado no es de tu religión, sino de otra que no tiene nada que ver con vos ni con el moribundo. Dijimos que ya de por sí era una situación difícil, pero ahora, ¿mejoró o empeoró? ¿Te sentís contento de ver a alguien que no conocés, vestido con ropas raras, rezando quién sabe a qué dioses, haciendo quién sabe qué pases mágicos en la cara de tu pariente o amigo? ¿Te parece que él estaría contento? ¿Y si fueras vos el que estuviera ahí acostado?

A un creyente que está en las últimas, ver que se le acerca un cura puede resultarle reconfortante y tranquilizador. Le asegura que va a estar todo bien y que diciendo unas palabritas y tocándole la frente con aceite le garantiza que de acá se va derecho a un lugar mejor. 
 
Pero para un no creyente, es una visión desagradable y aterradora, que sólo sirve para recordarle que el final se acerca y las promesas de paraísos y recompensas a cambio de convertirse a su fe sólo le dan bronca. No es el momento de hacer proselitismo. Es un abuso y debería ser penado, no importan las buenas intenciones que en algunos casos seguramente haya. 
 
Un cura que acude cuando se lo llama puede ser un acto de compasión; uno que se entromete sin permiso, que deambula libremente por los hospitales buscando algún moribundo al que cantarle sus cantitos, es directamente una extorsión en el momento de mayor vulnerabilidad de una persona. Es totalmente inmoral y antiético. ¿Lo entendiste ahora?

viernes, 6 de septiembre de 2013

Forros contra los forros

Sinskey - Quienquiera que sea usted, sabe perfectamente bien que la OMS se toma la superpoblación muy en serio. Hace poco, hemos gastado millones de dólares en enviar médicos a África para que repartan preservativos de manera gratuita y eduquen a la gente sobre la importancia del control de natalidad.
Zobrist - ¡Ah, sí! -dijo el hombre alto en tono burlón-. Y un ejército todavía más grande de misioneros católicos ha ido detrás para decirles a los africanos que si usan condones irán al infierno. Ahora África tiene un nuevo problema medioambiental: vertederos llenos de condones sin usar.

                                                                                              ...

Sinskey - El Vaticano me odia.
Langdon la miró sorprendido.
Langdon - ¿A usted también? Creía que era el único.
Ella sonrió con tristeza.
Sinskey - La OMS opina que el acceso generalizado a los métodos anticonceptivos es una de las claves de la salud mundial, tanto para combatir enfermedades de transmisión sexual, como el caso del SIDA, como para el control de la población.
Langdon - Y el Vaticano no está de acuerdo.
Sinskey - Así es. Gastan enormes cantidades de energía y dinero en adoctrinar a países del Tercer Mundo sobre las maldades de la contracepción.
Langdon - Claro -dijo Langdon con una sonrisa de complicidad-. ¿Quién mejor que un grupo de octogenarios célibes puede decirle al mundo cómo debe practicar sexo?

Los diálogos fueron tomados de la novela Inferno, de Dan Brown.

jueves, 1 de agosto de 2013

El mismo homofóbico con piel de progresista

Durante su estadía en Brasil, y que fuera pagada por todos los brasileños, los medios, y especialmente los de Argentina, se ocuparon de multiplicar cada una de las palabras de Francisco I (el artista anteriormente conocido como Jorge Mario Bergoglio). Una de las frases que más repercusiones tuvo surgió en una rueda de prensa en su vati-avión, durante el viaje de regreso: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, se supone que dijo al responder a una pregunta referida al lobby gay en el Vaticano. Pero en realidad la frase fue recortada en la mayoría de las versiones gráficas. Las preguntas y respuestas completas pueden encontrarse en la página de aciprensa (para que no digan que está sacado de alguna web atea), Frankie respondió:

Francisco I
“[…] Luego usted hablaba del lobby gay. Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. [..]”
En primer lugar, parece como si hacer lobby fuera algo malísimo. Esto no es necesariamente así. En los países democráticos forma parte del “juego” de la política y Jorge Mario lo sabe muy bien. Dice que ningún lobby es bueno, pero en cada país en el que se encuentra representada, la Iglesia Católica prácticamente vive del lobby. El ahora Vicario de Cristo en la tierra, sin ir más lejos, hizo lobby (y mucho) contra el matrimonio homosexual. Y lo sigue haciendo hoy.

Jorge dice que él no es quién para criticar a una persona gay, pero en la frase completa vemos que aclara que esto es si -y sólo si, podemos suponer- esta persona, primero, busca al Señor y, segundo, tiene buena voluntad. ¿Significa que sí la criticará si no es católica, si es de otra fe o atea? Parecería que ser católico es requisito para que alguien pueda ser gay. Por otro lado, cuando uno dice “una persona de buena voluntad” suele referirse a alguien que es una buena persona (algo que primero habría que definir bien). Así que parece que ser buena persona es también un requisito para que Jorge te deje ser gay sin criticarte. Si hay quienes creen que los gays son malas personas, es gracias a frases como estas, proferidas por homofóbicos como este.

Traducido al castellano, sería algo así: si sos de mi misma religión y me parecés un buen tipo, podés ser gay y no te voy a criticar, aunque te voy a seguir tratando con la misma condescendencia que a alguien que padezca alguna enfermedad o algún tipo de impedimento. Y vamos ahacer lo posible para que te cures.

¿Y qué es entonces lo que dice el catecismo católico sobre los homosexuales? Que son unos desviados y que deben reprimirse sexualmente y rezar y rezar y rezar y rezar hasta que dejen de serlo. Ajá. Un psicólogo por allá, por favor. O, mejor, muchos.

No, Bergoglio no es progresista. No vino a cambiar nada, sólo a darle un poco de mejor imagen a la Iglesia, al menos a los ojos de la prensa crédula, ávida de titulares. Él, su religión y buena parte de su rebaño siguen siendo los mismos homofóbicos que hace dos mil años.

miércoles, 3 de julio de 2013

Los Borgia, de Mario Puzo

La historia de la familia Borgia es sumamente interesante, por eso el libro de Mario Puzo me decepcionó. No es entretenido y por momentos parece un simple relato de acontecimientos, uno tras otro, sin "ritmo". En otras partes, es hasta repetitivo. De todas formas, es un libro corto y fácil de leer que ilustra sobre la vida y obra de la que para su autor fue una de las primeras familias criminales de la historia, al estilo de las que protagonizaron sus anteriores novelas sobre la mafia italiana. Según su pareja, Puzo sostenía que "los Papas fueron los primeros 'Dons' y que, de ellos, Alejandro VI fue el Don más importante."

Ya sea porque se tomaba muy en serio la supuesta infalibilidad que conlleva el cargo de Vicario de Cristo o simplemente porque era un déspota, desde que fue coronado como el Papa número 214 Alejandro hizo uso de todas las artimañas habidas y por haber para mantener su poder por el mayor tiempo posible, a la vez que intentó unificar a todos los territorios de Italia, regidos entonces por señores feudales, reyes y obispos, bajo el dominio de la Iglesia Católica. A fuerza de espadas y cañones, claro.
Sin tapujos, Puzo narra cómo se elegían los pontífices en la época de Roderic Borja (alias Rodrigo Borgia, Alias Alejandro VI) y cual era la verdadera naturaleza de sus funciones que, lejos de ser sanctas, eran más bien idénticas a las de un rey, un emperador u otro monarca. Designaban cardenales a conveniencia, comandaban a los ejércitos pontificios -tanto para defender a Roma de ataques de invasores como para asediar y conquistar nuevos terrenos, palacios y fortalezas "para la mayor gloria de Roma"- y casaban a sus hijos e hijas con los de otros monarcas para sellar relaciones mutuamente beneficiosas. Más de un Papa, Borgia entre ellos, directamente ordenó torturar y asesinar a enemigos y opositores y era habitual el uso de las bulas papales, las bendiciones y las excomuniones como moneda de cambio en las negociaciones.

Titulado originalmente The Family (la familia), Los Borgia se centra en las relaciones dentro y fuera de la familia Borgia, sus esposas, amantes, concubinas y sobre todo en el amor entre los hermanos César y Lucrecia. Hay celos, traiciones, odios, venganzas y mucha violencia. Este fue el último libro que escribió Puzo antes de morir. Como había quedado inconcluso, fue completado por su secretaria y compañera, la escritora Carol Gino, en colaboracion con el historiador Bertram Fields.

viernes, 21 de junio de 2013

El murciélago y la cruz

El símbolo de Batman de 1989
Tiempo atrás dediqué un post a comparar el Batman viejo y el nuevo, es decir, el film de Tim Burton de 1989 y el de Christopher Nolan de 2005. Una pequeña diferencia que dejé para otro momento es ni más ni menos que internet. Antes de la época de la www, los productores de la primera recurrieron a la estrategia publicitaria de masificar el símbolo de Batman. Es así que por esos días podíamos ver el logo amarillo y negro hasta en la sopa: mochilas, remeras, billeteras, CDs, revistas y un largo etcétera. Recuerdo que poco antes del estreno se difundían los resultados de encuestas que mostraban al emblema del murciélago entre los símbolos más reconocibles en todo el mundo. Otro de ellos, a la cabeza de la lista, era la cruz cristiana. 
Un Cristo bastante sangriento
La forma del murciélago tenía por objetivo infundir miedo a los criminales. La cruz, el símbolo que más popularmente identifica a la religión con más seguidores en el mundo, no provocaba originalmente menos temor: su imagen representa -no creo que ningún lector lo ignore- uno de los instrumentos de tortura más crueles que la mente humana haya concebido, utilizado por persas, asirios y posteriormente romanos. Éstos últimos la usaron para castigar de forma ejemplar a esclavos, criminales, soldados capturados y otros enemigos de Roma, hasta que Constantino (sí, el mismo emperador que impuso al cristianismo como religión oficial del imperio, en parte por motivos políticos y en parte para no tener que asesinar a su propia madre) decidió abolir su uso. De todas formas, no es que a los romanos les faltaran formas de matar personas (y más adelante el catolicismo medieval fue aun más inventivo).

Al igual que las naciones, las religiones siempre han usado emblemas para diferenciarse unas de otras. También les sirven -a las religiones- para masificar sus doctrinas e identificar a sus fieles, así como para amedrentar no sólo a sus enemigos, sino también a sus seguidores cuando no se comportan como deben. La espantosa imagen del Cristo torturado y moribundo clavado en la cruz es un recordatorio permanente no sólo de lo que (según el catecismo) él sufrió por nosotros, sino también del tipo de dolor que nos puede esperar si le damos la espalda a su fe y terminamos en el Infierno.

Si bien el miedo (no a la muerte -que los creyentes suelen más bien ansiar-, sino a perder su lugar en el Cielo, a la condena eterna de su alma inmortal en el Infierno y, por ende, al dolor físico que allí suponen que sufrirían eternamente, a pesar de no tener cuerpo) es la base misma de su fe, no todos los cristianos reconocen este hecho e insisten en que se trata de una religión inspirada por -y dedicada a- la paz y el amor fraternal (esto es común a todas las religiones; ninguna reconoce el daño que causa), y que eso es lo que representa la cruz. Sin embargo, basta recordar las Cruzadas, la Inquisición y todas las “guerras santas” para imaginar el terror que su visión debía haber provocado (*). En aquellos casos, los atemorizados eran los infieles (otra forma de decir no cristianos) y herejes (otra forma de decir aquellos que desafiaban las doctrinas cristianas, aunque en esa categoría era común que cayera algún inocente de ese crimen que, para su desgracia, había enemistado a la persona equivocada), que eran torturados y muertos o quemados vivos públicamente. Hoy, como la Iglesia no puede (más por una cuestión de imagen que por falta de ganas, estoy seguro) seguir con esas prácticas, este temor es reservado para todos aquellos que pequen, que no es más que otra forma de decir todos aquellos que no vivan sus vidas de acuerdo a los caprichos de esa religión y sus representantes terrenos. 
"Si Jesús hubiera muerto en la silla eléctrica"
¿Habrá imaginado alguna de las incontables víctimas del staurós que pequeñas versiones a escala del mismo algún día serían llevadas por las personas en pulseras, collares, tatuajes, remeras y un larguísimo etcétera, no sólo como objeto de culto, sino también como suvenires o como simple decoración? ¿Que sería una moda, un objeto de merchandising que bien podría ser parte de la promoción de una película? ¿Tendrán en cuenta quienes cuelgan esa imagen morbosa en los espejos de sus autos o en las paredes sobre sus camas e incluso en las habitaciones de sus niños o en los hospitales, que la cruz se usaba para asesinar gente por medio de una agonía terrible que podía durar varios días? Puedo imaginar dijes y rosarios con forma de ruedas o toros (otros instrumentos medievales usados para infligir dolor) pero, si a Jesús lo hubieran -siempre según el cuento bíblico- torturado y asesinado en un potro, ¿llevarían colgada sus seguidores de hoy la figura de una mesa de tortura? Yo supongo que sí. Y sería igual de lamentable. 
Es digna de mencionarse también la ironía de que, mientras que la existencia de Jesús nunca fue demostrada y pocos creyentes la cuestionan, el uso del “madero de tormento” para torturar y asesinar hombres y mujeres sí está perfectamente documentado. Abstraídos (repito que no creo que ignorantes) del dolor y muerte que causó a millones de personas reales, los cristianos más devotos se postran ante la cruz y lloran por el sufrimiento de un ser muy posiblemente ficticio. Claro, uno era el hijo de su dios: los demás eran sólo seres humanos. (**)


(*) Mencionar las Cruzadas y la Inquisición es una mera simplificación, ya que la Iglesia Católica ha llevado adelante, auspiciado o bendecido todo tipo de guerras, conquistas, genocidios y dictaduras. Las Cruzadas, específicamente, fueron sangrientas campañas militares impulsadas por la Iglesia y llevadas a cabo entre los siglos XI y XVI contra los musulmanes, eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos y, principalmente, contra los enemigos políticos de los papas.

La Inquisición fue un conjunto de instituciones creadas cerca del siglo XII con el objetivo de combatir la herejía y la proliferación de otras sectas y religiones. Todo aquel que violara las leyes canónicas corría el riesgo de ser “investigado”, lo que habitualmente quería decir torturado. Con el correr del tiempo su actividad se expandió también a la cacería de brujas. La Inquisición perdura hoy en día (aunque ya no se dedican a torturar, al menos no físicamente), después de haber sido renombrada varias veces, bajo el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe.

(**) Esta abstracción de lo humano en beneficio de lo divino es uno de los peores y más comunes aspectos de las religiones. El dolor propio y de los demás no importa tanto cuando uno está seguro de que después del mismo irá al Paraíso por toda la Eternidad.


viernes, 7 de junio de 2013

Esperando al Papa

Inocencio VIII, Giovanni Cybo
Corría mediados del año 1492 cuando el Papa Inocencio VIII (nacido Giovanni Battista Cybo en Génova) muere, dejando al Vaticano sin su líder y a Roma sumida en una profunda crisis económica. Tras de sí dejaba como herencia una importante cacería de brujas, a Torquemada como Gran Inquisidor de España y una cruzada contra los valdenses. También, como muchos de sus predecesores y sucesores, dejó hijos ilegítimos. (Inocencio VIII aparentemente sólo tuvo dos; su sucesor inmediato, Alejandro VI, tuvo 11 hijos de que se tenga noticia.)

El cargo de Papa o Sumo Pontífice es casi equivalente al de monarca (en realidad es un monarca, ya que su título es también el de Jefe de Estado y Soberano de la Ciudad del Vaticano), con sólo dos excepciones: el mismo no es hereditario y se supone que quien lo ocupa no debe tener esposa ni hijos. En la práctica, sólo la primera se ha cumplido en todos los casos: buena parte de los Papas han tenido esposas, amantes, concubinas y cortesanas, y en casi todos esos casos hubo hijos, que generalmente debían pasar como “sobrinos” para visitar a sus “santos” padres.

Además de “llevar la fe católica a todo el mundo” y entablar y mantener relaciones diplomáticas con otros Estados (en realidad, con sus representantes, sin mucha distinción de si son democráticos o no), sus responsabilidades incluyen el mando de las fuerzas del orden y el control de las finanzas vaticanas.

En tiempos de Inocencio VIII, los ciudadanos romanos esperaban al nuevo Papa con gran expectativa, casi con desesperación, por la sencilla razón de que Roma podía quedar sumida en el más absoluto caos durante los períodos sin Papa. Sin un gobernante, se resentían el comercio y el orden ciudadano, aumentaban los robos y homicidios y Roma misma corría el riesgo de ser invadida y conquistada por una potencia extranjera al no tener sus ejércitos a su máximo líder.
Alejandro VI, Rodrigo Borgia

Así que la gente se reunía por miles ante las puertas de la Basílica de San Pedro para esperar, pidiendo y rezando para que la elección del nuevo Papa restablezca prontamente la paz y el relativo bienestar. Los más de 15 días entre la muerte de Inocencio y la asunción de Alejandro VI (nome de guerre de Roderic Llançol i de Borja, quien pronto se haría llamar Rodrigo Borgia para disimular sus raíces españolas en una Iglesia mayoritariamente italiana) deben haber parecido eternos.

Hoy en día, siendo el Vaticano un Estado soberano e independiente de Italia (gracias a Mussolini, cabe recordar), ya no existe el riesgo de una invasión francesa o española ni de una guerra con las famiglias italianas. Tampoco sus calles se tornan más inseguras cada vez que un Papa fallece o renuncia o queda incapacitado para cumplir sus funciones. La policía vaticana está un poco más organizada que hace 500 años.

Los fieles ya no se reunen a esperar al nuevo Papa para que la paz y el orden vuelvan a sus vidas. Ahora lo esperan para que les diga cómo vivirlas: a quién amar, con quién tener relaciones, qué pensar, qué opinar, qué es lícito cuestionar y de qué cosas es mejor no hablar, quién es siervo de su Dios y quién sirve al "Príncipe de la Mentira". Es así que en esas ocasiones la ciudad-Estado del Vaticano se llena de decenas o cientos de miles de personas que creen que sin la existencia de un hombre ocupando ese cargo no podrían vivir o al menos que sus vidas serían mucho mejor con uno que sin él. Y los miles de comerciantes (cientos de miles si contamos el resto del mundo) que viven de vender su imagen. Ellos son, quizás, los únicos que obtienen un beneficio real cuando se anuncia el esperado habemus papam. (Bueno, los bancos vaticanos también.)

jueves, 14 de marzo de 2013

Habemus Papam

Jorge Mario Bergoglio era, hasta ayer, un ciudadano argentino de 76 años oriundo de Buenos Aires. A partir de hoy, después de la renuncia de Benny, se transformó en el Papa número 266 de la Iglesia católica y jefe de Estado del Vaticano. Siguiendo la costumbre iniciada por el Papa Juan II (éste se llamaba Mercurio, pero, o bien le pareció que su dios podía ofenderse si el máximo representante de su iglesia ostentaba el nombre de un dios romano, o pensó que los fieles no lo tomarían como un buen signo, así que lo cambió), Bergoglio desde ahora será conocido con el nombre papal de Francisco I. Es el primer papa jesuita y el primero de este continente.

Entre 1964 y 1966 fue profesor de Literatura y Psicología. Fue ordenado sacerdote en 1969, tuvo el cargo de 'provincial' de 1973 a 1979 y fue designado obispo titular de Auca en 1992, para ejercer como uno de los cuatro obispos auxiliares de Buenos Aires. En 1997, cuando la salud del arzobispo Antonio Quarracino empezó a debilitarse, Bergoglio fue designado obispo coadjutor. En 1998 tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires. En 2001, Juan Pablo II lo nombró cardenal. Además, se constituyó en el primado de Argentina, resultando así el superior jerárquico de la Iglesia católica argentina.
Es sabido que la Iglesia Católica siempre ha sido amiga cercana de dictadores y genocidas y los argentinos no han sido excepción. El periodista y autor Horacio Verbitsky escribió varios libros sobre este tema, entre los que se destaca "El silencio: de Paulo VI a Bergoglio: las relaciones secretas de la Iglesia con la ESMA", así como una buena cantidad de artículos y entrevistas a testigos en los que muestra cómo Bergoglio mismo se ocupó de ocultar la relación entre el episcopado argentino y la Junta Militar de Videla. Según esos testigos, Bergoglio no solo no ayudó, sino que perjudicó a numerosos sacerdotes y laicos secuestrados, torturados y desaparecidos.

Más recientemente, durante el debate en Argentina por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, el flamante Papa dio la nota con una carta dirigida a las monjas Carmelitas de Argentina, en la que se refiere al mismo como "una 'movida' del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios". La carta en sí merecería una entrada aparte. Es una diatriba retrógrada y misticista que parace sacada de algún escrito de hace dos mil años. "Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones." Por supuesto que no esperaba que un cardenal apoyara esta ley, pero hablar de engaños del diablo o leyes divinas ya es como mucho. Después se dedicó a la parte legal acusando a una jueza porteña que dictó un fallo por el cual se permitió un matrimonio entre personas del mismo sexo, de ignorar "las condiciones para que el matrimonio sea considerado como tal, refleja un serio desapego a las leyes que nos rigen". Parece que el que no sabe nada de leyes ni de matrimonios (ni de amor, ni -supuestamente- de sexo, ya que estamos) es él.
Defensor de pederastas, rudo cruzado en la lucha contra el demoníaco matrimonio gay e incansable luchador contra el derecho de las mujeres al aborto legal, Bergoglio (Pancho, a partir de ahora) era una elección tan mala como cualquier otra. Lo malo es que no sé si había candidatos mucho mejores.

miércoles, 23 de enero de 2013

Moralidad, de Stephen King

"No estoy afirmando haber vivido sin pecado. En absoluto. Aquellos que puedan decir (y supongo que existen unos cuantos) que nunca han pecado de acción ni de palabra, rara vez dicen que nunca han pecado de pensamiento, ¿cierto? La Iglesia cubre todas las fisuras. Nosotros ofrecemos el cielo y luego hacemos a la gente comprender que no existe esperanza de alcanzarlo sin nuestra ayuda... Porque nadie está libre de pecado. Y el pecado se paga con la muerte."
Reverendo George Winston - "Moralidad", de Stephen King

"Moralidad" es un cuento corto en el que King explora, una vez más, el concepto de pecado y sus consecuencias sobre el comportamiento de las personas. El reverendo Winston, parcialmente paralizado, decide que no puede morir sin pecar al menos una vez. Haber pecado "de pensamiento" no le alcanza, necesita algo un poco más fuerte, algo que realmente le haga sentir que ha cometido una falta grave. Como su situación física no se lo permite, decide contratar a su fisioterapeuta para que lo haga por él.  

***Alerta de Spoilers*** Winston le encarga que golpee a algún niño con suficiente fuerza para que éste sangre. Los detalles los deja a su criterio, pero él debe ver el acto en video y quedar satisfecho. Según el reverendo, el pecado cometido sería doble para él, ya que fue quien lo encargó. La enfermera y su marido no son creyentes, por lo que las consecuencias para sus "almas inmortales" no les preocupan, pero sí pasan días debatiéndose entre lo inmoral del pedido del sacerdote y el hecho de que su oferta les ayudaría a salir de su difícil situación económica.

La historia trata de cómo ella y su marido deciden si aceptar o no semejante tarea y cómo cambian sus vidas luego del hecho (sí, 200.000 dólares influyen bastante en su decisión).


jueves, 17 de enero de 2013

Benny y los ateos



Benny, el emperador
Ah, cómo me divierte analizar las palabras de Benny… Resulta que ahora los ateos en realidad no lo somos tanto, sino que sólo nos decimos ateos por ¿gusto?, ¿locura?, ¿ganas de molestar católicos? No sé, pero se equivoca mal (es una expresión local que significa que se equivoca mucho). En fin, veamos.

Benedicto dice que todos los seres humanos tenemos el deseo de conocer a Dios. Con esto se refiere a su dios, el de Benedicto, claro. Ahora, ¿tiene él mismo deseos de conocer a los dioses de otras religiones? La cuestión tiene relevancia porque así es justamente como se siente un ateo: sin el menor deseo de conocer a los dioses de otras personas. Sus creencias no nos incumben ni nos interesan, hasta que interfieren con nuestra vida, nuestra intimidad o nuestros derechos, al menos.

Entonces, ¿deseará Benny conocer a los dioses olímpicos, a los hindúes, a los africanos, romanos, egipcios, chinos, americanos y tantos etcéteras? No creo. Creo que la sola idea de que pueda haber otros dioses le es totalmente ajena. Y, la verdad, ni siquiera estoy convencido de que él mismo sea tan creyente, pero bueno.

Yo no ardo en deseos de conocer a Dios ni de "ver su rostro". Todo lo contrario. Como dije otras veces, por supuesto que extraño a los que ya no están y me gustaría volver a verlos, saber que están bien, etc, etc, pero esa es una fantasía infantil y ya somos adultos. Dios no existe, Papá Noel tampoco y no hay nada después de la muerte. Pretender lo contrario es sólo una reacción debida a nuestro miedo a aceptar nuestra propia mortalidad, así como la de nuestros seres queridos. También, claro, es un miedo a hacer quedar a quienes nos transmitieron la religión como ignorantes o crédulos y eso es mucha carga para cualquiera. Además, es admitir que tantos años hemos creído algo erróneo, así que nosotros también quedaríamos como tontos. Pero creer algo erróneo no nos transforma en tontos, el no querer admitir la posibilidad de estar equivocados, posiblemente sí. Volviendo a lo de conocer a Dios, si bien no creo que exista, en caso de que así fuera, la verdad es que no me encantaría conocerlo. Los motivos sobran.
 
El posible rostro de Jesús, junto al no tan posible
Siguiendo con el discurso de Benny, se la pasa hablando del amor al prójimo cuando la que él preside es una de las instituciones que más ha contribuido a lo largo de los siglos a dividir a las personas en todo el mundo. Habla de seguir a Cristo, pero no lo vemos caminando en sandalias como su supuesto mesías. Sentado en su trono con su cetro, su mitra y sus trajes -todo hecho con oro- muestran una opulencia muy contraria a las prédicas de Jesús. Habla de ver su rostro "en el pobre, en el débil y en el que sufre", cuando a la Iglesia poco le importa el progreso necesario para que deje de haber pobreza y sufrimiento, sino que pregona la reproducción masiva y descontrolada -que aumenta la pobreza- y está generalmente en contra de cualquier avance científico que no pueda explicar, que contradiga sus Escrituras o que signifique que la humanidad tenga algo que agradecer a alguien que no sea Dios. Dicho sea de paso, la posible fisonomía de Jesús (Jesús es Dios, Dios es Jesús, eso siempre me confunde) es muy distinta según a quién le preguntemos. Difícilmente haya tenido tez blanca y ojos azules como en las películas, series de TV e imágenes que vemos habitualmente. 
 
Sin embargo, para Benny & friends es suficiente comer un pedazo de pan y vino para, luego de unos pases mágicos, convertirlos en el ¿cuerpo? de Cristo y así, después de ¿comerlo? conocer su rostro. Suena lógico, ¿no? No, no es una secta de caníbales ni un grupo de locos escapados de un manicomio, es la Iglesia más grande del mundo...

Mañana seguimos, a la misma hora y en el mismo canal.

sábado, 29 de diciembre de 2012

¿A quién representa Benny?

Benny XVI
En un artículo reciente leíamos que "el Papa Benedicto XVI reveló que el Vaticano estaba listo para forzar (¿formar, quizás?) alianzas con otras religiones en contra del matrimonio homosexual y afirmó que la familia está amenazada “en sus cimientos” por intentos por cambiar su “verdadera estructura”."

Sin detenernos mucho en las diatribas homofóbicas habituales de Benny, más abajo el autor agregaba: "El Sumo Pontífice, de 85 años y líder de 1.200 millones de católicos en el mundo [...]"

¿Es Benedicto XVI el líder de 1200 millones de personas? Semejante idea sólo me produce escalofríos. En realidad, esa cifra (si la sacaron de Wikipedia, se refiere al año 2010) se obtiene del número total de bautizados en el mundo:
"La Iglesia Católica cuenta como católicos a todos los bautizados en la Iglesia (o admitidos a la misma si lo piden y habían sido antes bautizados en otros grupos cristianos) con sus derechos y deberes, y que no hayan hecho acto formal de defección de ella. Para la Iglesia Católica quien no practica como católico sigue formando parte de ella. Pero celebrar otros sacramentos no es lo que les hace católicos, sino el bautismo."
Es decir, no se tiene en cuenta que el bautismo se hace cuando las personas son bebés, sin preguntarles si quieren ser católicos o no. Se incluye a gran cantidad de adultos que no se consideran católicos, ni se sienten representados por esa Iglesia, y consideran al Papa un vegestorio retrógrado y autoritario a quien mucho no le interesan los derechos humanos. También entran en esas cifras todos los católicos bautizados para quienes el catolicismo consiste tan solo en decir "soy católico", sin mucho más compromiso. Incluso los excomulgados siguen siendo contados como católicos. 

¿Cuántos de esos 1.200 millones de personas realmente creen? ¿Cuántos de ellos, además, se sienten plenamente representados por el Vaticano y la Iglesia Católica y reconocen a Joseph Aloisius Ratzinger como su líder (espiritual, supongo)?