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domingo, 3 de marzo de 2013

Otra birome "espacial"

Ya que estamos con la astronáutica y la escritura, esta es otra birome (mucho menos sofisticada que la Fisher) que se vende como suvenir en el Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano; la "birome cohete".
Sí, me encantan estos chiches.

martes, 26 de febrero de 2013

Escribiendo en el espacio

Existe el mito de que EEUU gastaba millones de dólares en desarrollar biromes que escribieran en el espacio, mientras que los astronautas rusos usaban lápices comunes. Según una página de la NASA, en esto hay un poquito de verdad y el resto son exageraciones. 

Para empezar, las biromes comunes no pueden escribir sin gravedad y la tinta se congela muy fácilmente con bajas temperaturas y se torna muy líquida si hace mucho calor. Por eso, los primeros astronautas (tanto rusos como norteamericanos) llevaban lápices comunes, de madera y grafito. Éstos tenían el problema de que eran combustibles y generaban polvo de grafito, que puede conducir la electricidad. También probaron los lápices de cera, pero la escritura no dura tanto como la tinta. En las misiones Géminis se llevaron lápices automáticos hechos a medida para poder usarlos con los guantes, pero resultaban más difíciles de manipular, no se evitaba el problema del grafito y ya resultaban bastante costosos para la época (¡casi 130 dólares cada uno!). Así que sí, la NASA invesigaba la posibilidad de crear una birome espe(a)cial, que no necesitara gravedad y que soportara las condiciones del espacio. Pero por suerte, un inventor hasta entonces desconocido estaba a punto de darles la solución prácticamente gratis. 

Paul C. Fisher inventó una birome que cumplía con todos los requisitos para las misiones espaciales usando una tinta tixotrópica, que es viscosa en condiciones de reposo y se torna líquida al ser agitada. La birome consiste en un cartucho sellado que contiene gas presurizado y un flotador deslizante que lo separa de la tinta. Esta birome puede escribir con o sin gravedad, en casi cualquier superficie, incluso superficies grasosas o bajo el agua, en un rago de temperaturas que va de los -34 a los 143 ºC.

Lo gracioso es que, como ya había habido tanta controversia por los lápices de más de 100 dólares, los directivos de la NASA no estaba convencidos, así que Fisher les vendió sus biromes a sólo U$S 6 cada una. Una ganga. Hoy estas biromes se venden en todo el mundo y existen muchos modelos, que van de los 10 a los 200 dólares. La que yo me compré es la de U$S 10 ;)

[Actualización: me había olvidado de poner este esquemita del funcionamiento de la birome Fisher.]

viernes, 19 de octubre de 2012

El salto de Baumgartner y su malísima versión hollywoodense

Felix Baumgartner a punto de saltar desde la estratósfera
El 14 de octubre de este año, el paracaidista Felix Baumgartner completó con éxito su salto más importante: saltó a tierra desde un globo de helio que lo llevó a 39.045 metros de altura. Sí, eso ya es la estratósfera, y era lo último que le quedaba por hacer, después de haber saltado de edificios, aviones, puentes, e incluso hacia el interior de cuevas. Entre otros récords, fue el primero en cruzar el Canal de la Mancha planeando en caída libre. Antes de este salto, y como parte del Proyecto Stratos, Felix hizo otros dos saltos de prueba, desde 21,818 y 29,460 m respectivamente. La velocidad de caída alcanzada fue de 1.342 km/h, o Mach 1,24, lo que lo transformó en el primer humano en superar la barrera del sonido sin usar un vehículo.





Esta es una animación que muestra cómo fue el ascenso del globo, llevando a Felix dentro de una cápsula hasta la altura del salto, y una simulación del mismo. Se ve también cómo el globo se hincha al ir asendiendo. Esto es porque, como a mayor altura hay menos presión, el helio que contiene va ocupando cada vez más espacio.

La cápsula llevó varias cámaras para documentar el momento del salto. Este video es un resumen, en el que se eliminaron los minutos de caída libre filmada desde tierra. Se puede ver a Felix salir por la escotilla, soltar su suministro de oxígeno, pararse en el escalón, mostrar el OK a la cámara superior y dar el salto al vacío. Podemos ver los primeros segundos de caída libre desde la perspectiva del globo y luego el aterrizaje en paracaídas.


A principios de este año, se estrenó la película Lockout, una mala mezcla de Fuga de Nueva York y Duro de Matar, donde el protagonista, como siempre condenado injustamente, es enviado a una prisión de máxima seguridad ubicada en el espacio. Hacia el final de la misma, podemos ver una versión hollywoodense del salto de Baumgartner, pero desde una estación espacial, es decir, una altura mucho mayor que la estratósfera (la ISS se mantiene a una altura de entre 300 y 400 km, contra los 39 de la Stratos). Como suele pasar, el cine nos decepciona. Primero, algo muy común en las películas que se desarrollan en el espacio, dentro de la estación espacial había gravedad. El recurso habitual suele ser mostrar que la estructura gira, generando una fuerza centrífuga que dé la ilusión de gravedad y "pegue" a los astronautas a las paredes, que para ellos pasan a ser el suelo. Pero ese no parece ser el caso, ya que, al momento del salto, los protagonistas corren con el suelo en sentido paralelo al eje de rotación de la estación. Segundo, si bien en los primeros minutos de la película veíamos astronautas flotando fuera de la estación, presumiblemente haciendo reparaciones, parece que después los guionistas se olvidaron de que los objetos flotan en el espacio, porque los protagonistas se arrojan desde una puerta y caen rápidamente hacia la Tierra, en lugar de salir flotando. Luego, como no pueden faltar las explosiones a último momento, una bomba (o algo parecido) hace volar la estación y los fragmentos dejan inconsciente a la chica. Esto deja al héroe con la tarea de agarrarla antes del reingreso a la atmósfera terrestre, para lo cual hace skydive en el espacio, algo imposible porque no hay aire. Después, activa el mecanismo que los libera de los trajes espaciales, trajes supuestamente aptos para soportar las temperaturas de reentrada, de más de 1.500 ºC, que hoy sólo toleran las placas de cerámica de los escudos térmicos que llevan los transbordadores y las cápsulas espaciales. Entonces, se engancha a la chica y abre su propio paracaídas, que por suerte tenía y que, también por suerte, era apto para el peso de dos personas.


En fin, la realidad sigue siendo mejor que la ficción.

martes, 4 de septiembre de 2012

Caminando en la Luna

A pocos días de la muerte de Neil Armstrong, hagamos un repaso sobre los hombres que, mal que les pese a esos conspiranoicos, llegaron a pisar nuestro único satélite natural.

El programa Apolo fue la respuesta de la NASA al discurso del Presidente Kennedy de 1961, en el cual prometía poner un hombre en la Luna antes de que terminase la década. El objetivo fue alcanzado por un margen de menos de seis meses y Estados Unidos venció a la Unión Soviética en la carrera espacial, aunque Kennedy no llegó a verlo porque fue asesinado en noviembre del '63. Las distintas misiones Apolo fueron desarrollados para ir cumpliendo objetivos parciales y superando etapas hasta estar seguros (o lo más seguros que fuera posible) de que todo estaba listo para intentar ir a la Luna. Al mismo tiempo que se desarrollaba el programa Apolo, el programa Surveyor dejó exitosamente cinco sondas robóticas en la Luna (en realidad fueron siete, pero dos se estrellaron), demostrando que un aterrizaje suave en el satélite era posible.

Después de varios ensayos, el cohete elegido fue el Saturno V. Estos cohetes constaban de tres partes, o etapas, que se desprendían a medida que se usaban. La nave que llevaría a los astronautas estaba formada, a su vez, por tres módulos:

  • el módulo de comando (CM), que tenía una cabina para los tres astronautas y era el único que regresaba a la Tierra;
  • el módulo de servicio (SM), que proveía propulsión, electricidad, oxígeno y agua (estos dos, acoplados, formaban el módulo de comando/servicio o CSM);
  • el módulo lunar (LM), que era el que aterrizaba en la Luna, y también tenía dos etapas: la parte de abajo -o etapa de descenso- proveía al módulo lunar la propulsión para maniobrar y amortiguar el impacto; la parte superior -o etapa de ascenso- se elevaba para reencontrarse con el CSM, dejando a la de descenso abandonada en la Luna.
El plan contemplaba que cada misión tripulada llevara tres hombres, de los cuales uno permanecería en el módulo de comando/servicio (CSM) mientras los otros dos usaban el módulo lunar (LM) para aterrizar en la Luna y regresar al CSM.

Las primeras misiones no tenían tripulación, excepto el Apolo I:
 
Misión
Objetivo
Apolo 1
Testear el módulo de comando en órbita terrestre (nunca despegó, se incendió durante un ensayo en tierra y los tres tripulantes murieron).
Apolo 2
Testear el cohete, los módulos y los sistemas (no tripulada).
Apolo 3
Testear el cohete y los sistemas (no tripulada).
Apolo 4
Testear el cohete Saturno V con todas sus etapas y los módulos (no tripulada).
Apolo 5
Testear por primera vez el módulo lunar Apolo (no tripulada).
Apolo 6
Demostrar la capacidad del Saturno V y testear el escudo del módulo de comando durante el reingreso a la Tierra (no tripulada).

Después, comenzaron las misiones tripuladas:
Misión
Objetivo
Apolo 7
Orbitar la Tierra 11 días para probar algunos de los sistemas. Primera misión Apolo tripulada y primera misión espacial con tres tripulantes.
Apolo 8
Primera misión tripulada en salirse de la órbita terrestre, alcanzar la Luna, orbitarla y regresar a la Tierra.
Apolo 9
Testear por primera vez los tres módulos juntos -comando, servicio y lunar- y sus sistemas en órbita terrestre. Primer acoplamiento tripulado de los dos vehículos.
Apolo 10
Testear todos los módulos y sistemas necesarios para aterrizar en la Luna. Segunda misión tripulada en orbitar la Luna

Llegó entonces el turno del Apolo 11, cuyo objetivo era llegar a la Luna, aterrizar con éxito y regresar a salvo a la Tierra. La misión fue exitosa y Neil Armstrong y Buzz Aldrin fueron los primeros humanos en pisar suelo no terrestre. En total, permanecieron en la Luna poco más de 20 horas, de las cuales pasaron unas 2 horas y media caminando por su superficie, tomando fotografías, recolectando muestras de rocas y montando un sismógrafo (que falló después de 21 días) y un retroreflector, mientras Michael Collins permanecía en órbita. Al Apolo 11 le siguieron seis misiones más:

Misión
Objetivo
Apolo 12
Aterrizar cerca del Surveyor 3 para extraer algunas de sus piezas y traerlas a la Tierra para analizarlas. La idea también era tomar imágenes a color, pero la cámara se quemó por accidente. Se trajeron más rocas y muestras de suelo y se dejó el segundo paquete de experimentos: un magnetómetro, un sismógrafo pasivo, un espectrómetro de viento solar, un detector de iones y un medidor de presión de la atmósfera lunar.
Apolo 13
El aterrizaje en la Luna fue abortado por una explosión en los tanques de oxígeno. La tripulación regresó a salvo a la Tierra.
Apolo 14
Los astronautas lograron usar una cámara de TV a color por primera vez, colocaron varios experimentos (que ahora trasladaron en un carrito), e incluso jugaron al golf. El paquete de experimentos constaba de un sismógrafo pasivo y otro activo -con cargas explosivas para determinar la estructura del suelo lunar a gran profundidad-, un medidor de flujo de iones, otro retroreflector, otro detector de iones y otro medidor de presión de la atmósfera lunar.
Apolo 15
Por primera vez se llevó un vehículo a la Luna: el Lunar Rover Vehicle (LRV). Esto permitió a los astronautas alejarse más que nunca del módulo lunar y explorar una superficie mucho mayor. En el nuevo sitio también se colocaron un medidor de flujo de calor superficial, un retroreflector, un magnetómetro, un sismógrafo pasivo, un espectrómetro de viento solar, un detector de iones y un medidor de presión de la atmósfera lunar. Mientras tanto, el módulo de comando llevaba una serie de instrumentos para analizar la superficie lunar desde lo alto: varias cámaras, distintos espectrómetros e incluso un pequeño satélite que permanecería en órbita lunar.
Apolo 16
Se llevó el segundo LRV, se lanzó un segundo subsatélite, se colocó un sismógrafo pasivo y otro activo, un medidor de flujo de calor y un magnetómetro.
Apolo 17
Tercera misión que llevó un LRV. Se realizaron experimentos para determinar la estructura del suelo y hacer un perfil del mismo hasta una profundidad de varios kilómetros usando un gravímetro y varias cargas detonadas en distintos lugares. Al mismo tiempo se midió la gravedad de la Luna en todos esos puntos. Otros experimentos sirvieron para determinar la composición de su atmósfera, detectar partículas de meteoritos y micrometeoritos y también se usó el ya habitual medidor de flujos de temperatura. Lanzada en diciembre de 1972, fue la última misión tripulada a la Luna.

Así que, de las 17 misiones Apolo, sólo seis se posaron en la Luna. De un total de 32 astronautas que participaron en el programa -sin contar las tripulaciones de repuesto-, 24 dejaron la órbita terrestre y volaron alrededor de la Luna. De ese grupo, nada más que 12 tuvieron la suerte de caminar sobre su superficie. Y los últimos seis incluso dieron vueltas por ahí en un autito. En orden, ellos fueron:

Imagen de la Luna tomada por el Apolo 11.
1º
Neil Armstrong (1930-2012)
Apolo 11
2º
Buzz Aldrin (1930)
3º
Pete Conrad (1930-1999)
Apolo 12
4º
Alan Bean (1932)
5º
Alan Shepard (1923-1998)
Apolo 14
6º
Edgar Mitchell (1930)
7º
David Scott (1932)
Apolo 15
8º
James Irwin (1930-1991)
9º
John W. Young (1930)
Apolo 16
10º
Charles Duke (1935)
11º
Eugene Cernan (1934)
Apolo 17
12º
Harrison Schmitt (1935)