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lunes, 29 de julio de 2013

No es una protesta, es vandalismo.

Algunos de los destrozos causados
Lo de la semana pasada en Santiago fue vergonzoso y deplorable. Resumiendo, en Chile el aborto sigue estando prohibido en cualquier caso, incluso si se trata de una niña de ¡11 años! que fue violada por su padrastro, gracias a una ley de la dictadura de Pinochet que ya tiene más de 24 años y que ningún gobierno ha logrado (o querido) cambiar.
 
Soy el primero en entender que esto es atroz, que no puede ni debe seguir siendo así, y las voces de los mal llamados pro-vida me llenan de indignación, al igual que leer la noticia (y los comentarios) en los sitios de noticias católicos. Pero las posturas se defienden con argumentos, no con agresiones y mucho menos con violencia, que por otro lado sólo logra que los socios del club del libro único se sigan victimizando y usando justificaciones falaces para negar a las mujeres el derecho a decidir. Ahora pueden decir "¿Ven? Los abortistas y los ateos son unos violentos, unos inadaptados."

Las leyes antiaborto no pueden ser excusa para que un grupo de gente a entre a una Catedral (o a donde sea) y se ponga a gritar obscenidades y hacer todo tipo de destrozos. Quienes se encontraban allí en ese momento no tenían porqué ser testigos de semejante barbarie. Es esperable que hayan temido por su seguridad y estarían en todo su derecho, al igual que el resto de la comunidad católica y los ciudadanos chilenos, de sentirse indignados.

Por otro lado, ir a pedirle a la Iglesia que deje de meterse en la vida de los demás o que cambie su postura frente al aborto es pedirle peras al olmo. Es inútil. En todo caso, el lugar correcto para las protestas -pacíficas- sería frente al Ministerio de Salud, el Congreso Nacional o la Corte de Justicia. Y el reclamo debe ser claro y conciso: la separación total del Estado y la religión.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La culpa es de las mujeres.

Sacerdotes, curas, obispos, papas, rabinos, imanes, y tantos otros líderes o representantes religiosos que parecen salidos del Pleistoceno, salen a decirles a los demás cómo deben vivir sus vidas y decretar si lo que hacen está bien o mal, cuando carecen de los conocimientos y la autoridad moral necesaria para empezar a opinar. Lo lamento por aquellos que los siguen, pero realmente cansa que se quieran meter en la vida de quienes no tienen nada que ver con ellos ni con sus religiones. Si hiciera un post por cada religioso que sale a decir idioteces, tendría que pasarme todos los días escribiendo y seguramente tendría blog para rato. Algunos, sin embargo, valen la pena más que otros por la discriminación, el odio y la violencia que sus dichos generan o justifican, o simplemente por lo ignorantes. O por todo lo anterior.

El mejor amigo de las mujeres.
Tal es el caso del párroco italiano Piero Corsi, para quien la violencia contra las mujeres se debe a que éstas usan ropas provocadoras, son "arrogantes y se creen autosuficientes", y descuidan el orden y la higiene del hogar. Ah, y en lugar de pasarse el día cocinando para sus maridos, compran comida rápida. La creencia popular de que la violencia es culpa de quien la ejerce, en este caso el hombre, es culpa de "una prensa fanática y desviada". Lo mismo dice respecto los abusos sexuales y la infidelidad. Todo es culpa de las mujeres. Estas opiniones se leen en un cartel que el buen hombre colgó en la puerta de su iglesia. 

¿Qué pasaría si los gobiernos estuvieran de acuerdo con estos criterios? No hace falta imaginar mucho: viviríamos como en los países donde las religiones mandan, en los que las mujeres no pueden salir a la calle sin cubrirse de pies a cabeza, ni manejar vehículos, ni viajar sin autorización de sus maridos, ni acceder a educación universitaria, y si son sospechadas de adúlteras, reciben penas de cárcel o muerte.

A los pocos días de publicarse sus declaraciones, don Corsi tuvo que renunciar a su cargo, algo bastante raro entre los sacerdotes que cometen estos sincericidios. Según dijo, el remordimiento no lo dejaba dormir, pero supongo que en poco tiempo lo veremos a cargo de algún otro ministerio.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Conclusiones estúpidas y propuestas retrógradas

El 14 de diciembre volvió a ocurrir una tragedia que lamentablemente ya es casi habitual en EEUU: alguien agarró un arma (tres, en realidad) y salió a matar gente. Sólo que esta vez fue en una escuela primaria y, hasta donde supe, murieron 20 chicos de entre 5 y 10 años. 

Adam Lanza, de 20 años, mató primero a su madre, una maestra de preescolar. Después entró en el colegio vestido con ropa negra, una máscara y un chaleco antibalas y simplemente abrió fuego sobre los niños, 18 de los cuales murieron en el momento y otros dos en camino al hospital. También asesinó a la directora de la escuela, una psicóloga y a otros cuatro adultos.

Es imposible ponerse en el lugar de las familias de las víctimas e imaginar lo que están sintiendo. Lo mismo vale para quienes sobrevivieron, niños y adultos. No hay palabras.

Sin embargo, hay quienes sí tienen palabras. Bryan Fischer, conductor de una radio cristiana, blogger, activista y director del área Análisis de temas de la American Family Association, tiene esto para decir:


Aprovechar esta tragedia para hacer campaña en contra del laicismo es lamentable, pero es a lo que las religiones organizadas nos tienen acostumbrados. A continuación, el texto traducido con mis comentarios en negrita entre corchetes:

La pregunta va a surgir: "¿Dónde estaba Dios? Yo pensaba que a Dios le interesaban los niños pequeños, que dios protegía a los niños pequeños. ¿Dónde estaba Dios cuando pasó todo esto?" [Sí, esa pregunta va a surgir entre quienes creen eso. Los que no creemos, no nos preguntamos algo tan obvio.] Y la conclusión es la siguiente: Dios no va a ir a donde no lo quieren. [Esa es su conclusión, y francamente es estúpida.] Desde 1962 -y ya llevamos 50 años en esto- hemos estado diciéndole a Dios que se pierda. Diciéndole "No te queremos en nuestras escuelas, no queremos rezarte en nuestras escuelas, no te queremos rezar antes de los partidos de fútbol, no queremos que nadie hable de ti en los discursos de graduación, no queremos que nadie hable de ti, no queremos que tu palabra sea leída en las escuelas." En 1962 sacamos los rezos de las escuelas, en 1963 sacamos la palabra de Dios de las escuelas, en 1980 sacamos los diez mandamientos de las escuelas. [Sí, y está perfecto que así sea. En un Estado laico, en un país donde se garantiza la libertad de culto, no puede haber clases de cristianismo en las escuelas públicas. Eso no sería garantizar la libertad de culto, sino garantizarle a una sola religión la libertad de indoctrinar chicos.] Sacamos a Dios de nuestras escuelas públicas y creo que Dios nos diría: "Hey, estaría feliz de proteger a sus niños, pero primero me tienen que invitar de vuelta a su mundo. No voy a ir donde no me quieren. Soy un caballero." [Si ese dios existe y piensa eso, me alegro de no creer en él. Ese dios no sería un caballero, sería un caprichoso, un sádico que se divierte creando seres mortales e imperfectos, dándoles libre albedrío y castigándolos cuando no hacen lo que él quiere o dejando que sufran y mueran cuando no lo adoran. Caprichoso y sádico. Si existiera.]

Saben, cuando yo iba a la escuela primaria teníamos rezos en las escuelas y no necesitábamos armas. Lo voy a repetir: en la época en que teníamos rezos, Biblia y los diez mandamientos en las escuelas no necesitábamos armas. Así que voy a sugerirles como solución definitiva, que el problema no es la segunda enmienda [que otorga a los ciudadanos estadounidenses el derecho a portar armas], sino la primera, que garantiza el libre ejercicio de la religión. [Que dos cosas sucedan al mismo tiempo, o una después de la otra, no implica necesariamente que estén relacionadas ni que una sea la causa de la otra. Los creyentes inventan estas relaciones para adaptar los hechos a sus teorías. Si esto fuera cierto, no necesitaríamos policías; bastaría con sentarnos a rezar para que no haya ningún crimen. Por otro lado, en el pasado hubo incontables guerras -dos de ellas a escala mundial-, masacres, genocidios, holocaustos, etcétera. ¿Entonces? ¿La gente no rezaba lo suficiente? Este argumento tan falaz como aborrecible, no tan distinto del del karma (que es algo así como "en otra vida hizo cosas malas, por eso en esta tenía que sufrir"), lo suelen usar casi como justificativo cuando cualquier alguna desgracia le sucede a ateos, laicistas, homosexuales, o a cualquiera que a los católicos no les simpatice. "No rezaban, por eso un loco los mató." "No eran lo suficientemente temerosos de Dios, por eso acurrió el terremoto." "Estaban a favor de los gays, por eso el huracán devastó su ciudad."]

Es hora de volver a poner un poco de ese libre ejercicio de religión de vuelta en nuestras escuelas públicas [Querrá decir un poco de catecismo.] y quizás es hora de que algunos administradores escolares digan "no nos importa. Las vidas de nuestros niños son muy importantes. Vamos a rezar en las escuelas, al empezar el día, vamos a rezar por protección [Claro, seguro que rezando se van a terminar la violencia, las injusticias, el hambre, los desastres naturales y el reggaetón...], y no me importa lo que diga la Corte Suprema, no me importa lo que nadie diga, nuestros niños son demasiado importantes para nosotros como para dejarlos vulnerables, sin pedirle a Dios por su ayuda y su protección." [Lo que está diciendo es, "No me importan las leyes y no me importa en qué crean los demás. Yo creo esto y quiero imponérselo a la fuerza a todos." Sí, se nota que está a favor de la libertad de culto.]

miércoles, 23 de mayo de 2012

La propuesta de un pastor evangélico


El pastor evangélico Charles Worley, de la Iglesia Bautista de Providence Road, Maiden, Estado de Carolina del Norte, EEUU, propone -y lamentablemente no es el primero en decir en voz alta esta imbecilidad- construir una gran cerca eléctrica y meter a todos los homosexuales del otro lado (y tirarles comida desde un avión, no vaya a ser que se contamine al dárselas en la mano) para que después de unos años no quede ninguno "porque no pueden reproducirse". Parece una propuesta salida de una película de zombies, más que de un pastor evangélico. Aclara, por si hiciera falta, que su propuesta nunca va poder ser aprobada por el Congreso de los Estados Unidos, ¡lo cual, por supuesto, le indigna! Por estas cosas es que es tan importante que los Estados sean laicos. 
 
Lo más lamentable al escucharlas es darse cuenta de que realmente hay gente que las piensa y las propone frente a un micrófono. Porque lo que este "pastor" propone es ni más ni menos que un campo de concentración. Exterminar a un grupo de personas (por que, si por él fuera, ni se gastaría en "tirarles" comida) cuyo único delito (delito sólo para él y los demás fanáticos) es tener una sexualidad distinta de la suya. Son personas como Charles Worley los que deberían ser encerrados y no poder reproducirse. Amén.

 

Esta es una traducción mía de su discurso, lleno del amor al prójimo que siempre ha caracterizado a este tipo de religiones:

"-Nuestro Presidente, diciendo que está bien que dos mujeres se casen, o que dos hombres se casen, les digo ahora mismo, esto me decepcionó mucho, les aseguro, no hay nada más triste.
La Biblia está en contra de esto, Dios está en contra de esto, yo estoy en contra de esto, y, si tienen algo de sentido común, ¡ustedes están en contra de esto!
Yo tengo un modo, se me ocurrió una forma de librarnos de todas las lesbianas y los amanerados, pero no podría lograr que se apruebe en el Congreso.
Construyan una gran cerca. Cincuenta o cien millas de largo. Pongan a todas las lesbianas ahí dentro. Vuelen por encima y tiren algo de comida. Hagan lo mismo con los amanerados y homosexuales. Y electrifiquen la cerca para que no puedan salir. Y saben qué, en unos pocos años no va a quedar ninguno.
Saben porqué? No se pueden reproducir.
Si un hombre alguna vez tiene un hijo, alaben a Dios porque será el primero.
Les digo ahora mismo, alguien me pregunta '¿Por quién vas a votar?'
No voy a votar por un asesino de bebés y amante de los homosexuales!"

jueves, 15 de marzo de 2012

Sobre el “asunto” de la religión


Obviamente, soy ateo. Siempre lo fui. Mis padres nunca me inculcaron ninguna creencia y tuvieron la amabilidad de no enviarme a un colegio religioso, cosa que no terminaré de agradecerles. En consecuencia, formé mi propia opinión respecto de las religiones desde muy chico, con observaciones cotidianas y leyendo a Carl Sagan, Isaac Asimov y, aunque suene extraño, Stephen King, entre otros. Desde las primeras veces que puedo recordar haberme planteado el tema, me pareció obvio que la religión a la que uno pertenece es simplemente obra de la geografía y el azar. Todo depende de cuándo y dónde nacemos y no hay nada que podamos hacer al respecto.
Los Pitufos

Así como no creo en ninguna religión (catolicismo, judaísmo, islamismo, hinduismo, mormonismo, etc.), no creo tampoco en absolutamente nada sobrenatural, mágico o místico, como la adivinación, la brujería o los fantasmas, ni en ninguna pseudociencia, como la astrología o la homeopatía, por citar dos de las más populares. Creer en cualquiera de todas estas cosas sería, para mí, lo mismo que creer en los Pitufos.

En lo que a religión se refiere, no me molesta lo que los demás crean e incluso hay muchas tradiciones que me gustan. El problema surge cuando esas creencias me afectan a mí o a otros que no las compartimos. Siempre me pareció que las religiones, en general, tienden a pasar por encima de las libertades individuales en pos de un supuesto -y no siempre real- bien común. Supongamos que aceptamos que el mensaje central de las principales religiones es la paz y el amor. Aún así, si vamos un poco más allá, nos encontramos con que en temas de gran importancia social, las distintas religiones siempre tienen algo para decir y no siempre sus opiniones tienen como único o mayor objetivo el bienestar de los ciudadanos, sino que más bien dan la impresión de perseguir sus propios intereses. Sus representantes dicen hablar por todos los fieles, pero ¿cómo es posible que sea así, si las religiones no son democracias? Los representantes religiosos no son elegidos por los creyentes, sino por las autoridades de mayor jerarquía.

En Argentina, la Iglesia Católica es la que mayor poder tiene y la única con representantes prácticamente directos en el Congreso de la Nación. Veamos algunas de las leyes y políticas de las cuales está (o al momento de su debate estuvo) en contra:

  • Educación sexual: el Programa de Educación Sexual Integral incluye en sus lineamientos curriculares la obligación de desarrollar contenidos que promuevan el conocimiento “de todos los métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad existentes, y el análisis de sus ventajas y desventajas para permitir elecciones concientes y responsables, enfatizando en que el preservativo es el único método existente para prevenir el VIH/Sida.” A pesar de esto, y gracias a la presión de la Iglesia y la desidia de los gobernantes, en las escuelas de muchas provincias de Argentina la educación sexual no existe, mientras que en provincias como Salta, por ejemplo, se prioriza la educación religiosa en escuelas públicas por encima de la educación sexual. La enseñanza de la ciencia, en general, da lástima.
  • Educación pública laica: sin dudas, la educación pública debe ser laica. No considero ético ni moral inculcar educación religiosa a niños que no tienen edad para comprender o discernir lo que se les está enseñando. Esto equivale, sin más, a quitarles el derecho a decidir en qué quieren creer, ya que a tan corta edad, creerán cualquier cosa que sus padres y/o maestros les enseñen. En Argentina, la Iglesia no estuvo deacuerdo con el cambio de educación religiosa a laica y sus representantes siguen dando batalla cada vez que pueden.
  • Uso de preservativos: fomentar su uso disminuiría la transmisión de infecciones de transmisión sexual, así como la cantidad de embarazos no deseados. La Iglesia, salvo contadas excepciones, sigue estando en contra de su uso.
  • Matrimonio civil: desde que existe, las parejas ya no necesitan casarse por iglesia si no lo desean. La Iglesia estuvo en contra de sucreación, por considerarlo contrario a los valores católicos de familia y tradición.
  • Divorcio vincular: desde que existe, los matrimonios se pueden disolver legalmente. La Iglesia estuvo en contra de esta ley, vaticinando que sería el fin de las familias.
  • Matrimonio de parejas del mismo sexo: aprobado recientemente en Argentina, permite que parejas homosexuales puedan casarse. La Iglesia jamás estuvo de acuerdo, aunque algunos de sus miembros alzaron voces a favor y fueron, en consecuencia, separados de sus funciones.
  • Aborto: en Argentina sigue siendo ilegal, aunque hay casos específicos en los que es no punible. Sigue sin darse el debate y la Iglesia está absolutamente en contra en cualquier caso.Todo lo referente a la salud reproductiva es mala palabra y la desinformación y difusión de mentiras y falacias es constante.
Seguramente hay más ejemplos, pero estos me parecieron los más importantes. Quienes no compartimos la fe católica y estamos ansiosos por que estos temas de debatan en profundidad y se aprueben las leyes necesarias, no sólo debemos esperar los interminables tiempos de la legislación argentina, sino que también debemos escuchar cómo representantes religiosos participan del debate, intentando, y muchas veces logrando, influir en nuestras vidas, a pesar de que no compartimos sus creencias.

¿Cuántos de los ciudadanos argentinos se sienten realmente representados por la Iglesia? Puede que  muchos, pero ciertamente no todos. Ahí radica la importancia de un Estado laico. Un Estado laico (o secular) no es un Estado sin religión, sino uno aconfesional, en el cual existe una separación entre el mismo y las religiones. Es así que todos los ciudadanos gozan de libertad de credo, pero se garantiza que no haya influencias de las comunidades o instituciones religiosas en ninguno de los poderes: ejecutivo, legislativo o judicial. Por supuesto, un grupo religioso siempre puede hacer presión o lobby, pero -teóricamente- no recibe trato preferencial y las leyes no se dictan en base a las demandas de una religión, sino -si todo funciona bien- teniendo en cuenta el bienestar y la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.

Por el contrario, un Estado confesional es aquel en el que el Estado adhiere a una religión específica, que pasa a ser la religión oficial del país. En los países que se encuentran en esta situación, puede haber o no tolerancia hacia otras religiones. Un caso extremo es el de las teocracias, que son países donde los líderes religiosos y gubernamentales son los mismos o coinciden casi totalmente en sus políticas, de forma que la influencia de una determinada religión sobre el Estado es total. Ejemplos de Estados teocráticos actuales son: el Vaticano, Irán y ArabiaSaudita.

Símbolos de las principales religiones
Imaginemos una situación en la que fuéramos minoría en un Estado confesional perteneciente a una religión distinta de la nuestra. Supongamos, por ejemplo, que en la Argentina la religión mayoritaria fuera la Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová. ¿Cómo nos sentiríamos, no perteneciendo a ese credo, si se nos niega una transfusión de sangre que podría salvarnos la vida, porque la política oficial es que las transfusiones (que los Testigos comparan con comer sangre, acto prohibido por Dios) son ilegales? No es arriesgado aventurar que nos sentiríamos frustrados, por decirlo suavemente, si una decisión semejante se viera influida por una creencia religiosa que nosotros, también ciudadanos de ese Estado, no compartimos.