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miércoles, 21 de mayo de 2014

El Padre Panqueque

¿Friends?
Primero, dijo que "la homosexualidad es un problema psicológico" (entre otras burradas que dice en esa nota). Después, cuando se le enojaron, contestó que "me malinterpretaron". Así es el Padre Ignacio, o Padre Panqueque, como le dicen ahora.

Resulta que en ocasión de la Navidad pasada, Peries -que siempre tiene su lugarcito reservado en Canal Tres de Rosario- hizo un programa especial de Navidad dedicado al menos en parte a las "Familias de la diversidad". Esto, previsiblemente, trajo un poco de cola,especialmente si recordamos lo que decía Jorge Mario antes de ser el papa más progre y humilde de la historia (y lo que sigue diciendo hoy, a pesar del maquillaje mediático).

Desde el blog apologético InfoCatólica se asegura que en condiciones normales (esto es, según el autor, si Peries no fuera amigo de Mons. Mollaghan), "ya habría sido suspendido". De paso, también se le critican sus fallidas "predicciones" y sus nada ortodoxas "sanaciones" (es interesante que se acuerden recién ahora; estas actividades van completamente en contra del canon religioso).

Lo mismo leemos en Página Católica y Argentinos en alerta, que hasta se dedicó a juntar firmas para que los Mons. Arancedo, Tschering y Mollaghan (a quien Jorge Mario destituyó hace pocos días), "Iluminen sobre el Padre Ignacio":
"Estimado Mons. Arancedo
C/copia a Mons. Emil Paul Tschering y Mons. José Luis Mollaghan
He tenido conocimiento de las entrevistas que el ‘Padre Ignacio’ realizó el pasado día de Navidad a varias parejas homosexuales en Canal 3. En ellas el sacerdote católico defendía el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parejas homosexuales.
Como se imaginará, estas declaraciones han generado una enorme confusión y desazón entre quienes defendemos el matrimonio como la unión estable y fiel entre hombre y mujer abierta a la vida. Solicitamos que iluminen sobre este lamentable hecho."
Tan terrible hecho fue también denunciado por la inefable aciprensa, portavoz habitual de la ignorancia homofóbica. Por su parte, el Arzobispado de Rosario emitió un comunicado desautorizando a Peries y asegurando que "sus comentarios y consideraciones se apartan de la enseñanza de la Iglesia", entre otras muchas burradas a las que la buena Iglesia ya nos tiene acostumbrados.
 
Ante tamaña presión, el pobre Ignacio no tuvo más remedio que volver a retractarse, cosa que parece no costarle mucho. Un hombre de principios, como se suele decir.

jueves, 1 de agosto de 2013

El mismo homofóbico con piel de progresista

Durante su estadía en Brasil, y que fuera pagada por todos los brasileños, los medios, y especialmente los de Argentina, se ocuparon de multiplicar cada una de las palabras de Francisco I (el artista anteriormente conocido como Jorge Mario Bergoglio). Una de las frases que más repercusiones tuvo surgió en una rueda de prensa en su vati-avión, durante el viaje de regreso: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, se supone que dijo al responder a una pregunta referida al lobby gay en el Vaticano. Pero en realidad la frase fue recortada en la mayoría de las versiones gráficas. Las preguntas y respuestas completas pueden encontrarse en la página de aciprensa (para que no digan que está sacado de alguna web atea), Frankie respondió:

Francisco I
“[…] Luego usted hablaba del lobby gay. Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella esto. Dice que no se deben marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. [..]”
En primer lugar, parece como si hacer lobby fuera algo malísimo. Esto no es necesariamente así. En los países democráticos forma parte del “juego” de la política y Jorge Mario lo sabe muy bien. Dice que ningún lobby es bueno, pero en cada país en el que se encuentra representada, la Iglesia Católica prácticamente vive del lobby. El ahora Vicario de Cristo en la tierra, sin ir más lejos, hizo lobby (y mucho) contra el matrimonio homosexual. Y lo sigue haciendo hoy.

Jorge dice que él no es quién para criticar a una persona gay, pero en la frase completa vemos que aclara que esto es si -y sólo si, podemos suponer- esta persona, primero, busca al Señor y, segundo, tiene buena voluntad. ¿Significa que sí la criticará si no es católica, si es de otra fe o atea? Parecería que ser católico es requisito para que alguien pueda ser gay. Por otro lado, cuando uno dice “una persona de buena voluntad” suele referirse a alguien que es una buena persona (algo que primero habría que definir bien). Así que parece que ser buena persona es también un requisito para que Jorge te deje ser gay sin criticarte. Si hay quienes creen que los gays son malas personas, es gracias a frases como estas, proferidas por homofóbicos como este.

Traducido al castellano, sería algo así: si sos de mi misma religión y me parecés un buen tipo, podés ser gay y no te voy a criticar, aunque te voy a seguir tratando con la misma condescendencia que a alguien que padezca alguna enfermedad o algún tipo de impedimento. Y vamos ahacer lo posible para que te cures.

¿Y qué es entonces lo que dice el catecismo católico sobre los homosexuales? Que son unos desviados y que deben reprimirse sexualmente y rezar y rezar y rezar y rezar hasta que dejen de serlo. Ajá. Un psicólogo por allá, por favor. O, mejor, muchos.

No, Bergoglio no es progresista. No vino a cambiar nada, sólo a darle un poco de mejor imagen a la Iglesia, al menos a los ojos de la prensa crédula, ávida de titulares. Él, su religión y buena parte de su rebaño siguen siendo los mismos homofóbicos que hace dos mil años.

martes, 25 de junio de 2013

Gente que se mete en la cama de los demás (sin su permiso)

El principal origen de la aversión (no es en realidad una fobia, pero así se le llama) que sienten las personas homofóbicas (el otro es, obviamente, la doctrina de las religiones) es que -conscientemente o no- se "meten en la cama" de las parejas homosexuales. Es decir, se dedican a imaginarlos teniendo relaciones y, lógicamente, esa imagen les desagrada. Esto me lleva a preguntarme si esas personas van por la vida imaginando el sexo de todos los demás, de cada pareja que conocen o se les cruza por delante, juzgando si les gusta o les "calienta" o si merece su aprobación. Después, claro, vienen las excusas inventadas, algunas por ellos mismos y otras por esa enorme maquinaria de generación de propaganda antigay que son las iglesias católica y evangelista: que es antinatural, que es inmoral, que es incorrecto, que va en contra de los designios del Señor, que la Biblia está en contra, que la anatomía humana no fue "diseñada" para eso, etc. Pero el verdadero origen es simplemente que no les gusta. Y no entienden es que eso no tiene la menor importancia. A nadie tiene porqué importarle lo que a ellos les guste o no (algunos sí se dan cuenta de esto, y eso los enfurece aún más).

Que a una persona heterosexual le resulte desagradable el sexo homosexual es lógico y no tiene nada de raro ni de malo. Pero los homofóbicos van más allá y la sola existencia de dichas relaciones y de las personas homosexuales, les repugna, les asquea. También los llena de indignación cuando las sociedades o sus instituciones reconocen a esas personas sus legítimos derechos, como el matrimonio o la posibilidad de adoptar hijos. Si pudieran, los mandarían a vivir a todos encerrados en algún guetto o isla o detrás de una cerca electrificada. Si pudieran, los obligarían a someterse a todo tipo de pseudo tratamientos para curarles sus "desviaciones". ¿Qué otra cosa harían, si pudieran? ¿Los esperarían a la salida de la escuela o de un boliche para enseñarles a ser "normales" a fuerza de golpes, violarían a los gays "a ver si les gusta" y a las lesbianas para enseñarles "cómo debe actuar una mujer"? ¿Los golpearían hasta matarlos? Sí, muchos de ellos lo harían, y muchos ya lo hicieron.

Es que además del desagrado que les causan las relaciones homosexuales, los homofóbicos sienten un miedo totalmente irracional a que se trate de algo contagioso que pueda "homosexualizarlos", o a que los homosexuales los agarren y los violen. Esa combinación de repugnancia y miedo irracional los lleva a negarles a personas de carne y hueso que no pueden contagiarlos de su homosexualidad ni tienen la menor intención de violarlos, sus derechos más básicos, como la salud, el trabajo, el matrimonio o la posibilidad de adoptar hijos (y algunos también les negarían la libertad o incluso la vida). Personas que no les dieron permiso, en primer lugar, para meterse en la cama con ellos.