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jueves, 28 de febrero de 2013

1er Aniversario / 100 entradas

El blog ha cumplido un año. No es mucho, pero confieso que cuando lo empecé no sabía si iba a llegar a durar tanto. Tampoco imaginé que para su primer aniversario ya iba a tener publicadas 100 entradas.Pero bueno, hemos llegado. En este año recorrimos una parte del espectro de las pseudociencias y sus consecuencias, hablamos de algunos de los muchos males causados por las religiones, mostramos cómo refutar algunos mitos y leyendas urbanas y, por supuesto, no pudo faltar el tema del fin del mundo. ¿Qué nos deparará este año? Por ahora, simplemente dejo algunos videos para que se diviertan.

Un poco de humor en una excelente parodia a la homeopatía y otras pseudociencias, tomado de That Mitchell and Webb Look:



El inefable Tim Minchin nos deleita con una canción sobre una chica un tanto particular, Storm:




Para terminar, nos ponemos más serios con algunos hitchslaps de Christopher Hitchens:




jueves, 13 de diciembre de 2012

¿Cuántas veces se anunció el fin del mundo?

Cualquier intento de hacer una lista completa de las veces que alguien anunció el fin del mundo sería inevitablemente en vano, ya que desde que el hombre existe ha habido personas o grupos -algunos honestamente temerosos y otros tan sólo charlatanes aprovechándose de aquellos- que han salido a lanzar advertencias sobre el fin de los tiempos, catástrofes apocalípticas, dioses exterminando a la raza humana, planetas chocando unos con otros o extraterrestres destruyendo la Tierra. Así que voy a enumerar sólo algunos, tratando de separarlos en grupos por autores.

Siempre ha habido personas que buscaron en la numerología algún indicio que anuncie el fin del mundo:
  • El milenarismo, por ejemplo, incluye diversas corrientes que creen en una especie de ciclo místico de mil años: esperaban la resurrección de Cristo en el año 1000 y después en el 2000 (a los numerólogos les encantan los números redondos) y creen que, cuando llegue, su reinado durará (¡adivinaron!) mil años, después de los cuales vendrá el Apocalipsis, el Juicio Final, etcétera, etcétera. Hasta ahora, se han equivocado.
  • Para los seguidores de Jesús los números también son importantes. Son importantes los años que contienen el número 33, como el 1033, en el que se cumplieron mil años de su muerte. Algunos lo toman como un mal presagio y otros como uno bueno. Otro número que los atemoriza es el 666, ya sea al derecho o al revés (el 999), así que los años que lo contienen son esperados con ansiedad (y también son fuente de inspiración para más de una película mala). La Gran Plaga de 1666, lamentablemente, no ayudó a desterrar este mito.
  • En el año 2000 se combinaron la numerología milenarista y la marca de la Bestia: 2000/3 = 666.666. Si el fin del mundo no ocurría entonces, ¿cuándo?
 
Decenas de predicadores, pastores evangelistas, rabinos y hasta locutores de radio han profetizado el fin del mundo, ya sea a causa de algún desastre o por la llegada del Mesías, en un evento que fue denominado Rapto o Arrebatamiento:
William Miller
  • William Miller, fundador del Movimiento Adventista, del cual descienden la Iglesia Adventista del Séptimo Día y movimientos posteriores que se inspiraron en el énfasis de Miller en la profecía bíblica, como los Testigos de Jehová, predijo que Jesucristo "vendrá otra vez a esta tierra, limpiará, purificará, y tomará posesión de la misma, con todos los santos, en algún momento entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844." Como obviamente esto no sucedió, se anunciaron otras fechas, hasta que después de la última predicción fallida se produjo la llamada Gran Decepción.
  • Desde su fundación en 1870, los Testigos de Jehová no pararon de vaticinar la llegada el fin del mundo. Algunas de las fechas fatídicas -y fallidas- fueron 1874, 1878, 1881, 1910, 1914, 1918, 1925, 1975 y 1984. En 1914, como no pasó nada, argumentaron que en realidad en ese año comenzó el reinado de Satán y sus demonios sobre la Tierra.
  • El evangelista televisivo Pat Robertson predijo el retorno de Jesús a la Tierra en algún momento de la década de los '80. Posteriormente, el pastor F. M. Riley predijo que sería en 1994. Aún lo esperan.
  • En 1994 el pastor John Hinkle, de la Iglesia de Cristo en Los Ángeles, anunció que había tenido una visión en la cual Dios -ni más ni menos- le dijo “El jueves 9 de junio, extirparé el mal de este mundo.” No pasó nada.
  • Harold Egbert Camping
  • Harold Camping, famoso locutor de una radio cristiana, predijo por medio de sus análisis numerológicos de la Biblia que el retorno del Señor ocurriría en septiembre de 1994. Como no sucedió, dijo que se había equivocado en sus cálculos y repitió su anuncio un par de veces más (21 de mayo de 2011 y 21 de octubre de 2011).
  • Marilyn J. Agee en su libro “El fin de los tiempos” anunció que habría dos Raptos, uno el 31 de mayo de 1998 y el segundo el 13 de septiembre de 2007. También a ella le fallaron los cálculos, pero en su página web lo sigue intentando.
  • Phillip Berg, un rabino y miembro del Centro de Estudios Cabalísticos, predijo que el fin llegaría el 11 de septiembre de 1999, basando su predicción en datos encontrados en los "códigos" de la Biblia. Casualmente, esa fecha coincidió con la destrucción de las Torres Gemelas, pero del fin del mundo, nada.
 
Psíquicos, videntes y astrólogos no se quedan atrás con las profesías catastrofistas:
  • El propio Nostradamus, por citar a uno de los más famosos, basaba sus profesías del fin del mundo principalmente en la escatología bíblica y luego hacía extrapolaciones al futuro usando astrología. Básicamente, recurría a fábulas y pseudociencia para predecir el futuro.
  • El astrólogo alemán Johannes Stöffler predijo en 1499 un diluvio universal para el 20 de febrero de 1524. Entre los que le creyeron se encontraba el Conde alemán Von Iggleheim quien, cual moderno Noé, construyó una lujosa arca de tres plantas para sus amigos y familiares. Cuando ese día comenzó a llover, la gente apedreó al conde hasta matarlo para poder entrar al arca y salvarse. Por supuesto, fue sólo una lluvia pasajera.
  • Según el psíquico Charles Criswell King el fin del mundo llegaría el 18 de agosto de 1999. Aparentemente, muy psíquico no era.
 
Los desastres naturales, como terremotos, erupciones volcánicas o incluso ataques de plagas o proliferación de enfermedades, también han sido siempre motivo de ansiedad para quienes más que temer el Apocalipsis parecieran desearlo. Cada vez que ha habido sucesos de estas características, alguien salió a afirmar que llegaba el Apocalipsis y siempre hubo algún grupo de gente que le creyó.

Los eventos astronómicos también han servido para alimentar estas teorías del fin del mundo:
  • El paso de cometas como el Halley o el Hale- Bopp, por ejemplo, siempre han causado conmoción. Algunos creen que chocarán con la Tierra, otros que sus colas contienen materiales tóxicos o radiactivos que destruirán toda la vida del planeta (más de un estafador se dedicó a vender pastillas que supuestamente contrarrestaban estos efectos) y para otros son signos mágicos que presagian que ocurrirá algo malo.Los cometas son sólo pedazos de rocas y hielo que surcan el espacio en órbitas alrededor del Sol. A menos que choquen contra la Tierra, no pueden causar ningún daño.
  • Las llamaradas solares especialmente intensas, que ocurren de vez en cuando, son malinterpretadas y muchos creen que freirán la Tierra. A lo sumo, pueden interferir con las comunicaciones satelitales.
  • Los eclipses de luna también han sido interpretados como malos augurios, pero los eclipses de sol siempre fueron aún más ominosos. Ver de repente que la Luna cambiaba de color o que el Sol se oscurecía debe haber sido algo sumamente terrorífico para los pueblos antiguos, pero hace mucho que sabemos que sólo se trata del paso de la Tierra entre la Luna y el Sol o el paso de la Luna entre éste y la Tierra.
  • Otras alineaciones planetarias, o la alineación de alguno de los planetas con alguna estrella o constelación, han dado pie a los embaucadores para inventar todo tipo de teorías sobre campos magnéticos o gravitatorios alterados y nunca falta alguien que les crea. Incluso se especulaba con que el fin de todo llegaría el 21/12/2012 porque ese día la Tierra, el Sol y el centro de nuestra galaxia estarían perfectamente alineados, lo que provocaría algún tipo de fuerza destructora. Como nos explica el gran astrofísico y divulgador científico Neil deGrasse Tyson, esa alineación se da todos los 21 de diciembre de todos los años, y ninguna fuerza ha aparecido para destruir la Tierra.
  • Las alineaciones -o conjunciones- pueden parecernos poco habituales, pero eso es porque los humanos sólo vivimos unos pocos años. Para el universo, en realidad, son bastante frecuentes. En su libro “Hielo: el desastre final” -una mezcla de pirámides, civilizaciones antiguas súper avanzadas y cambios en el eje de rotación de la Tierra-, Richard Noone predecía que esta configuración traería todo tipo de desastres. El libro se vendió y nada sucedió; seguimos aquí.
  • Se ha llegado a inventar la existencia de planetas que supuestamente chocarían con la Tierra o que pasarían tan cerca de ella como para alterar su órbita. Dos ejemplos: (1) El Planeta X o Nibiru, cuya existencia fue propuesta por Nancy Lieder, una mujer que decía que gracias a unos extraterrestres que le implantaron un aparato en la cabeza para comunicarse con ella supo que este planeta pasaría cerca de la Tierra y destruiría la civilización. Si bien Lieder lo llamó Planeta X, Zecharia Sitchin, un ruso defensor de las teorías de los antiguos astronautas, lo relacionó con Nibiru, un planeta gigante que según su interpretación de antiguos textos religiosos babilonios pasaría cerca de la Tierra. La diferencia era que para Sitchin, Niburu no chocaría con nosotros, sino que al pasar cerca permitiría que sus habitantes vengan a la Tierra, donde serían vistos como dioses. (2) El planeta Hercólubus, que puede haber sido propuesto por el autor new age V. M. Rabolu o el médium y abogado brasileño Hercilio Maes. Para el primero, se trataría de la estrella de Barnard, que sería en realidad un planeta. Para Maes, quien decía contactarse por psicografía con el extraterrestre Ramatís, sería un planeta gigante. Planeta o estrella, ambos coincidían en que destruiría la vida en la Tierra. También es coincidencia que ambos estaban bien pirados. La estrella de Barnard es una estrella y no hay evidencia de que exista ningún planeta en curso de colisión con la Tierra. (Y si lo hubiera, dado el alcance de los instrumentos de observación y detección de cuerpos celestes, llegaría a nuestra vecindad varios miles de años después de haber sido descubierto.)

Por fin, llegamos al 2012 y los mayas. 
 
Resulta que las culturas mesoamericanas precolombinas, entre ellas los mayas, usaban un calendario llamado Calendario de Cuenta Larga, que era muy distinto del nuestro (en realidad usaban varios calendarios: uno de 365 días y otro de 260 días, y para cuando llegaron los españoles al de Cuenta Larga ya lo habían abandonado). Este calendario, posiblemente creado por los olmecas,  no era cíclico como el nuestro, en el que los días se repiten cada 365 y los años se repiten cada 52; los días no se repetían, sino que se los contaba desde la fecha de la creación del mundo (que según su mitología correspondería al 11 de agosto de 3114 a.C. en el calendario Gregoriano). En ese sistema, las fechas se denominaban usando cinco números: un día se llamaba Kin y 20 de ellos formaban un Winal, 18 de los cuales formaban un Tun. Luego, 20 tunes formaban un K'atun y 20 de ellos sumaban un B'ak'tun. Para verlo más claro:
Así, al 5 de diciembre de 2006 le correspondería el número 12.19.13.15.12. En esta fecha, 12 es el número de b'ak'tunes, 19 k'atunes, 13 tunes, 15 winales y 12 k'ines han pasado desde el supuesto origen del mundo. Salvando las diferencias, no es muy diferente de contar 5 días, 11 meses y 2005 años desde el supuesto nacimiento de Cristo.
 
¿Qué se supone que pasará el 21 de diciembre de 2012? Nada. Mal que les pese a alarmistas, no tiene porqué pasar absolutamente nada. Simplemente, en el sistema de la Cuenta Larga se pasa del b'ak'tun 12 al b'ak'tun 13. Nada más. El 26 de marzo de 2407 se pasará del 13 al 14. Es lo mismo que en nuestro sistema gregoriano pasar del segundo milenio al tercero. Sólo son números utilizados para señalar fechas y calcular períodos de tiempo. Los newagers anuncian que será un "cambio de era", pero es erróneo, las eras son otra cosa. Imaginan que se producirá un cambio espiritual en el mundo, un cambio de consciencia en las personas, pero eso no tiene el menor sentido, especialmente si le preguntamos a un chino, a un hindú o a un ateo qué significa para ellos cambiar de año en un calendario que ciertas culturas precolombinas usaban hace cientos de años. Los conspiranoicos, por su parte, asocian este cambio numérico con (¡adivinaron!) el fin del mundo, a manos de algún asteroide, cometa, planeta, terremoto, maremoto, cambio en el eje rotacional de la Tierra, etcétera, etcétera. Otra excusa, pero el mismo verso.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Lo que no me gustó de la película Red Lights

Luces Rojas trata de un grupo de docentes universitarios que se dedican a enseñar e investigar sobre fenómenos paranormales. Son llamados por supuestos psíquicos para visitar casas supuestamente embrujadas y analizan las presentaciones de afamados psíquicos o telépatas para buscar los trucos detrás de sus "poderes". La película no deja de ser recomendable, principalmente por el suspenso y las actuaciones.

*****Empiezan los Spoilers*****

La primera media hora es como ver una película escrita por Carl Sagan y James Randi (¡qué dúo hubiera sido ese!), pero en ningún momento se los menciona ni reconoce de ninguna manera. Incluso durante una de sus clases -truncada por una mala noticia- Buckley estaba haciendo la misma demostración de la invalidez de la astrología que James Randi hizo en varias oportunidades. Aquí, el video del experimento hecho por Randi, también en un salón frente a una clase:
 
Durante la película, la Dra. Matheson y su ayudante también explican cómo hacer "levitar" una mesa durante una sesión de espiritismo, encuentran quién se ocupaba de hacer ruidos en habitaciones supuestamente vacías, descubren la transmisión de radio que ayudaba a un falso psíquico. Con una breve mirada, encuentran el truco en una fotografía de un hombre aparentemente hindú supuestamente levitando y sin mosquearse encuentran la falla en un experimento que parecía indicar que alguien tenía poderes telepáticos. Incluso aparece el famoso truco de los "cirujanos psíquicos" filipinos, pero no se da ninguna explicación. Quizás a los guionistas les pareció un truco tan burdo que sólo Claudio María Domínguez podría creérselo.

Cuando aparece Silver, la película empieza a decaer. La música, la filmación y el guión hacen parecer a Silver casi como demoníaco, pero la realidad es que en la lucha -académica- entre la ciencia y la magia, el escepticismo versus el misticismo, no hay malvados supervillanos. Los personajes como este son solo charlatanes y farsantes viviendo sus 15 minutos de fama a expensas de la credulidad de la gente.

La historia de la tragedia que sufrió Matheson años atrás y que fue lo que llevó a perder su fe era innecesaria. Supongo que en la película esto contribuye a crear empatía con el personaje, pero es insistir con el mito de que las situaciones extremas -y no la simple racionalidad- son las que determinan nuestras creencias o la falta de ellas. "Todos son ateos hasta que el avión empieza a caer". "Cuando sobreviví al cáncer comencé a creer".

Los científicos de la universidad quedan como idiotas. El reflejo de las cartas en los anteojos era algo demasiado obvio, lo mismo que el reloj de Silver. Cualquier supuesto experto en buscar fraudes lo habría visto. Ni hablemos de que su ceguera es lo primero que deberían haber corroborado. Además, ningún científico que se precie va a firmar en sólo unos pocos días y después de un par de ensayos tan inconcluyentes un documento donde asegura haber encontrado pruebas de poderes paranormales. Es suicidio acedemico. 

Obviamente, no me gustó el final. Me hizo acordar a Sexto Sentido, o a Unbreakable, de M. Night Shyamalan. En ese tipo de películas hubiera quedado perfecto, pero este no es el caso. Toda la película explicando el daño que hacen las pseudociencias y los curanderos justamente porque son falsos, para que al final el protagonista sea realmente psíquico y haga una demostración de telequinesis al mejor estilo Carrie.

lunes, 2 de julio de 2012

Profetas que profieren profecías


Michel de Nôtre-Dame
Una vez más, el fin del mundo no ha llegado. Me refiero, en este caso, a la predicción de Silvia Simondini, directora del Museo Ovni de la ciudad de Victoria. No hubo, como ella había anunciado cuando visitamos el museo, tres días de oscuridad total en el mes de mayo. El Sol no se apagó ni tres días, ni tres minutos, ni tres segundos. Quienes siguieron sus indicaciones (si es que los hubo) y almacenaron bidones de agua y bolsas de comida, lo hicieron innecesariamente. A pesar de que “los científicos” estaban “muy preocupados” y recomendaban a la gente hacer ciudades bajo tierra, a pesar de que los cálculos que indicaban que en el Sol iba a haber “explosiones atómicas” parecían precisos, nada de esto sucedió. Pasó mayo, pasó junio, y el “cambio de era” tan anunciado no llegó. No llegó ni en 2000, ni en 2001. Tampoco el 11/11/2011. No llegó cuando lo predijo Nostradamus, ni Harold Camping, ni Silvia Simondini. ¿Será en diciembre de este año, como dicen ahora?

El ser humano siempre ha anhelado tener la habilidad de poder predecir el futuro: los pueblos agricultores necesitaban, por ejemplo, saber de antemano si este iba a ser un buen año para sembrar sus cultivos. Los nómades, por su parte, necesitaban decidir el mejor momento y la dirección hacia dónde viajar para encontrar un buen lugar donde establecerse, que tuviera fuentes de agua y buena caza y, claro, sin enemigos en las cercanías. En épocas un poco más recientes, los monarcas daban lo que fuera por conocer el resultado de una batalla antes de pelearla, o para decidir con qué reino aliarse. Para esto, muchas veces debían decidir si confiar en el consejo de los estrategas y guerreros o el de los místicos.

En “La Tierra de Canaán” (1971), Isaac Asimov cuenta: Entre los místicos había grupos de hombres que se entregaban a la devoción extática, que tocaban instrumentos, cantaban, danzaban, caían en trance y llegaban al frenesí. Se suponía que en estos estados de frenesí estaban en contacto con la deidad, y sus murmullos y exclamaciones incoherentes eran considerados como mensajes divinos. Esos individuos extáticos […] eran llamados en tiempos antiguos «profetas», de una palabra griega que significa «proferir» (con referencia a sus estados extáticos). Puesto que se suponía que las formulaciones proféticas informaban sobre el futuro, la palabra llegó a significar «alguien que puede predecir el futuro».

Tanto los brujos de los pueblos antiguos como los consejeros místicos de los reyes deseaban poder cumplir las expectativas puestas en ellos. Los chamanes, por ejemplo, recurrían al uso de sustancias psicoactivas -como el peyote, la marihuana o la ayahuasca- combinadas con bailes, cantos, vigilias, ayunos y sudaderos para inducir estados de trance durante los cuales tenían visiones que consideraban proféticas. 
 
Horacio Germán Tirigall, Horangel
Los místicos al servicio de los reyes y emperadores, en cambio, usaban lo que en esos años pasaba por ciencia para convencer a los reyes de su poder de predicción. En Cosmos (1980), Carl Sagan escribió sobre los antiguos astrólogos: La astrología mantiene que la constelación en la cual se hallan los planetas al nacer una persona influye profundamente en el futuro de ella. Hace unos miles de años se desarrolló la idea de que los movimientos de los planetas determinaban el destino de los reyes, de las dinastías y de los imperios. Los astrólogos estudiaban los movimientos de los planetas y se preguntaban qué había ocurrido la última vez en que, por ejemplo, Venus amanecía en la constelación de Aries; quizás ahora volvería a suceder algo semejante. Era una empresa delicada y arriesgada. Los astrólogos llegaron a ser empleados exclusivamente por el Estado. En muchos países era un grave delito leer los presagios del cielo si uno no era el astrólogo oficial: una buena manera de hundir un régimen era predecir su caída. En China, los astrólogos de la corte que realizaban predicciones inexactas eran ejecutados. Otros apañaban simplemente los datos para que estuvieran siempre en perfecta conformidad con los acontecimientos. La astrología se desarrolló como una extraña combinación de observaciones, de matemáticas y de datos cuidadosamente registrados, acompañados de pensamientos confusos y de mentiras piadosas.

Así que no todo era color de rosa para estos consejeros reales. Si bien es muy probable que muchos de ellos recurrieran a tácticas como usar espías contratados para tener más información en la cual basar sus recomendaciones, también tuvieron que aprender a mentir sin que se note. Cuando se veían en un aprieto al no haberse cumplido alguna de sus predicciones, simplemente inventaban alguna excusa y la disfrazaban entre palabreríos supuestamente científicos que nadie más entendiera. De todas formas, para evitar estas situaciones desagradables, era útil que sus predicciones fueran tan vagas como les fuera posible, para que siempre pudieran ser interpretadas de varias formas. Es así como, mientras sus predicciones se cumplieran o sus engaños los salvaran, llevaban una vida tranquila al lado del rey, viviendo en su castillo y disfrutando de su protección.

Harold E. Camping
Los “profetas” modernos poco tienen que ver con aquellos de la antigüedad. Entre los que afirman poder predecir el futuro (incluido el fin del mundo), están quienes lo hacen desde el fanatismo religioso -tanto los que creen sus propias profesías, como quienes sólo las usan para llenarse los bolsillos, instando a los fieles a desprenderse de sus posesiones terrenales para asegurarse un lugar en el Cielo- y los que lo hacen desde las pseudociencias, con el objetivo único de engañar a los desprevenidos, a los que se encuentran en un momento de debilidad o necesidad o a quien simplemente necesita creer en algo, prometiéndoles algo imposible a cambio de su dinero: conocer el futuro. 
 
Otra categoría particular es la de los conspiranoicos, término que combina sus características paranoicas con la tendencia a ver conspiraciones por todos lados. Una de las predicciones más populares en estos grupos es la del fin del mundo. En algunos sitios web caracterizados por la conspiranoia se afirma que el 21 de diciembre de 2012 habrá un cataclismo provocado por dos eventos astronómicos: el primero, que un planeta cuya existencia es mantenida en secreto por la NASA, el Planeta X, pasará cerca de la Tierra; el otro, que el Sol y la Tierra estarán perfectamente alineados con el centro de la galaxia. La gravedad producida por la combinación de estos dos eventos, dicen, sacará a la Tierra de su eje de rotación, causando el desastre.

En primer lugar, no hay ningún planeta cuya existencia la NASA esté manteniendo en secreto dando vueltas en los alrededores del Sistema Solar. Si lo hubiera, ya habría sido detectado por otras agencias espaciales y observatorios astronómicos. Es más, si un planeta fuera a pasar cerca de la Tierra este diciembre, ya debería ser visible para cualquier astrónomo aficionado.

En segundo lugar, como explica Neil deGrasse Tyson en esta conferencia (el que no quiera verla completa, puede saltar a la pregunta Nº2 usando el índice), “si vamos al 21/12/12 y analizamos las cartas estelares, ¡es verdad! El centro de la galaxia, el Sol y la Tierra estarán en una alineación perfecta. Es cierto. Lo que el sitio no te dice es que eso pasa cada año el 21 de diciembre. ¡Dejan eso fueran del relato! Así que es sólo una divertida ficción. La Tierra seguirá estando aquí antes, durante y después del 2012.”

sábado, 30 de junio de 2012

Astrología en un Portal Educativo

Hace cientos de años que ha sido demostrado que la astrología no es una ciencia ni tiene ningún fundamento científico válido, y las pruebas en su contra no hacen más que multiplicarse al aumentar nuestro conocimiento del universo. Al empezar a escribir este post, pensé en dar algunos ejemplos y describir un poco más porqué la astrología no sirve, pero creo que a esta altura no hace mucha falta. Los ejemplos de que esta pseudociencia no funciona son tan cotidianos que abundan. Diga lo que diga nuestro horóscopo, siempre miramos al cruzar la calle.

En este corto video, James Randi hace un experimento muy simple pero ilustrativo con un grupo de alumnos. Cada uno reciben un horóscopo supuestamente hecho de forma personalizada por un profesional en base a los datos de fecha y lugar de nacimiento que todos ellos dieron previamente. Cada alumno lee su horóscopo y, cuando se les pregunta, todos dicen estar satisfechos con lo que leen, es decir, se sienten identificados y consideran que el astrólogo dió en el clavo. Luego, intercambian los horóscopos con sus compañeros, sólo para darse cuenta de que todos habían recibido exactamente el mismo texto, palabra por palabra. Si la astrología fuera cierta, sería imposible que todos los alumnos se hubieran sentido identificados con el mismo horóscopo. Esta es sólo una muestra más de cómo los astrólogos escriben lo que la mayoría de las personas queremos leer, sumado a enunciados tan vagos y generales que se adaptan a cualquiera.



Es vergonzoso que diarios, revistas, programas de televisión y sitios web sigan dando espacio a estos charlatanes, pero es especialmente terrible que tengan lugar en portales educativos. En este artículo, la charlatana de turno, Andrea Crescimone, empieza con un análisis salido de las cavernas, según el cual la "función básica" de las madres es dedicarse a sus hijos hasta que éstos puedan valerse por sí mismos, análisis que incluso extiende a todas las razas (habrá querido decir etnias), religiones o culturas del planeta. Acto seguido, nos describe las relaciones entre madres e hijos, según su signo zodiacal. La perorata es la misma de siempre: terminología pseudocientífica, vaguedades y conclusiones sacadas de la galera que no le sirven a nadie. Para colmo, en la sección "Capacitación" del portal se publicitan los cursos de astrología "Conociendo a nuestros hijos", dictados por la misma astróloga, obviamente, a cambio de un módico precio.

martes, 22 de mayo de 2012

Algunas de las cosas que la astrología no tiene en cuenta


Astrónomos estudiando un eclipse (A. Caron)
Anteriormente, habíamos hablado sobre cómo las constelaciones sólo son tales si las observamos desde la perspectiva única de nuestro planeta y cómo, si pudiéramos alejarnos unos pocos años luz hacia cualquier dirección, nos daríamos cuenta de que las estrellas que parecían estar cerca unas de otras, en realidad están a distancias enormes entre sí. Por este motivo, las formas que les asignaron los seres humanos al estudiar el cielo hace cientos de años, dejan de tener cualquier sentido real, para ser sólo poético o subjetivo. Es decir, el hecho de que veamos desde aquí un grupo de estrellas que se asemejen (con mucha imaginación) a un león y lo llamemos constelación de Leo, no significa absolutamente nada porque, al alejarnos, ese león desaparece (o, mejor dicho, nunca existió). Hacer cualquier referencia a esa figura imaginaria en relación al carácter de las personas nacidas en la Tierra cuando ese grupo de estrellas estaba en una determinada posición en el cielo (asegurar que esas personas serán, por ejemplo, dominantes, feroces o, no sé, ¿carnívoras?), es simplemente ridículo.

Pero esta no es la única crítica que se le puede hacer a la astrología. En realidad, se le pueden hacer muchísimas. Para empezar, la astrología sólo utiliza a las constelaciones zodiacales, aquellas que se encuentran en la franja del cielo por la cual aparentan desplazarse el Sol, la Luna y los planetas. A todas las demás constelaciones, decenas de ellas, no les presta ninguna atención.

Otra cuestión importante es que, dado que la astrología se basa en la aseveración de que la posición de los objetos celestes al momento de nuestro nacimiento tiene influencia sobre nuestra personalidad y nuestro destino, debería tener en cuenta a todos esos objetos. Sin embargo, los astrólogos basan toda su pseudociencia en la supuesta interacción (jamás encontrada, explicada ni demostrada) entre los planetas del Sistema Solar y las estrellas visibles desde la Tierra. A veces incluyen algún que otro cometa o asteroide. Pero en el Universo hay muchísimos otros cuerpos que no son considerados en la astrología, ya que no eran conocidos cuando ésta fue desarrollada.

No son tenidas en cuenta las lunas, satélites naturales girando alrededor de varios de los planetas de nuestro Sistema Solar y seguramente de millones de otros planetas fuera del mismo y que, ya que estamos, tampoco son considerados. Tampoco incluyen en sus “cálculos” a los asteroides, que son pequeños cuerpos girando alrededor del Sol, millones de los cuales se encuentran formando un vasto cinturón entre la órbita de Marte y la de Júpiter. Quizás crean que son muy pequeños, pero algunos tienen unos cuantos cientos de kilómetros de diámetro y se los denomina planetas menores, o planetoides. Otro cinturón similar se encuentra más allá de Neptuno (cinturón de Kuiper) y hay también asteroides llamados troyanos, que comparten la órbita con algún planeta, siguiéndolo en su recorrido elíptico alrededor del Sol. Por otro lado, habría que preguntar a algún astrólogo cómo influirá en nosotros el hecho de que Plutón ya no sea considerado un planeta, sino un planeta enano, de los cuales hay al menos cinco.

Las estrellas, por su parte, son tomadas como si fueran todas iguales cuando, en realidad, son todas distintas. Algunas están a punto de explotar, otras acaban de formarse; algunas son relativamente pequeñas, otras son miles de veces más grandes que el Sol; su masa, composición, temperatura y brillo, por citar algunas características, varían enormemente, dando origen a su clasificación astronómica.

Comparación de tamaño de algunos objetos celestes
En este video se pueden observar las enormes diferencias de tamaño entre los planetas del Sistema Solar y el Sol y algunas otras estrellas de tamaños conocidos. Ahora, si sus tamaños resultan asombrosos, las distancias entre estos cuerpos son directamente imposibles de imaginar. Viajando desde el Sol a la velocidad de la luz (un poco más de mil millones de kilómetros por hora), demoraríamos más de cuatro horas para llegar a Neptuno. Si quisiéramos viajar a la estrella Sirio, la estrella más brillantes del cielo, perteneciente a la constelación del Can Mayor, tardaríamos ocho años y medio. Y Sirio está relativamente cerca nuestro. Para llegar a la estrella Espiga, en la constelación de Virgo, necesitaríamos algo más de 260 años. Alcanzar el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, nos llevaría 27.700 años. Sí, aún estamos en el barrio. Llegar a otra galaxia, como por ejemplo Andrómeda, implicaría viajar casi tres millones de años. Esto es lo que ni los astrólogos ni los seguidores de la astrología terminan de entender: no hay forma de que alguna energía mágica llegue desde esos cuerpos tan distantes hasta nosotros y mucho menos que esto pueda influir en nuestro carácter, comportamiento y destino. Aún más ridícula es la idea de que esto tenga relación con la posición aparente de estos objetos en el momento en que nacimos.

domingo, 18 de marzo de 2012

Viendo las constelaciones desde otra perspectiva (desaparecen)

Todas las estrellas que vemos en el cielo nocturno son soles, similares al nuestro en esencia, pero cada uno con características propias, de forma que difícilmente haya dos iguales. Algunas de sus características distintivas son: su color, que varía entre rojo, azul, amarillo y blanco; su tamaño, que va desde enanas hasta gigantes y su brillo. Además, algunas son relativamente recientes, mientras que otras son mucho más antiguas –y millones más ya se han extinguido. La distancia a la que se encuentran, tanto de la Tierra como entre sí, es pasmosa. Es por eso que los astrónomos han tenido que crear hace mucho tiempo una nueva unidad de medida específicamente para medir las distancias cósmicas: el año luz. Éste equivale a la distancia que recorre la luz al viajar durante todo un año, alrededor de 10 billones(1) de kilómetros. Más adelante se introdujo el pársec, que equivale a unos 3,26 años luz.

Antes de que los humanos descubrieran estas cosas, las estrellas les resultaban un gran misterio. Para algunos eran dioses, para otros eran agujeros en una gran cúpula que cubría la tierra, a través de los cuales pasaba la luz. Más allá de los intentos de explicar qué eran las estrellas, siempre resultó obvio que sus posiciones relativas no variaban y que todas las noches hacían el mismo recorrido en el cielo, todas a la misma velocidad, de este a oeste. Esto sirvió de orientación a los viajeros, tanto en tierra como en el mar, durante cientos de años. También se podía comprobar que el cielo nocturno variaba según las estaciones, de forma que algunas estrellas eran visibles en invierno y no en verano, por ejemplo. Estas observaciones sirvieron para calcular la duración del año y confeccionar calendarios con gran precisión, y esto fue de enorme utilidad para actividades como la agricultura, la caza y la recolección.

Había, sin embargo, unos puntos que sí parecían tener movimiento, y cuyas posiciones cambiaban al transcurrir el año. Su desplazamiento, aparentemente errático, les valió el nombre de “planetas”. Todo tipo de teorías surgieron para explicar qué eran. Se los asoció con deidades y surgieron mitos y leyendas sobre ellos en casi todas las culturas. Cinco de ellos eran visibles a simple vista, pero más adelante se descubrieron tres más y sus lunas, o satélites naturales.

Constelación El Carro, El Arado o La Osa Mayor
La disposición de las estrellas en el cielo parecía ser al azar. Sin embargo, la imaginación humana pudo más y casi todas las culturas asignaron formas imaginarias a las agrupaciones más notorias. A estas formas, se las llamó constelaciones. Es común que distintos pueblos hayan visto distintas formas en un mismo grupo de estrellas. Así, la constelación de la Osa Mayor para griegos y nativos norteamericanos, por ejemplo, era llamada el Carro en la Europa Medieval, la Cacerola en Francia, el Arado en Inglaterra, el Burócrata Celeste en China y para los antiguos egipcios era una procesión de un toro, un hombre y un hipopótamo llevando a un cocodrilo. Esto no es casual, ya que cada pueblo veía en el cielo un reflejo de su vida cotidiana o plasmaba en él sus elementos de su propia cultura. Así, los observadores más antiguos veían seres mitológicos, los pueblos cazadores veían animales de caza, los exploradores veían instrumentos de navegación, etcétera.(2)

Las formas que las personas creían ver en las estrellas, que dieron origen a las constelaciones, no sólo son producto de su imaginación, sino que dejan de existir cuando cambiamos nuestra perspectiva, ya que las estrellas no sólo se encuentran a gran distancia entre ellas en todas las direcciones que percibimos desde la Tierra –arriba, abajo, a la derecha o a la izquierda- si no que también se encuentran a distintas distancias de nosotros, es decir una más atrás que la otra. Para que sea más claro, tres estrellas que desde nuestro planeta parecieran formar una línea, desde una vista lateral seguramente no estarían alineadas:


 

Un ejemplo más mundano de la importancia de la perspectiva, un bicicletero en la Vía Padova, en Milán:

Aparentemente, estamos viendo una bicicleta.











Desde otra perspectiva, vemos que la bicicleta no existe.
















(1) Existen dos escalas numéricas: la corta y la larga. En la escala corta, usada principalmente en Estados Unidos y Australia, un uno seguido de doce ceros (1.000.000.000.000, o 1012) es llamado trillón. En la escala larga, usada en Argentina y la mayor parte de los países, el mismo número es llamado billón.

(2) Fuente: "Cosmos", de C. Sagan